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REVISTA81 PRINCIPAL

ENSXXI Nº 81
SEPTIEMBRE - OCTUBRE 2018

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Por: J. IGNACIO NAVAS OLORIZ
Notario honorario y abogado



Madrid, marzo de 2018: un algoritmo ha podido prever la redacción de esta columna, ha conocido la información que he recibido y me ha permitido redactarla.
¿Resulta inquietante? ¿No es posible engañarle o escapar de ese control? Solo si te excluyes del mundo relacional. Con ello me anticipo a una de las conclusiones que extraeré.
La economía ha determinado siempre la organización político-social. Según sea el sistema económico así es la organización político-social. Se puede afirmar que la organización política y social de un país se adecúa adhocráticamente al sistema económico.
Por otro lado, todos los avances conseguidos en sede de derechos humanos y progresos democráticos han partido de hechos o fenómenos disruptivos. Sus consecuencias han originado grandes cambios. Pensemos en la revolución neolítica o agrícola, en la revolución francesa, en la industrial, en la rusa o en la revolución tecnológica.
Todos esos hechos disruptivos originaron diferentes sistemas económicos que a su vez impulsaron los convenientes sistemas políticos.
En esta identificación entre régimen económico y sistema político, reside el mérito de la obra de Karl Polany: desenmascarar el chantaje económico que utiliza a la sociedad como rehén.
Esta es la tesis mantenida por Karl Polanyi en La gran transformación1, una de las más afiladas críticas del liberalismo económico.
“Lo crucial en la transformación capitalista de la economía, la sociedad y la naturaleza fue la conversión en mercancía de todos los factores de producción, tierra y seres humanos, en beneficio del capital”.
En España las tensiones transformadoras provocaron la desamortización de las tierras de la Iglesia y -entre otras consecuencias- el reforzamiento del notariado como herramienta de seguridad en el proceso desamortizador. En Inglaterra y otros países se habían producido ya en el siglo XVI como consecuencia de la Reforma protestante.
Según afirma Polanyi, el capitalismo no crea una economía de mercado, sino una sociedad de mercado donde todo lo que es básico para la supervivencia se convierte en mercancía, y se somete a las leyes de mercado. En esa sociedad el sistema político sostiene al económico mediante leyes, policías y tribunales que aseguran la propiedad privada y el buen funcionamiento del mercado.

"La organización política y social de un país se adecúa adhocráticamente al sistema económico"

Los diferentes ciclos de revolución y represión, incluidos los golpes totalitarios, consiguieron que aquellas sociedades desamortizadas terminaran por encontrar un sistema político, la democracia liberal, compatible con una economía de mercado capitalista y, en ocasiones, con un Estado social.
La calidad de ambos sistemas está recíprocamente determinada por ellos.
Así pues, y según Polany, esa toma de rehén de la sociedad por parte del sistema económico determina la supervivencia del sistema político, siempre que cumpla eficiente y eficazmente con esa misión. Ambos están íntimamente relacionados en esa ecuación de subordinación del sistema político al económico.
Aplicando su teoría a España, diríamos que la baja calidad de nuestra democracia, no es la causa o el origen de un sistema económico generador de desigualdades y usufructuario de las fuerzas laborales, sino más bien al contrario, es el sistema económico el que determina la baja calidad del sistema político.
Según Polany ese proceso -en el que interesadamente incluyo a nuestro sistema político-, y la desvertebración social que le acompaña, son consecuencia de un sistema económico generador de desigualdades y generador codicioso de plusvalías, que busca y encuentra como rehén al sistema político que lo justifica y ampara.
Pero ese aparente equilibrio entre ambos sistemas, político y económico, está en entredicho por la rapidísima evolución del sistema económico. El sistema económico global está mutando hacia una economía del algoritmo y de big data que supone una transformación social tan disruptiva y profunda como la propia revolución industrial.

"Ese aparente equilibrio entre ambos sistemas, político y económico, está en entredicho por la rapidísima evolución del sistema económico"

¿A esa anunciada economía le sirve o le estorba la democracia liberal? ¿Seguirá ese sistema político, o por el contrario será sustituido por otro que cumpla con su “obligación” de cancerbero del sistema económico?
Byung-Chul Han, filósofo político-social coreano/alemán, afirma que con las redes sociales hemos liberalizado las emociones y creado un mercado de datos sobre ellas, pero no tenemos ni idea de lo que va a pasar posteriormente. El capitalismo de emociones no tiene todavía un sistema político que lo sostenga.
¿Qué aspecto tendrá? No da la respuesta a esta pregunta, pero detalla las características de nuestra época, y quizás a partir de ellas podríamos encontrar una vía de aproximación.
Señalaba en una entrevista de prensa2, entre otras características de esta época licuescente o líquida, como diría Zygmunt Bauman,3 las siguientes:
Autenticidad. (“todos quieren ser distintos de los demás”, lo que fuerza a “producirse a uno mismo”. Y es imposible serlo hoy auténticamente porque “en esa voluntad de ser distinto prosigue lo igual”).
Autoexplotación (se ha pasado “del deber de hacer” una cosa al “poder hacerla”. “Se vive con la angustia de no hacer siempre todo lo que se puede”, y si no se triunfa, es culpa suya. “Ahora uno se explota a sí mismo” Y la consecuencia, peor: “Ya no hay contra quien dirigir la revolución, no hay otros de donde provenga la represión”).
Big data (los macrodatos hacen superfluo el pensamiento porque si todo es numerable, todo es igual... Estamos en pleno dataísmo; el ebook está hecho para que yo lea, no para que me lea a mí a través de algoritmos). Afirma que necesitamos una carta digital que recupere la dignidad humana y pensar en una renta básica para las profesiones que devorarán las nuevas tecnologías.
Comunicación (sin la presencia del otro, la comunicación degenera en un intercambio de información).
Según Han estamos perdiendo de vista la realidad. Lo digital no pesa, no huele, no opone resistencia, pasas un dedo y ya está. Es la abolición de la realidad. (“cuanto más iguales son las personas, más aumenta la producción. El capital necesita que todos seamos iguales, incluso los turistas; el neoliberalismo no funcionaría si las personas fuéramos distintas”).
Refugiados (“no se siente temor, miedo o asco por los refugiados, sino que son vistos como carga, con resentimiento o envidia”; la prueba es que luego el mundo occidental va a veranear a sus países).
Tiempo (“…necesitamos un tiempo propio que el sistema productivo no nos deja; requerimos de un tiempo de fiesta, que significa estar parados, sin nada productivo que hacer, pero que no debe confundirse con un tiempo de recuperación para seguir trabajando; el tiempo trabajado es tiempo perdido, no es tiempo para nosotros”).
La sola lectura de estas características evidencia las disfunciones de nuestro sistema económico-político-social. La tesis de Polany señala como responsable al sistema económico.
Voy a cambiar de escenario, aunque el coreógrafo siga siendo el mismo: ¿la pasada crisis fue o derivó en un ensayo, de escasa duración, acerca de la ineficiencia del sistema político para controlar el económico?
Recordemos las manifestaciones de políticos de la talla de Merkel y Sarkozy acerca de la necesidad de refundar el capitalismo ¿en que han quedado? En nada.
El capitalismo de ficción ya está presente entre nosotros desde hace años. Ese sistema surge a comienzos de los años noventa del siglo pasado, con la caída del Muro de Berlín, llega hasta nuestros días y pone el acento en la importancia de las personas, de los consumidores.

"Es necesario recuperar el control democrático de los códigos fuente"

Todo aquél que no consuma es un antisistema.
Como señala Verdú, mientras que el capitalismo de producción y el de consumo se ocuparían de los bienes, del bienestar material, el tercero, el de ficción, se encargaría de las sensaciones, del bienestar psíquico. “La oferta de los dos anteriores era abastecer la realidad de artículos y servicios, mientras la del tercero es articular y servir la misma realidad…”4
Otro cambio de imagen, permaneciendo en el mismo escenario: imagen del panorama del mundo jurídico.
Desde los años 60 del siglo pasado se venía hablando en los EE-UU de la necesidad de trasladar, mediante un lenguaje adecuado y homologado, el contenido de las leyes y sentencias a las capas sociales menos cultas. Se trataba de elaborar una “segunda versión” de la ley que fuera comprensible por la mayoría de los ciudadanos. Hoy esta segunda versión se percibe como innecesaria ya que en breve con los códigos fuente y los algoritmos, existirá un nuevo instrumento de control de extraordinaria potencia y presumiblemente, las Administraciones y los Parlamentos perderán su interés en trasladar versiones comprensibles para concentrarse exclusivamente en el control.
Este es el panorama y el diagnóstico más próximo en el tiempo y en el espacio.
Hasta aquí la descripción -resumida y apresurada- de nuestra realidad. Sirve para que cada lector tenga una aproximación al diagnóstico, y concluya en resignación acerca de la fórmula que la apariencia de la evolución tecnológica, política, social y económica nos va a ofrecer “espontáneamente” desde una perspectiva de “libertad” y “conveniencia” para los intereses de la ciudadanía.
¿Tendremos alguna posibilidad de variar o modalizar esa oferta que tan atractivamente se nos ofrece? Poco espacio queda para el aprovechamiento de esas oportunidades que debería tener un fundamento: optimizar la libertad y mejorar la calidad democrática de nuestras sociedades, y acabar con aquellas desigualdades que no estén fundamentadas en el trabajo, la excelencia intelectual y la peripecia esforzada de los individuos.
Desde esa óptica creo que es esencial que aprovechemos las oportunidades que ese sistema ha descuidado.

"Los partidos políticos serán sustituidos por movimientos ciudadanos de amplísima base y transversalidad democrática que atenderán a sus intereses jerarquizados en función de la urgencia y la oportunidad"

Veamos:
1.- Es necesario recuperar el control democrático de los códigos fuente. No hacerlo puede significar la “privatización” por vía de hecho y la atribución de la explotación económica incontrolada de los algoritmos que son determinantes a la hora de resolver cualquier cuestión, tanto de índole económica, como médica o jurídica. Recientemente se señalaba desde las páginas de una acreditada revista5 la necesidad de que el código fuente y los algoritmos deban ser de dominio público. No regularlo puede significar un déficit democrático colosal e irrecuperable, que afectará incluso al ejercicio de los derechos humanos por parte de la ciudadanía.
2.- Partidos políticos. Los partidos han sucumbido a las exigencias del sistema económico. Los podríamos denominar partidos emocionales o de ficción. Exagerando diría que en breve no servirán más que a sus propios dirigentes y a algunos militantes, sus propuestas obedecen a lo que sus jerarquías perciben como conveniente, después de haber sido eliminadas aquellas otras que el miedo a la reacción desaconseja.
Serán sustituidos por movimientos ciudadanos de amplísima base y transversalidad democrática que atenderán a sus intereses jerarquizados en función de la urgencia y la oportunidad. Nacerán como biodegradables, la eficacia les hará desaparecer.
Esos movimientos ciudadanos, que en un primer momento surgirán como resultado de las alianzas cruzadas entre pequeñas agrupaciones políticas para derivar después a movimientos-alianza autogestionados y controlados democráticamente, que derivarán, tras una primera fase, en un movimiento -organizado, potente, con intereses definidos, inmune a las críticas externas-, y con dinámica propia y una cultura política basada en los intereses-faro de ese movimiento. Los partidos-madre se extinguirán cumplida esa misión, por razón de su propia ineficacia e insostenibilidad. El movimiento establecerá alianzas con otros movimientos de similar encaje surgidos en los países de su entorno, lo que propiciará e impulsará la unión política entre los países. Al ser de carácter biodegradable irán mutando, convirtiéndose en “otro” en función de los intereses inmediatos.
Uno de los axiomas que mantenía el oligopolio de los partidos políticos como únicos agentes constitucionales en el disfrute de la gestión política como paradigma democrático era el del bipartidismo, muerto ese principio nada nos une a su reclamo, es decir a la discrepancia programada y a la esperanza del poder, por lo que ese paradigma será sustituido por el de la autenticidad en la gestión. El descrédito de la profesión -sin carrera ni preparación-, de político, facilitará esa transición.
Otra cosa distinta es la organización y control de esos movimientos.
3.- Desigualdad. Afirman ciertos sectores que la desigualdad parece inevitable y consustancial a la esencia del ser humano. Hay una parte de verdad en esa afirmación. Nacemos distintos y nos desarrollamos de manera diferente, pero, en gran parte debido a nuestras diferencias de cuna, entorno, y fortuna familiar. La igualdad de oportunidades parece un principio -sometido a continuos sobresaltos-, pero aceptado por todas las tendencias, aunque todavía inédito.
El inmediato mañana se presenta como un erial laboral para las personas de escasa formación, por lo que se comienza a hablar en la mayoría de los países europeos de la renta básica, es decir de aquella renta que ha de percibir todos ser humano residente en el país, que no tenga la oportunidad de trabajar. Será un ansiolítico social.
Esta renta, al igual que la precariedad en el trabajo y la elevación consiguiente del salario mínimo, producirá una reorientación del sistema impositivo que provocará protestas. Las grandes corporaciones seguirán escapando a la tributación local y optimizando mediante artificios estatutarios y contables, su tributación. La falta de transparencia y de plasmación práctica provocará protestas y mayor desigualdad.
La cadena de bloques (blockchain) es una tecnología con una utilidad muy amplia que puede garantizar el reparto de los bienes económicos entre todos en lugar de ahondar las desigualdades y los conflictos políticos.
El blockchain o cadena de bloques no es otra cosa que una técnica on line que se basa en el consenso en la información: se trata de una enorme o inmensa base de datos -pública o privada-, que se distribuye según sea, entre todos o varios participantes. Es como una base de datos o libro registro inmutable que contiene la historia completa de todas las transacciones que se han ejecutado en la red. La información es veraz, desintermediada y va creciendo continuamente, una vez introducida no puede ser borrada. Constituye un registro permanente e inmutable. Al gozar todos los nodos de la misma información esa información se tiene por verdadera, hay consenso al respecto y por tanto no hay discusión.
Si se le aplicara contra la desigualdad no sabemos el alcance que dicha tecnología nos brindaría. Puede ser aplicada en el terreno de los contratos, sanitario, viajes, seguros, logística, gobierno, energía, alimentación, educación, etc.
¿Por qué no al ámbito laboral, brecha salarial, motivaciones políticas o participación ciudadana?
4.- Descentralización política y administrativa. Actualmente el 50% de la población mundial vive en una urbe. Los sociólogos, geógrafos, y urbanistas consideran que en el año 2050, el porcentaje de la población mundial que vivirá en las grandes ciudades, será el 75%.

"La cadena de bloques (blockchain) es una tecnología con una utilidad muy amplia que puede garantizar el reparto de los bienes económicos entre todos en lugar de ahondar las desigualdades y los conflictos políticos "

Estas aproximaciones estadísticas nos obligan a tomar conciencia de un nuevo cambio de paradigma. El poder se municipalizará y quedará residente en los Ayuntamientos, que tendrán a su vez que descentralizar mediante la creación de órganos de gobierno municipal de ámbito más reducido: distritos o barrios. Su gobierno recaerá en grandes coaliciones de movimientos ciudadanos, como ya se está poniendo en evidencia.
Las Mega-Urbes administrarán un presupuesto más elevado que el del Estado central y tendrán responsabilidad directa sobre millones de personas, que exigirán respuestas más rápidas y eficaces que las que puede suministrar el parlamento supranacional.
5. El planeta como aldea global. Un ciudadano nacido en cualquier lugar del mundo tiene acceso a cualquier escenario situado en cualquier país. Tiene conocimiento de cualquier obra o creación artística surgida en el país más remoto y accede sin problemas aparentes a cualquier lugar del planeta en tiempo real. ¿Cómo se le va a poder seguir negando la posibilidad de desplazarse “sin papeles” allá donde quiera ir? Todo está globalizado, ¿menos el movimiento de personas?
Hay dos datos que acreditan la imposibilidad de mantener esa prohibición:
- El económico. La evolución de la humanidad ha girado en torno a la explotación del ser humano por otro ser humano. Recordemos que la esclavitud fue abolida en Brasil en 1888, y que la necesidad de suministrar productos baratos que se consuman de manera compulsiva y reiterada, requiere salarios bajos y precariedad laboral: la nueva forma de esclavitud.
Desde el siglo XV las naciones europeas -entre ellas, destacadamente, España-, deportaron y redujeron a la esclavitud a más de 25 millones de africanos, parientes lejanos de los que hoy, o se ahogan en el Mediterráneo, o son “encarcelados” en los llamados CIE o centros de internamiento de extranjeros. Insostenible para ambas partes.
- El político-social. La enorme fuerza de los movimientos migratorios, unida a la concepción del mundo en su globalidad, así como el enorme sentido globalizador espiritual de casi todas las religiones monoteístas, propician la reivindicación por parte de cualquier ser humano -sin distinción de lugar de nacimiento o nacionalidad-, del mismo derecho que otro en el goce y disfrute de aquello que se considera bienes de la Tierra. Advertencia: estos argumentos son de una enorme fuerza dialéctica, aunque pobres en justificación argumentativa, pero así sucede también con los contrarios.
6. Idiomas y demás razones divisorias y separadoras. La tecnología y las redes 5G acabarán en breve con las dificultades de entendimiento derivadas de las diferentes lenguas. Por otro lado, los tesauros como listas de palabras o términos controlados, empleados para expresar o representar conceptos, sustituirán a los diccionarios, poniendo en evidencia el cambio cultural que ello significa.
Recordemos que si prestamos atención, tal y como enseñan los historiadores (Thomas Kuhn y Quentin Skinner), a los léxicos en los que se formulan las proposiciones antes que a las proposiciones consideradas individualmente, caeremos en la cuenta, por ejemplo, de que el hecho de que el léxico de Newton nos permita predecir el mundo más fácilmente de lo que lo hace el de Aristóteles, no quiere decir que el mundo hable newtonianamente.
Europa no decidió aceptar el lenguaje de la poesía romántica, ni el de la política socialista, ni el de la mecánica galileana. Las mutaciones de ese tipo no fueron un acto de la voluntad en mayor medida que el resultado de una discusión. El caso fue, más bien, que Europa fue perdiendo poco a poco la costumbre de emplear ciertas palabras y adquirió poco a poco la costumbre de emplear otras6. ¡El lenguaje como motor del cambio!
El mundo no habla. Solo nosotros lo hacemos. El mundo, una vez que nos hemos ajustado al programa de un lenguaje, puede hacer que sostengamos determinadas creencias. Pero no puede proponernos un lenguaje para que nosotros lo hablemos. Solo otros seres humanos pueden hacerlo.
Eso mismo sucederá con la aplicación de esas tecnologías. El riesgo pues, es el acuerdo en el concepto, en lo que éste revela o pone en evidencia, no en la lengua en la que se formulen las proposiciones. Nuevamente nos damos de frente con la enorme importancia del código fuente, del algoritmo y del consenso de la cadena de bloques o blockchain.
Todo esto forma parte de las nuevas características que van asomando y sustituyendo o complementando a las hasta ahora existentes. ¿Debemos estar atentos? Esa atención es la que definirá el futuro, que sigo creyendo que puede ser modalizado por una sociedad libre, vertebrada y democrática.

1 La gran transformación, Madrid, La Piqueta, 1989.
2 El País,  7 de febrero de 2018.
3 Define la sociedad moderna líquida como aquella sociedad donde las condiciones de actuación de sus miembros cambian antes de que las formas puedan consolidarse en unos hábitos y en una rutina determinada.
4 Vicente Verdú, El estilo del mundo, Anagrama.
5 Javier de la Cueva, “Código fuente, algoritmo y fuentes del Derecho”, El Notario del Siglo XXI, nº 77, enero/febrero 2018.
6 Richard Rorty, Contingencia,ironía y solidaridad, http://www.inicia.es/de/diego_reina/filosofia/logica/rorty_ironia.htm

Palabras clave: Capitalismo, Democracia liberal, Cambios, Futuro.
Keywords: Capitalism, Liberal Democracy, Changes, Future.

Resumen

Para optimizar la libertad y mejorar la calidad democrática de nuestras sociedades, y acabar con aquellas desigualdades que no estén fundamentadas en el trabajo, la excelencia intelectual y la peripecia esforzada de los individuos, debemos estar atentos a las nuevas características que van asomando y sustituyendo o complementando a las hasta ahora existentes. Esa atención es la que definirá el futuro, que puede ser modalizado por una sociedad libre, vertebrada y democrática.

Abstract

In order to enhance freedom and improve the democratic quality of our societies, and to end inequalities that are not based on work, intellectual excellence and individual endeavour, we must focus on new characteristics that are emerging, and replacing or complementing the existing ones. This focus is what will define the future, which can be shaped by a society that is free, well-structured and democratic.