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Por: JOSÉ ARISTONICO GARCIA
Decano honorario



LOS LIBROS por JOSÉ ARISTÓNICO GARCÍA SÁNCHEZ

Un canto al azar

Auster, en su obra maestra, fabula cuatro versiones diferentes de la vida de su personaje en función de meras circunstancias fortuitas

De fondo es una novela explosiva y de singular arquitectura que traza un grandioso y vitalista mural de la sociedad norteamericana de los años sesenta y setenta del siglo pasado

4 3 2 1 (Ed. Planeta, 2017) no es título para la cábala ni un invento de marketing ni un jeroglífico por descifrar. Es el título de una obra maestra que se justifica por la singular técnica narrativa empleada por el autor. Se inicia con un capitulo común, 1.0, y se desarrolla en siete capítulos con cuatro versiones cada uno que se corresponden con cuatro historias paralelas, cuatro variantes de la que hubiera podido ser la historia del protagonista, el adolescente Archibald Fergusson durante los años sesenta/setenta del siglo pasado, según las diferentes circunstancias y personajes que se pudieron cruzar en su camino, lo que supone rendir culto al azar, mantra obsesivo del autor.
Frecuente ha sido la narración de una misma historia en tantas versiones cuantos personajes intervinieron, recuérdese como ejemplo la magistral película Rashomon. Ahora es diferente. Son cuatro narraciones paralelas, digamos cuatro posibles biografías del mismo protagonista, lo que explica que cada capítulo empiece teniendo cuatro versiones y yaya decreciendo a 3, 2 y 1, a medida que muere y hace mutis el actor en cada versión.

Y lo hace en una novela de ficción sísmica, como un volcán en erupción continuada de historias y fábulas, un torrente inagotable de sensaciones, personajes, situaciones y contrastes que componen, al juntar los cuatro universos que describe, un fresco colosal del panorama social norteamericano de dos décadas. Quiere ser la obra maestra, la más ambiciosa, la más intensa, la representativa de toda su vida de un laureado escritor, Paul Auster.

"Siete años incubando sensaciones, historias, personajes, poniendo todo su ser en lograr una obra maestra que condensara todo el palpitar de la sociedad americana de un período muy corto, veinte años, de 1960 a 1980"

Paul Auster nació el 3 de Febrero de 1947 en Newark, Estados Unidos, en el seno de una familia judía de clase media. Siempre vivió entre libros, los de la gran biblioteca que tenía un tío suyo traductor. Como Rubén Darío, Borges o Rimbaud, fue un escritor precoz. A los 9 años escribía poemas, a los 10 cuentos, y a los 11 recibió el primer aplauso cuando el maestro le pidió que leyera en voz alta uno de ellos delante de toda la clase. A los 13 -eran los años 60- leyó todo Camus, entonces en su apogeo, y gran parte de la obra de Gide y de los novelistas rusos. A los 15 le impactó la lectura de Dostoievski. Crimen y Castigo me trastornó, ha dicho, jamás había leído nada así. El día en que lo terminó, decidió convertirse en escritor para intentar emularlo.
Empezó a escribir versos -su gran pasión frustrada- y relatos, a hacer guiones de cine, a dirigir películas… siempre presa de una inquietud efervescente. Viajó a París -también allí se refugió para evitar la recluta para la guerra de Vietnam-, tradujo al inglés a poetas franceses, escribió artículos para revistas, pero nunca dejó de redactar narraciones de ficción, la primera editada bajo pseudónimo y al estilo de la novela negra de Chandler y Hammett de escaso recorrido, y a continuación con éxito creciente fueron apareciendo sus obras vitalistas Ciudad de Cristal, El palacio de la luna, Leviatán, Trilogía de Nueva York… hasta 16 novelas, muchas premiadas. Leviatán por ejemplo obtuvo el Premio Medicis 1993 a la mejor novela de autor extranjero. En nuestro país obtuvo el Premio del Gremio de Libreros de Madrid 2003 por El libro de las ilusiones, y también el prestigioso Príncipe de Asturias de las Letras 2006.

"Consigue el punto óptimo de cruce de la ligereza con la consistencia, la levedad con la densidad y tiene una maestría insultante en el manejo del ritmo sostenido de la frase larga -muchas de longitud superior a una página- sin que se resienta el ritmo musical del fraseo y sin que el lector pierda jamás el hilo de la narración, que mantiene siempre una leve y sutil gradación progresiva del interés"

En 2010 dejó de publicar. Quiso salir del mundo asfixiante de la escritura y explorar una nueva manera de contar historias, tratar con gente, hurgar en ese mundo exterior lleno de vida, abrirse a cuantas formas posibles de dolor, de gozo y de emoción fuera posible sentir. Siete años incubando sensaciones, historias, personajes. Y en el fondo poniendo todo su ser, el alma, el corazón y la cabeza en lograr una novela importante, la gran novela, una obra maestra que condensara todo el palpitar de la sociedad americana de un período muy corto, veinte años, de 1960 a 1980, la adolescencia del escritor y también de su protagonista y toda la problemática que le tortura desde que comenzó a escribir, el azar, la familia, las relaciones paterno-filiales, la revisión del pasado. Una obra que pudiera competir con la excelente novelística americana actual, Ford, Updike, Franzen, Roth o Homes, en la consecución del vellocino de oro, la gran novela americana, emula de Balzac, Tolstoi, Dickens o Cervantes.
Fueron siete años tejiendo una obra descomunal, universal -siento que me he estado preparando durante toda la vida para escribir esta novela ha dicho Auster-, una obra que ha estado creciendo siempre en el interior de su alma, la culminación de su existencialismo literario con ciertas connotaciones simbólicas: quería que se publicara cuando yo cumpliera 70 años y la empecé a los 66, la edad que tenía mi padre cuando murió. Y una obra agotadora, que deja el cerebro convertido en un erial. No estoy seguro de tener la fuerza necesaria para escribir otra novela, ha confesado.
¿Lo ha logrado? La obra es densa, magnífica, admirable, volcánica, llena de sensaciones agudas, a veces salvajes. Un estilo impecable. Una sintaxis de floritura. En el punto óptimo de cruce de la ligereza con la consistencia, la levedad con la densidad. Una maestría insultante en el manejo del ritmo sostenido de la frase larga -muchas de longitud superior a una página- sin que se resienta el ritmo musical del fraseo y sin que el lector pierda jamás el hilo de la narración, que mantiene siempre una leve y sutil gradación progresiva del interés. No son prosas espontáneas aunque parecen fluidas, las ha trabajado a conciencia y las ha gozado. Cumple como nadie el repetido mito de que en los anales de los logros humanos nada supera al placer de escribir una buena frase.
Magistral es también la entrada y salida de los cientos de personajes que pueblan la novela. Y deslumbrante la profundidad psicológica de que los dota. Con cuatro trazos, nunca repetidos, siempre peculiares y reveladores, deja al descubierto las entrañas de cada personaje por pequeña o lateral que sea su intervención en la trama.

"Quiere ser una novela histórica, un mural social al que añade el debate sobre temas tan candentes como la guerra del Vietnam, el auge de la contracultura. Pero ni uno ni otro se integran en la trama del relato ni son determinantes de la acción"

Nada que oponer a la arquitectura exterior de la obra. La estructura, ritmo y acción son adecuados. Rara vez se encuentran pleonasmos o disquisiciones inútiles que lastren la acción o paralicen el impulso hacia delante de cada historia. Un texto terso y expresivo, una música excelente y sutil de las frases, una imaginación rayana en el territorio de la crisis nerviosa con un tono entre dramático y divertido que hace absorbente su lectura. Aunque no todo es loable.
Quiere ser, como ya se ha dicho, una novela histórica, un mural de la realidad social norteamericana de esas dos décadas, al que añade el debate sobre temas tan candentes en esa época como la guerra del Vietnam, el auge de la contracultura, el programa espacial, el tono de los Presidentes Kennedy, Johnson o Nixon, la ascensión y caída de la Nueva Izquierda, el auge del republicanismo de extrema derecha y la ira reaccionaria, la muerte de Martín Lutero King… Pero ni uno ni otro se integran debidamente en la narración. Ni siquiera el movimiento por los derechos civiles, el conflicto social y los ghetos en llamas de algunas ciudades, o el avance del Black Power y los conflictos universitarios de 1968 en la Universidad de Columbia, que Auster vivió y describe con detalle, se integran en la trama del relato ni son determinantes de la acción, aunque sí sirven de brillante marco de encuadre de la historia que se fabula.

"Fergusson encarna la culminación del universo mental de Auster, el azar, lo inesperado, sin llegar nunca a explicitar el debate interno entre la libertad intervenida por el azar o la contingencia y la inexorabilidad del destino, no hablemos ya de la predestinación"

Fundamentalmente 4321 parece una obra autobiográfica. Por supuesto en los hechos. El protagonista cuya infancia y juventud se relata con minucia en la novela, Archibald Fergusson, nació en Newark en 1947, como Auster, tercera generación de judíos inmigrantes, ambos tienen las mismas obsesiones, el cine -Stan Laurel y Oliver Hardy-, el deporte -beisbol y baloncesto- y sobre todo la escritura y el periodismo, y ambos estudian en la Universidad de Columbia. Auster también hace vivir a su protagonista en los mismos lugares donde vivió él, y le involucra en episodios de su propia vida, las muerte de un amigo fulminado por un rayo o la de alguno de sus abuelos por ejemplo, robo cosas de la realidad, son hechos reales, pero eso da igual, lo que importa es que la ficción vaya con ellos, confiesa. Pero también en su pensamiento y mensajes. Archibald Fergusson, en sus diferentes versiones encarna la culminación del universo mental de Auster, el azar, lo inesperado, su interpretación vital del mundo, la familia, las relaciones sentimentales, la versatilidad sexual, el destino... con soluciones diversas en función de circunstancias inesperadas, sin llegar nunca a explicitar el debate interno entre la libertad intervenida por el azar o la contingencia y la inexorabilidad del destino, no hablemos ya de la predestinación.

"Auster ha sido capaz de desplegar su talento y su magisterio sin igual en las distancias cortas"

Auster quiere hacer una obra pegada a la tierra. Es la novela más realista que he escrito, dice, todo es directo e inmediato, no hay trucos ni ilusiones, quizá porque ello lo conduciría al determinismo y lo alejaría de su gran mantra, el azar. Por eso decidió innovar la estructura de la novela con la peripecia argumental descrita al principio: imaginar cuatro posibles variantes de la vida del protagonista, lo que fue y lo que pudo ser en su vida en función de las distintas circunstancias fortuitas que pudieron concurrir o de los diferentes personajes con los que se pudo relacionar, lo que le permite exprimir hasta el agotamiento, en cuatro escenarios diferentes, el flujo costumbrista de la sociedad americana de ese periodo y estudiar las variaciones de su propia vida en función de futuribles imaginados.
Solo se mantienen inmutables además de la identidad del protagonista, siempre idéntico en las cuatro versiones -un Fergusson aficionado al cine y al deporte, joven amante precoz y versátil, estudiante aplicado con conciencia social y escritor en ciernes como reportero o novelista de éxito-, sus padres, sus abuelos, y una musa ideal recurrente, Amy Schneidermann, alma generosa y compañera sexual ideal de Fergusson con la que mantiene una permanente conexión vital, a pesar de que en una de las versiones sea prima y en otra hermanastra, lo que acentúa el carácter de obsesión persistente de Auster. Todos los demás personajes que intervienen difieren en cada versión.

"Es la novela más realista que ha escrito, todo es directo e inmediato, no hay trucos ni ilusiones, quizá porque ello lo conduciría al determinismo y lo alejaría de su gran mantra, el azar"

Es la novela más extensa de Auster, casi mil páginas con escasos diálogos, en realidad son cuatro novelas en una, lo que permitiría una lectura vertical de cada versión por separado como propuso Cortázar en Rayuela, una obra memorable, de vocación enciclopédica, con un andamiaje original que probablemente devendrá clásica. Una novela ambiciosa donde Auster ha sido capaz de desplegar su talento y su magisterio sin igual en las distancias cortas. Nadie como él mantiene el andante sostenuto de la narración al describir un episodio, una historia, un personaje. Nadie como él para describir estados de ánimo, conciencias atormentadas, decisiones maduradas hasta agotar el cerebro y vaciar el corazón humano. Aún a riesgo de incurrir en excesos, como suponer en menores la capacidad discursiva de adultos cultivados.

"Un texto terso y expresivo, y una imaginación rayana en la crisis nerviosa con un tono entre dramático y divertido que hace absorbente su lectura. Aunque no todo es loable"

Pero quizá la espontánea vivacidad y el alambicado entramado de la obra no le han permitido alcanzar la grandeza de una concepción global más ambiciosa y una arquitectura tan grandiosa y colosal como merece el material literario de primera calidad que alberga. El despliegue de una acción enredada en si misma le ha obligado a dejar más margen a la improvisación -escribí el libro a ciegas, ha confesado, bailando a través de las frases, sin saber qué era lo siguiente que iba a suceder- lo que sin duda no es problema para una imaginación tan torrencial como la suya, pero sí hace que se resienta la estructura general de la obra que se resquebraja a veces con grietas inesperadas que enturbian la línea argumental, diluyendo las vigas maestras del relato.
Auster es un portento de erudición y cultura. Su obra es una exhibición casi impúdica de sus conocimientos de cine y literatura, anglosajona y francesa sobre todo, también de la clásica grecorromana, y algo de la española, Lorca, Calderón, Borges y sobre todo Cervantes y su inconmensurable Quijote, el mejor y más poderoso de todos los grandes libros, dice Auster, y esta vez, sí integra sabiamente su erudición en los intersticios de la narración como parte de la educación del protagonista en quien personifica sus propios juicios literarios. No olvidemos que la obra narra en sus cuatro versiones la educación de un adolescente, al que también imbuye su propia militancia política, recordemos que Auster se niega a pisar suelo chino o turco mientras estos países encarcelen a periodistas.
Una obra colosal, que provoca agudas sensaciones, una obra de gran ambición que impresiona, un entramado monumental de historias que se cruzan, todas jugosas, algunas salvajes que a veces se complementan, otras se oponen y hasta se contradicen, lo que enriquece el contenido, pero, como ya se ha dicho, lo diluye y le impide alcanzar la grandeza de la obra suma, totémica e inmortal de Proust, Dickens o Tolstoi, y la ansiada meta de la Gran Novela americana.