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Por: GONZALO GONZÁLEZ SANZ
Sociólogo


DERECHO Y VULNERABILIDAD

En primer lugar, ¿España es un país pobre?
La economía española representa (con un PIB en 2017 de 1.311.320 millones de dólares) el 10,4% del total de la Zona Euro, el 7,6% del PIB de la Unión Europea, el 2,6% del conjunto de la OCDE y el 1,6% del total de la economía mundial. El peso de España es, por tanto, grande tanto en su zona de influencia como desde el punto de vista global y no se puede afirmar, entonces, que España sea un país sumido en la pobreza.

 Peso de la economía española en 2017

En este sentido, España ocupa el puesto número 14 en el ranking de países que elabora el Banco Mundial según su riqueza (PIB 2014-17), por detrás de India (puesto 6), Brasil (puesto 8) o Corea del Sur (puesto 12) y por delante de México (puesto 15), Indonesia (puesto 16), Turquía (puesto17) o Suiza (puesto 20).

Ranking de países más ricos del mundo. Comparativa 2014-2017
(PIB en millones de dólares)

 

Es cierto que (intuitivamente) la calidad de vida se imagina mayor en una nación rica que en una nación pobre, es decir, según la clasificación del Banco Mundial en Brasil se vive mejor que en Suiza y en Rusia mejor que en los Países Bajos. Desde esta perspectiva, el nivel de vida en Dinamarca equivaldría al de Filipinas pues su PIB es similar (324.872 millones de $ frente a los 313.595 de las islas asiáticas) y su posición en la tabla de la riqueza global se encuentra en el mismo rango (36 y 39 respectivamente); lo mismo cabría decir de Colombia y Finlandia, con una particularidad: el PIB colombiano supera al finés (309.191 frente a 251.885) siendo, por tanto, la posición del país latinoamericano más alta que la del europeo (40 y 43 respectivamente). No obstante, los datos en frío apenas transmiten la realidad de las cosas. Por ejemplo, según el criterio del PIB, las posibilidades de vivir bien en España son mayores que en Suecia, Austria, Noruega, Nueva Zelanda, Luxemburgo o Liechtenstein y la sociedad de Andorra (puesto 165 con 3.013 millones de $ de PIB) dispondría de tantos recursos como la de Timor-Leste (puesto 166 con 2.995 millones de $). Así, no siempre la relación entre la riqueza de una nación y la riqueza de su sociedad es directamente proporcional.
En segundo lugar, si España no es un país pobre… ¿lo son sus habitantes y sus familias?
El PIB indica la riqueza o pobreza de un Estado pero no se corresponde aquél necesariamente con la riqueza o pobreza de una sociedad; para ello es preciso conocer con qué cantidad de PIB dispone cada ciudadano (PIB per cápita) y en qué se gastan (o no) las personas y los hogares sus recursos.

Ranking de países según el PIB per cápita en 2017

Tal y como se aprecia, España se encuentra (con un PIB per cápita de 28.157 $) en el puesto 33, por detrás de muchos países de nuestro entorno como Luxemburgo (puesto 1), Suiza, Noruega, Irlanda, Dinamarca, Suecia, Países Bajos, Austria, Finlandia, Alemania, Bélgica, Reino Unido, Andorra, Francia (puesto 26) e Italia (puesto 28), siendo el 70% de la media OCDE (38.196$), el 80% de la media UE (33.715,1$) y de la Zona Euro (36.869 $); en todo caso, el PIB per cápita español representa 2,6 veces la media del mundo (10.715 $) y se halla muchísimo más cerca del PIB per cápita medio de los Estados con ingreso alto (41.211$) que de aquellos con ingresos medianos (5.169$) o bajos (750$).

España se sitúa (también según el PIB per cápita) en una posición media respecto de Europa y media-alta respecto del mundo, es decir, las familias españolas no han de considerarse pobres, como tampoco lo es España como nación (1).
En tercer lugar, la renta con la que cuentan las familias y los hogares, ¿es suficiente? ¿En qué se gastan el dinero los españoles? Y quienes no lo hacen por completo, ¿logran ahorrar?
A lo largo del año 2018 (hasta junio), el 9,6% de los hogares ha comprado un coche o una moto, el 15,9% muebles para la casa, el 20,6% electrodomésticos u ordenadores personales y el 21,9% ha adquirido electrodomésticos pequeños. En este sentido, las expectativas se mantienen al alza pues la inmensa mayoría de la población española (el 85,0%) cree que las posibilidades de adquisición de bienes duraderos (coches, muebles, electrodomésticos y ordenadores) durante el próximo año serán mayores (el 14,5%) o iguales (el 75,5%) que las de este año; mas no viviendas ni bienes inmuebles: el 70,3% piensa que su precio subirá en 2019 y el 95% no tiene planes de comprar ninguna.
A pesar de que el 17,2% de los españoles no llega con soltura y sí con dificultades a fin de mes (el 5,7% ha contraído deudas y el 11,5% ha echado mano de sus ahorros) el 40,9% sí lo consigue y el 41,2% logra ahorrar dinero (el 37,2% un poco y el 4,0% bastante); en este punto las previsiones de los españoles son también positivas: el 76,9% opina que sus posibilidades de ahorro durante el próximo año serán mayores (el 14,2%) o iguales (64,7%) que las de este año (2).
En cuarto lugar, si el cuadro macroeconómico (PIB, renta per cápita y desempleo) y la sociedad se comportan aceptablemente y los españoles consumen con normalidad (e incluso ahorran) y piensan que será probable seguir haciéndolo, ¿por qué España aparece en los principales indicadores de desigualdad (GINI) e informes de pobreza infantil tanto globales (UNICEF) como europeos (el AROPE de Eurostat) e internos (FOESSA para Cáritas) (3)?

Índice GINI para España (por 1000). Evolución 2003-2017

Según el Índice GINI (4) (donde 0 es igualdad total y 1 total desigualdad) la desigualdad de ingresos en España permanece estable y ligeramente al alza en los últimos 15 años pasando del 31,8 en 2003 al 34,1 en 2017. Asimismo, UNICEF muestra que uno de cada cuatro niños españoles (el 24,1%, cerca de 2 millones) está en riesgo de pobreza relativa, es decir, que vive en hogares que tienen unos ingresos inferiores al 60% de la mediana nacional, relegando a España a la cola de los 27 países miembros de la UE, solo superada por Rumanía, Bulgaria, Letonia e Italia. Este riesgo de exclusión se concentra mayoritariamente en hogares con familias numerosas o monoparentales y en situación de desempleo o empleo precario. Los datos de UNICEF sobre el impacto de la crisis en los niños para los años 2012 y 2013 (último editado) (5) continúan la misma senda.
En la misma línea publica Eurostat las estadísticas sobre “riesgo de pobreza o exclusión social” (índice AROPE, “At Risk Of Poverty or social Exclusion”) (6), que en 2017 fue de 12.989.405 personas (desde 2008 se ha incrementado en más de 1.242.000) y donde confirma que los hogares con menores de 16 años sufren con mayor intensidad los vaivenes de la economía; por ejemplo, las personas que viven en hogares con niños tienen tasas de AROPE hasta 30 puntos porcentuales más elevadas que las de aquellas que viven en hogares compuestos sólo por adultos, el 42,2% de las personas que viven en hogares monoparentales están en riesgo de pobreza y el 30,6% de aquellas que viven en otros hogares con niños dependientes también lo está.
Según el AROPE una persona en España entraría en riesgo de exclusión social si vive con menos 8.522 euros (en España los hogares aumentaron un 3,1% sus ingresos medios anuales en 2016 hasta los 27.558 euros y el ingreso medio por persona alcanzó los 11.074 euros) (7), en hogares con una intensidad de empleo por debajo del 20% o sufre una privación material severa, es decir, cuando no pueda disfrutar de, al menos, cuatro de los siguientes indicadores: el pago del alquiler, hipoteca, recibos relacionados con la vivienda o compras a plazos sin retraso (en España el 78,2% tiene una vivienda en propiedad), mantener la casa con una temperatura adecuada durante los meses fríos, hacer frente a gastos imprevistos (el 42,1% de los españoles ahorra dinero), una comida de carne, pollo o pescado cada dos días, ir de vacaciones fuera de casa al menos una semana al año, disponer de un coche, una lavadora, una televisión a color o un teléfono (España es desde 2016 el país con más smartphones por habitante del mundo junto a Singapur, el 92% de los españoles dispone de al menos uno de estos dispositivos).
En la sociedad global actual, sobre todo tras la crisis de 2007, la desigualdad no estriba tanto en la irregular distribución de los ingresos sino en percibir o no algún tipo de ingreso, es decir, la brecha se produce entre quienes tienen trabajo y no lo tienen. Y España durante estos años ha evolucionado favorablemente, como así lo reflejan la tasa de desempleo y el número de afiliados a la Seguridad Social, que ha descendido la primera del 25,77% en 2012 al 16,1% en 2018 y ha alcanzado el segundo los 19 millones (18.872.200) (8) en este mismo año.
Conclusión: ningún indicador es suficiente válido. El problema radica en la definición de “población en riesgo de pobreza”: se trata de una posición relativa, es decir, que cuantifica la desigualdad de un segmento de la población en función del resto y no se refiere a la pobreza absoluta y respecto de ella se adjetiva; la pobreza relativa solamente mide el número de personas con ingresos bajos en relación al conjunto de la población. Los índices de pobreza y exclusión (en y desde Europa) colocan al individuo, familia u hogar respecto de todos los demás y no toman ninguna referencia objetiva hacia dónde mirar y clasificarse; por ello permanecen dichos indicadores casi siempre estables a lo largo del tiempo, con pequeñas variaciones. Simmel sostiene, en este sentido, que “los pobres, como categoría social, no son los que sufren carencias y privaciones específicas, sino los que reciben auxilio o deberían recibirlo según las normas sociales” (Sociología, 1907). Quizá sea ésta la razón del reciente proyecto de creación del Alto Comisionado contra la Pobreza Infantil. Al contrario que en la biología de Lamarck (donde la función crea el órgano) en sociología el órgano (la institución) crea la función.
Ahora bien, pobreza infantil en España no significa que los niños sean pobres (la práctica totalidad están escolarizados y atendidos médicamente -y de modo gratuito-) sino ausencia de niños. España posee una tasa de fecundidad inferior a la tasa de reemplazo (1,3 hijos por mujer en edad fértil frente a 2,1 necesarios para el relevo generacional). España es pobre en niños pero los niños no son, en absoluto, pobres.

(1) Hasta ahora, datos Banco Mundial 2014-17, último año disponible, https://datos.bancomundial.org/indicador/NY.GDP.MKTP.CD?view=chart y https://datos.bancomundial.org/indicador/NY.GDP.PCAP.CD?view=chart
(2) CIS, Índice de Confianza del Consumidor de junio de 2018 (Estudio 3218).
(3) “Desprotección Social y Estrategias Familiares” 2017 http://www.foessa.es/publicaciones_Info.aspx?Id=382
(4) https://datos.bancomundial.org/indicador/SI.POV.GINI?locations=ES
(5) “La Infancia en España 2010-2011” y “La Infancia en España 2012-2013”.
(6) “El estado de la pobreza seguimiento del indicador de riesgo de pobreza y exclusión social en España 2008-2016”.
(7) “Encuesta de condiciones de vida” INE 2017.
(8) Encuesta de Población Activa, 1er trimestre 2018 (INE).

Palabras clave: Pobreza infantil, Desigualdad, Tasa de fecundidad, Tasa de reemplazo.
Keywords: Children's poverty, Inequality, Fertility rate, Feplacement rate.

Resumen

En la sociedad global actual, sobre todo tras la crisis de 2007, la desigualdad no estriba tanto en la irregular distribución de los ingresos sino en percibir o no algún tipo de ingreso, es decir, la brecha se produce entre quienes tienen trabajo y no lo tienen. Pobreza infantil en España no significa que los niños sean pobres (la práctica totalidad están escolarizados y atendidos médicamente -y de modo gratuito-) sino ausencia de niños. España posee una tasa de fecundidad inferior a la tasa de reemplazo (1,3 hijos por mujer en edad fértil frente a 2,1 necesarios para el relevo generacional). España es pobre en niños pero los niños no son, en absoluto, pobres.

Abstract

In today's global society, especially after the crisis of 2007, inequality is not so much in the irregular distribution of income but in perceiving or not some type of income, that is, the gap occurs between those who have work and do not have it. Children's poverty in Spain does not mean that children are poor (practically all of them are medically schooled and cared for-and free of charge) but absence of children. Spain has a fertility rate lower than the replacement rate (1.3 children per woman of childbearing age versus 2.1 needed for the generational relay). Spain is poor in children but children are not at all poor.