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Por: AURORA GONZÁLEZ
Portavoz de la Asociación por la Gestación Subrogada en España

 

GESTACIÓN SUBROGADA

El deseo de ser padre y madre es un deseo absolutamente legítimo. Un deseo que hemos sentido muchísimas personas a lo largo de la historia. Un deseo que la mayoría hemos podido convertir en realidad sin ninguna dificultad. Un deseo que, en tiempos de la revolución feminista que defiende el derecho de las mujeres a decidir si queremos ser madres o si no queremos serlo, en tiempos de testimonios tan reveladores y valientes como los recogidos en Madres Arrepentidas, de Orna Donath, y Madre hay más que una, de Samanta Villar, es cuestionado desde un sector de la población que señala con su dedo acusador a quienes optan por esta vía para formar sus familias calificándolas con adjetivos peyorativos de lo más variopinto por no optar por la adopción o por no renunciar a su, insisto, legitimo deseo de formar su familia, obviando que la adopción es un mecanismo de protección de la infancia, con las particularidades y necesidades que eso conlleva, y no una forma de acceder a la paternidad o a la maternidad y que, en todo caso, la responsabilidad de proveer a esos niños y niñas con una familia es de toda la sociedad y no solo de quienes no tienen capacidad de gestar1. La infertilidad es un problema de salud2 que causa una inmensa infelicidad, a veces incluso incapacitante, en quienes, queriendo ser padres y madres, la padecen y, dentro de las posibilidades de la técnica y las leyes, el derecho a la salud es un derecho fundamental en nuestra sociedad. La mayor parte de las técnicas de reproducción asistida posibles hoy en día, las que dieron a las mujeres que no podían concebir sin ayuda la posibilidad de ser madres, las que dieron a las parejas de lesbianas la posibilidad de ser madres a pesar de no disponer de forma natural del imprescindible gameto masculino, esas técnicas de reproducción asistida, decía, están reguladas en nuestro país desde el año 1988, y se regularon precisamente para dar respuesta a los problemas de infertilidad de la ciudadanía española. Desde entonces hasta hoy, para muchas personas, han convertido el deseo de ser padres y madres en un deseo protegido incluso por el Estado. Tanto es así que las técnicas de reproducción asistida forman parte de la asistencia sanitaria cubierta por nuestra seguridad social. Tanto es así que hace bien poco considerábamos discriminadas a las parejas de lesbianas y a las mujeres sin pareja y reclamábamos su derecho a acceder a los tratamientos de fertilidad dentro del sistema público de salud.

"El aspecto central del debate: la voluntad de una mujer que, para el caso de la gestación subrogada, pueda desear ceder su capacidad de gestar a quien la necesita"

Cierto es que, a pesar de nuestra ley de técnicas de reproducción humana asistida, que ha servido de modelo para los países de nuestro entorno, cuando es necesaria la participación de terceras personas ajenas a la familia y a los profesionales médicos podemos encontrarnos con un obstáculo insalvable: por más que alguien desee ser padre o madre y por más que tenga derecho a acceder a la medicina reproductiva en la sanidad pública o privada, nadie puede garantizarle que habrá óvulos o esperma donados disponibles, como nadie podrá garantizar nunca que vaya a haber una mujer dispuesta a gestar a su descendencia, puesto que esto depende únicamente de la voluntad de esa tercera persona que esté en posición de donar sus gametos o su capacidad de gestar.
Y aquí entramos, creo yo, en el aspecto central del debate: la voluntad de una mujer que, para el caso de la gestación subrogada, pueda desear ceder su capacidad de gestar a quien la necesita. Hay quien afirma con rotundidad que tal voluntad estará siempre viciada, al entender que la historia nos ha cargado a las mujeres con el sempiterno yugo del heteropatriarcado y que es la desigualdad estructural y la feminización de la pobreza la que rige nuestros actos. Es, paradójicamente, la vieja fórmula del heteropatriarcado más rancio: desautorizar a las mujeres para imponernos la voluntad de otras personas, esta vez afirmando que la mayoría de las mortales, pobres de nosotras, no somos capaces de discernir entre lo que realmente desearíamos hacer de ser verdaderamente libres y lo que el patriarcado instaurado en nuestra memoria o, en su caso, la desigualdad estructural nos impone; es decir que, como se nos quiere condescendientes, cualquier muestra de generosidad, solidaridad y empatía con otras personas, especialmente si son del sexo opuesto, es susceptible de ser cuestionada y despreciada, más aún si viene de una mujer que no sea inmensamente rica porque, según parece, cuanto más rica más libre de sospecha… En fin, que mientras todas coincidimos en querernos autónomas y empoderadas hay quien pretende robarnos la autonomía conquistada y así, excusándose en que nos libran de un yugo, nos cargan con otro si cabe más pesado.

"En varios Estados de Estados Unidos y también en Canadá y en Reino Unido, el proceso está supervisado por un juez que se encarga de velar porque los derechos de estas mujeres sean respetados escrupulosamente"

Desde mi humilde punto de vista, aún alcanzando a entender sus buenas intenciones, se excede en sus competencias quien apuesta por prohibir en lugar de por tratar de garantizar que cada mujer decida de forma libre, consciente, voluntaria e informada sobre todos los aspectos de su vida, y particularmente sobre su cuerpo. Porque prohibir3 implica exactamente el mismo nivel de imposición que obligar, y las mujeres ya estamos hartas de imposiciones. Más aún porque somos perfectamente sabedoras de que cuando alguien impone su postura está generando, consciente o inconscientemente, nuevas diferencias de clase, y las diferencias de clase no deberían tener cabida dentro de un movimiento cuya razón de ser es, nada más y nada menos, que la lucha por la igualdad.
Es verdad que existen países en donde no solo la regulación de la gestación subrogada es deficiente sino que las mujeres no tienen, ni de lejos, el reconocimiento y los derechos que hemos alcanzado las mujeres de la mayoría de las sociedades occidentales y que esta combinación de factores ha hecho que en esos países se hayan dado casos, que no todos, en los que las mujeres han sido coaccionadas, bien por su propia necesidad económica bien por otras personas, para gestar para otros. Sin embargo, existen otros muchos países más próximos al nuestro, sea o no geográficamente sí a nivel social, económico y político, en los que llevan más de treinta años haciendo gestación subrogada con absolutas garantías para las personas que intervienen en estos procesos y muy especialmente para las gestantes. Tanto es así que, por ejemplo en varios Estados de Estados Unidos y también en Canadá y en Reino Unido, el proceso está supervisado por un juez que se encarga de velar porque los derechos de estas mujeres sean respetados escrupulosamente.

"Un año después de haber dado a luz a los hijos e hijas de las familias de intención no solo no refieren ningún problema psicológico sino que manifiestan sentirse felices y haber aumentado su autoestima"

La experiencia de estos últimos países nos demuestra que las mujeres que deciden gestar para otros (algunas incluso en más de una ocasión) lo hacen por motivos solidarios y se sienten orgullosas de haberlo hecho. Un año después de haber dado a luz a los hijos e hijas de las familias de intención no solo no refieren ningún problema psicológico sino que manifiestan sentirse felices y haber aumentado su autoestima. Así, por ejemplo, el trabajo de Vasanti Jadva, Clare Murray, Emma Lycett, Fiona MacCallum y Susan Golombok Surrogacy, The experiences of surrogate mothers, recoge los siguientes resultados en cuanto a la motivación de las gestantes: en una muestra de treinta y cuatro mujeres del Reino Unido que habían gestado para otros un año antes de la encuesta, la motivación más común, puesta de manifiesto por treinta y una de ellas, fue "ayudar a una familia sin descendencia", cinco refirieron "disfrutar del embarazo" como un motivo para optar por la subrogación, y dos dijeron "autorrealización". Solo una dijo que la contraprestación era un factor para la motivación (cada una de ellas podía elegir más de una opción).

"Si existe riesgo de que mujeres españolas en situación de necesidad económica accedan a ser gestantes por la compensación que pudieran recibir, este puede evitarse exigiendo que las posibles gestantes tengan una situación socio-económica estable"

En cuanto a esta última respuesta, si existe riesgo de que mujeres españolas en situación de necesidad económica accedan a ser gestantes por la compensación que pudieran recibir, este puede evitarse exigiendo que las posibles gestantes tengan una situación socio-económica estable. Además, quienes se ofrezcan para serlo tendrán que pasar los reconocimientos necesarios para acreditar que su salud física y psíquica es óptima para llevar adelante un procedimiento de estas características y que han tomado esa decisión de forma libre, consciente, voluntaria e informada. Durante estos reconocimientos, los profesionales médicos y psicólogos podrán comprobar cuál es la motivación de las gestantes y declarar aptas, únicamente, a aquellas cuya motivación sea el deseo de ayudar a otras personas a formar su familia. Garantizado así un consentimiento verdaderamente libre e informado, nada más queda que otorgar a todo el proceso y a sus protagonistas la mayor de las garantías jurídicas incluida, si se considera necesaria, la tutela judicial.

"Garantizado así un consentimiento verdaderamente libre e informado, nada más queda que otorgar a todo el proceso y a sus protagonistas la mayor de las garantías jurídicas incluida, si se considera necesaria, la tutela judicial"

Como es evidente, la gestación subrogada no es un proceso que se pueda llevar a cabo en la oscuridad. Es necesaria a la par que preceptiva la intervención de distintos profesionales del mundo de la medicina, la psicología y el derecho, durante todo el proceso y al finalizar el mismo, que velarán porque se cumplan todos los requisitos establecidos por la regulación que se dicte. Es, además, imprescindible el apoyo de la familia de la gestante. Al contrario de lo que la parte contraria a la regulación suele argumentar, la mayoría de los procesos de gestación subrogada son absolutamente transparentes. Tanto las personas más cercanas a la gestante como a los padres y madres de intención y, por supuesto, los niños y las niñas que nacen gracias a este procedimiento lo conocen y lo comparten con orgullo. La relación de las familias de intención con la gestante y la familia de ésta se mantiene en el tiempo y la descendencia conoce su origen biológico ya desde sus primeros años de vida. Esta relación mantenida entre las familias permite constatar que las gestantes no experimentan ningún tipo de problema psicológico por la supuesta ruptura del vínculo, argumento alegado como otra de las objeciones a la regulación por sus detractores y que no debiera ser acatado por un feminismo que ha tratado de desacralizar la maternidad durante años alabando, por transgresoras, publicaciones como las mencionadas más arriba (Madres arrepentidas y Madre hay más que una) y grupos como El Club de MalasMadres. Volviendo al supuesto vínculo, y en palabras de Pedro Fuentes (ginecólogo en la sanidad pública, padre por gestación subrogada y Presidente de la Asociación Son Nuestros Hijos) en su trabajo Reproducción Asistida. Gestación Subrogada, cuya lectura se recomienda, “Existen trabajos que cuestionan la ética del proceso y la validez del consentimiento informado o que aducen razones de ruptura de la relación ‘materno-filial’, como la ausencia de piel con piel y el establecimiento del vínculo […] Sin embargo, las encuestas realizadas a gestantes y los estudios longitudinales no apoyan estos argumentos. Teorías como la enunciada y otras discusiones especulativas sobre posibles resultados no proporcionan, no son, una base sólida para alcanzar conclusiones éticas y realizar guías clínicas por lo que tales suposiciones no han sido aceptadas por la comunidad científica”.

"La gestación subrogada no es un proceso que se pueda llevar a cabo en la oscuridad. Es necesaria a la par que preceptiva la intervención de distintos profesionales del mundo de la medicina, la psicología y el derecho, durante todo el proceso y al finalizar el mismo, que velarán porque se cumplan todos los requisitos establecidos por la regulación que se dicte"

Aquí lo dejo ya. La gestación por sustitución es un tema que ha ocupado a día de hoy cientos de páginas en nuestro país y resulta complicado limitarse a un espacio casi siempre escaso para abarcar todo cuanto se puede decir al respecto y, además, yo no quiero dejar pasar la oportunidad de hacer un llamamiento a la serenidad y a la prudencia en un tema tan delicado. En España hay muchas familias formadas por gestación subrogada, de hecho hay jóvenes nacidos y nacidas gracias a ella que tienen ya más de veinte años. Por respeto a estos y a estas jóvenes y a todos los niños y todas las niñas, por respeto a sus padres y madres y, sobre todo, por respeto a las mujeres que les han ayudado a venir al mundo, evitemos las expresiones ofensivas que se utilizan, incluso con conocimiento del daño que causan, en muchos foros. Se puede argumentar perfectamente en contra de cualquier cosa, también de la gestación subrogada, sin ofender a nadie. Nuestras Leyes de reproducción asistida de 1988 y 2006 hablan de gestación por sustitución. La OMS y las principales sociedades médicas y reproductivas utilizan la misma terminología. Hasta las asociaciones europeas contrarias a la regulación utilizan un lenguaje neutro (Stop surrogacy now, No GPA-no gestation pour autrui)… Por poco que guste a determinados sectores, no es, como acostumbran a decir, ni compra-venta de niños ni explotación de mujeres. Si fuera constitutiva de delitos tan graves, siendo del dominio público como lo es la existencia de estas familias, estaría perseguida por nuestros tribunales. Y no lo está. Antes al contrario, desde los Tribunales Superiores de Justicia hasta el Tribunal Europeo de Derechos Humanos pasando por nuestro Tribunal Supremo han analizado diferentes derechos que les venían siendo negados reiteradamente a estas familias y se los han reconocido. Sus datos identificativos son conocidos en los Palacios de Justicia y no hay ni un solo expediente de investigación abierto. No perdamos la buena educación.

1 Si vamos a interpelar a alguien por ser padre o madre por gestación subrogada apelando a los derechos de los y las menores que están bajo la tutela de los estados, seamos coherentes y hagamos lo mismo con todas las familias que han optado por tener hijos e hijas de forma natural o con ayuda de otras técnicas de reproducción humana asistida, por eso de que todos y todas tenemos que ser iguales en derechos, pero también en deberes.
2 Desde el año pasado, se reconoce también como infértiles a las parejas homosexuales o a las personas sin pareja que quieren acceder a la paternidad o maternidad.
3 Vedar o impedir el uso o la ejecución de algo, según la RAE.

Palabras clave: Gestación subrogada, Libertad, Feminismo.
Keywords: Surrogacy, Freedom, Feminism.

Bibliografía

- Vasanti Jadva, Clare Murray, Emma Lycett, Fiona MacCallum y Susan Golombok Surrogacy, The experiences of surrogate mothers. Se puede ver en http://citeseerx.ist.psu.edu/viewdoc/download?doi=10.1.1.569.6013&rep=rep1&type=pdf.
- PEDRO FUENTES, Reproducción Asistida. Gestación Subrogada. Se puede ver en http://xn--gestacionsubrogadaenespaa-woc.es/images/REPRODUCCIN%20ASISTIDA%20-%20Gestacin%20Subrogada%20-%20Pedro%20Fuentes.pdf. Contiene extensa bibliografía de referencia de interés para quien quiera ahondar en esta materia.

Resumen

La gestación subrogada ha entrado en la agenda política de la mano de las asociaciones civiles que luchan por su regulación en nuestro país. La Asociación por la Gestación Subrogada en España y la Asociación Son Nuestros Hijos son asociaciones sin ánimo de lucro que están formadas por familias que necesitan la gestación subrogada para poder acceder la paternidad y a la maternidad y, en el caso de la primera, también por mujeres españolas que cederían su capacidad de gestar a estas familias pero que no pueden hacerlo porque, en estos momentos, nuestra Ley de técnicas de reproducción humana asistida se lo impide, conculcando así el derecho de estas mujeres a decidir sobre su propio cuerpo y a disponer libremente de su capacidad reproductiva. A estas alturas del debate, ese debería ser el eje central del mismo: ¿es legítimo imponer límites a los derechos individuales de las demás amparándose en su presunta "incapacidad" para decidir libremente? ¿Quién ostenta esa legitimidad y esa pretendida superioridad moral: quien intenta restringir los supuestos legales para interrumpir un embarazo o quien intenta evitar que una mujer pueda disponer libremente de su cuerpo para gestar para otra persona?

Abstract

Surrogacy has entered the political agenda at the hand of the civil associations that struggle for its regulation in our country. The Association for Surrogacy in Spain and the Asociación Son Nuestros Hijos are non-profit associations that are made up of families who need surrogates in order to access fatherhood or motherhood and, in the case of the first, also by Spanish women who would give up their ability to raise these families but who cannot do so because, at the moment, our technical law of assisted human reproduction prevents this, thus violating the right of these women to decide on their own body. At this point in the debate, these should be the central questions: Is it legitimate to impose limits on the individual rights of others by relying on their alleged "inability" to decide freely? Who holds that legitimacy and the suggested moral authority? and who tries to prevent a woman from freely offering her reproductive capacity for the benefit of another person?