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REVISTA74-PRINCIPAL

ENSXXI Nº 75
SEPTIEMBRE - OCTUBRE 2017

Por: ALFONSO ÁLVAREZ MORA
Doctor Arquitecto. Profesor Emérito Universidad de Valladolid. Fundador del Instituto Universitario de Urbanística


URBANISMO

Transcurría el año 1983 cuando, una tarde que me encontraba en la downtown de Boston, observé un fenómeno que me llamó profundamente la atención. Serían, aproximadamente, las seis de la tarde, hora de cierre, por entonces, de los establecimientos comerciales y oficinas, cuando advertí cómo las paradas de los autobuses estaban repletas de gentes, y la entrada al Metropolitano más cercano mostraba el tumulto propio de una “hora punta”. El Centro de Boston se iba despoblando de sus consumidores, convirtiéndose, en apenas unos minutos, en un lugar solitario. Al mismo tiempo que esto sucedía, y como si de un acto de impaciente espera se tratase, comenzó a poblarse de un ejército de indigentes salidos de no se sabe dónde. Entonces, comprendí que un lugar como aquél, a pesar de ser, o de haber sido, el referente histórico de la ciudad de Boston, su “espacio tradicional” por excelencia, apenas estaba ocupado por una población, hipotéticamente, residente. Sin embargo, la citada downtown ya estaba dotada, eso sí, de un “sistema de calles peatonales”, lo que me hizo pensar que dicho “sistema” estaba, prioritariamente, al servicio de la actividad comercial que allí se desarrollaba, no tanto a disposición de una población que, visto lo visto, allí no residía.
Desde hacía ya unos cuantos años, concretamente, desde finales de la década de los cincuenta, el Centro de Boston comenzó a ser sometido a un violento proceso de transformación urbanística que consistió en aniquilar su condición de “espacio social habitado” para convertirlo en un “espacio terciario”. Las oficinas y comercios, en una palabra, se impusieron a las residencias, sobre todo, a aquellas que se identificaban con los sectores sociales más populares y necesitados. El Centro, por tanto, reducía su diversidad, prescindiendo de todo aquello que hiciese posible la “reproducción social”, como viviendas populares, servicios y dotaciones a ellas vinculados, para ejercer, una vez materializada dicha transformación, como “espacio de renta”, es decir, lugar donde, y desde el cual, encauzar las inversiones del capital en su vertiente comercial-inmobiliaria. Cambio sólo posible llevando a cabo acciones concretas encaminadas a expulsar, por desposesión, el contingente humano allí presente. Estamos hablando de la aniquilación de un “espacio social”, lo que lleva implícito, a su vez, la pérdida de la diversidad a él asociada. La llamada “peatonalización” de los centros urbanos no es ajena a esta pérdida de diversidad.

"La calle ha perdido su complejidad originaria, la mezcla de usos, su diversidad social, su variedad residencial"

La práctica de la peatonalización suele estar vinculada, y así comenzó su difusión y puesta en vigor, al proyecto de los primeros Centros Comerciales que comenzaron a proliferar, sobre todo, por Estados Unidos. La influencia, en este sentido, del arquitecto Víctor Gruen, fue fundamental. “Los espacios peatonales en un centro comercial, nos dice, para alcanzar todo su potencial, no deben ser estrechos pasillos entre filas de tiendas, sino que deben configurar un entorno esencialmente urbano. Deben crear oportunidades para múltiples actividades, deben ser bulliciosos y coloridos, excitantes y estimulantes, llenos de variedad y de interés. Además de hacer agradable el paseo, deben proporcionar espacios de descanso y relajación. Deben rodear al comprador con experiencias placenteras, en las que todos los sentidos estén implicados. Árboles y flores, música, fuentes, escultura y murales, y la arquitectura de las estructuras exentas son parte vital de la composición de conjunto” . Los espacios comerciales periféricos, por tanto, necesitan apoyarse en una estructura peatonal como recurso para activar su nueva función como lugares de intercambio. La “suburbanización” del comercio exige trasladar, desde la ciudad tradicional a la periferia, parte de la identidad de los centros urbanos, como su condición de “espacio de recorrido”, al mismo tiempo que se fuerza su descomposición como “espacios sociales”. Se está procediendo a crear cierta “sociabilidad periférica”, sin la cual no sobrevivirían los nuevos Centros Comerciales, con la mirada puesta en las experiencias vividas en la Ciudad Tradicional, depurando un comercio popular y complejo, allí presente, identificado, históricamente, con esta última, en favor de su nueva exclusividad periférica. Los Centros Comerciales periféricos, en una palabra, se fomentan, y constituyen una realidad, en la medida en que se impulsa la degradación de la Ciudad Tradicional central, atacando su complejidad y diversidad.

"La cuestión es recuperar para los centros urbanos la complejidad perdida"

Pero, a pesar de esta pérdida de complejidad, la Ciudad Tradicional resiste, no dejando de ser, en ningún momento, motivo de inspiración para la creación de nuevos ámbitos urbanos, también, para su propia “regeneración y puesta en valor”. La degradación de las ciudades americanas, tal y como fue observado por Jane Jacobs, se argumentaba por el hecho de que estaban perdiendo complejidad, “...ante lo cual es preferible el desorden de los espacios tradicionales, de los barrios viejos, porque este desorden funcional es garantía de seguridad, desorden que sucumbe frente al orden de los nuevos complejos residenciales en torno a recintos cerrados, más inseguros” . Jacobs aboga por la recuperación de la complejidad perdida, lo que implica apostar por la mezcla y la diversidad.
La peatonalización, en este sentido, no constituye la clave para entender los Espacios Tradicionales, ya que dicha categoría, por sí sola, no garantiza la complejidad. Los Centros Comerciales, por su parte, no son estructuras complejas, a pesar del hecho que estén supeditados a insistentes recorridos peatonales. Dichos recorridos, al final, conforman un ámbito cargado de simplicidad, donde no es posible el ejercicio de la libertad, como sí lo es, todavía, en la Ciudad Tradicional. A nadie se le ocurriría, en este sentido, ejercer una actividad política en estos lugares comerciales, como si estuviésemos en el centro de una ciudad. La peatonalización, en estos casos, no es una categoría pública, sino un sucedáneo extraído de una entidad compleja, la calle tradicional, que no garantiza, por sí sola, el uso público de los ambientes urbanos.
Del mismo modo que la peatonalización simplifica las áreas comerciales suburbanas, contribuyendo, desde el proyecto, a su condición de ámbitos desposeídos de complejidad, así se manifiesta cuando dicha peatonalización revierte, de nuevo, en los centros urbanos con el objetivo de regenerarlos y ponerlos en valor.
Si la idea de peatonalizar los centros de las ciudades se ha convertido, prácticamente, en un asunto incuestionable, este hecho no obedece tanto al deseo de hacerlos más habitables como a la voluntad de reconvertirlos en espacios comerciarles, y ello, una vez que la “suburbanización del comercio” ha agotado sus compromisos de clase, sobre todo, los que hacen referencia al comercio exclusivo y de lujo. La Ciudad Tradicional se reconquista como espacio comercial elitista y como lugar residencial exclusivo, recreándose la peatonalización como una exigencia medioambiental que evite, sobre todo, complejidades, también, conflictos.

"La calle no ha dejado de ser peatonal, ¿o, no seguimos circulando por ella, paseando, consumiendo sus recorridos?"

Se suele olvidar el hecho que la calle ha sido siempre peatonal. ¿Por qué, entonces, su insistencia en que lo sea? El problema no es que sea, o no, peatonal, que siempre lo ha sido, sino que ha perdido su complejidad originaria, la mezcla de usos, su diversidad social, su variedad residencial. Apelar a la peatonalización, por tanto, no es la cuestión a tener en cuenta, sino recuperar, para los centros urbanos, la complejidad perdida. Poner la peatonalización en un primer plano, sin implicarla con otras categorías socio-espaciales, es entender la ciudad como contenedora de “flujos de tráfico”, no como un “sistema de movilidad”. Circular no es lo mismo que moverse. La peatonalización debe contemplarse en el marco de un Plan en el que estén comprometidas todas las componentes urbanas posibles. Si la ciudad la entendemos sólo como el asiento de flujos de tráfico la estamos condenando a comportarse como un “espacio de renta”, como “producto”, expresión de un “valor de cambio”, no como obra colectiva poseedora de “valores de uso”.
Apostar por la peatonalización, por tanto, parece más una medida para introducir en la calle algo que le ha sido ajeno hasta el momento, que un procedimiento para reivindicarla como “espacio ciudadano”, porque, insistimos, la calle no ha dejado de ser peatonal, ¿o, no seguimos circulando por ella, paseando, consumiendo sus recorridos? Esa peatonalización que se reclama, si se presenta como opción prioritaria, sin atender a otras categorías urbanas que la asistan, se convierte en el arma más poderosa contra la “vida urbana”, porque contribuye a simplificarla, reduciéndola a mínimos insostenibles, desde el momento en que elimina capacidades insustituibles como el encuentro y la convocatoria ciudadana, sólo posibles en unos centros urbanos habitados y servidos. Cuando Morton y Lucía White hablaban de New York, decían que “...la Nueva York más nueva era aburrida precisamente en la medida que habían disminuido sus contrastes sociales; la ciudad era más aburrida porque era menos diferenciada. La gloria de la ciudad es su variedad” .

1 Gruen, V. y Smith, L., Shopping Towns USA, Nueva York, 1960.
2 Jacobs, Jane, The Death and Life ogf Great American Cities, 1961.
3 White, Morton y Lucía, El intelectual contra la ciudad, Buenos Aires, 1967.

Palabras clave: Centros urbanos, Peatonalización.
Keywords: Urban centres, Pedestrianisation.

Resumen

Si la peatonalización de los centros urbanos se presenta como opción prioritaria, sin atender a otras categorías urbanas que la asistan, se convierte en el arma más poderosa contra la “vida urbana”, eliminando capacidades insustituibles como el encuentro y la convocatoria ciudadana, sólo posibles en centros urbanos habitados y servidos.

Abstract

If the pedestrianisation of urban centers is presented as a priority option, without dealing with other related urban issues, it becomes the most powerful weapon against "urban life", eliminating irreplaceable benefits such as meetings and citizens' groups, only possible in urban centres inhabited and served.