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REVISTA81 PRINCIPAL

ENSXXI Nº 81
SEPTIEMBRE - OCTUBRE 2018



Acaban de finalizar en el Colegio Notarial de Madrid las oposiciones a título de notario iniciadas en marzo de 2017 y, como siempre que termina una oposición, es momento de felicitaciones, agradecimientos y reflexión. Felicitaciones a los ochenta y cinco nuevos notarios que, tras años de esfuerzo y dedicación, han demostrado su excelencia e inician ahora, con ilusión y constatada formación, una carrera de servicio público que, estamos seguros, resultará brillante y provechosa para el Notariado y para la sociedad.
Respecto a los aprobados, llama la atención que el 60% de los nuevos notarios sean mujeres. Pero tal porcentaje no responde, como en ocasiones se ha podido decir, a diferencias de intelecto o carácter que hagan a las mujeres mejor preparadas para afrontar el duro reto de la preparación, sino a un dato meramente objetivo, como es que el 60% de los opositores que se presentan son mujeres. Lo que este dato sí evidencia es que la oposición es un sistema objetivo de selección y acceso a una carrera profesional en el que prevalece el mérito y la igualdad de oportunidades, por encima de cualquier otra consideración. Lo que cabría preguntarse es si no son las carencias que en esta materia siguen produciéndose en otras carreras profesionales lo que hace que sea mayor el número de mujeres que opta por opositar.
Es obligado el agradecimiento a todos los miembros de los dos tribunales por su trabajo, dedicación y sacrificio. Solo quienes han formado parte de un tribunal de oposición pueden valorar, en sus justos términos, la responsabilidad, el esfuerzo y la constante atención y tensión, durante interminables sesiones, que exige tener que seleccionar a los mejores entre cientos de opositores que en una hora tienen que demostrar el resultado de años de estudio. Y no podemos olvidar la muy encomiable labor de los empleados del Colegio y de los miembros de la Junta Directiva que han colaborado en la organización, intentando en todo momento hacer las cosas más fáciles a los opositores, incluso en los momentos más difíciles, y a los miembros de los tribunales.

"Lo que cabría preguntarse es si no son las carencias en objetividad, mérito e igualdad de oportunidades que se siguen produciéndose en otras carreras profesionales lo que hace que sea mayor el número de mujeres que opta por opositar a notarías"

Se suele decir que el mejor tribunal es aquel del que no se tiene noticias, el que hace una labor callada y discreta, sin llamar la atención, dejando todo el protagonismo a quien realmente debe tenerlo, es decir, al opositor. En este sentido, si por algo han destacado ambos tribunales es por su discreción, por el exquisito trato dispensado a los opositores, antes, durante y después de cada ejercicio, y por la delicadeza, atribuible en este caso en su mayor parte a los secretarios, con la que se han realizado las convocatorias, permitiendo a los opositores una idónea planificación y reduciendo al máximo las esperas en el temido pasillo.
Constituye un indudable acierto, que debe servir de referente obligado para oposiciones futuras, la perfecta coordinación entre los dos tribunales, especialmente a la hora de planificar la oposición, fijar los criterios y, muy especialmente, redactar el supuesto del dictamen. Aunque a veces se ha dicho que la existencia de dos tribunales hace inevitable la existencia de dos oposiciones distintas, la realidad es que el criterio que debe prevalecer es el contrario. La pluralidad de tribunales es exigencia de la celeridad con la que deben realizarse las oposiciones y de la periodicidad con la que deben convocarse, pero el hecho de que a un opositor le toque en suerte un tribunal u otro no debería afectar en nada ni a sus expectativas ni a sus resultados. Si el temario de los dos primeros ejercicios es el mismo para todos, lo lógico es que también lo sean los supuestos a tratar en los ejercicios prácticos y que también coincidan los tiempos y los criterios de evaluación, de tal forma que lo único que quede al azar del sorteo sea, junto con el momento de la actuación, la identidad de los compañeros con los que el opositor tiene que competir.
Si algo es importante para el opositor, y más cuando pretende ingresar en un cuerpo que tiene la seguridad jurídica por bandera, es la previsibilidad: saber qué es lo que se le va a pedir, con qué criterios se le va a juzgar y cuando se va a poder examinar. Por ello, es esencial que se mantenga la coordinación en la actuación de los tribunales, tanto en el fondo como en la forma, que se busquen sistemas para que estos criterios se mantengan de una oposición a otra, y que se respete la periodicidad de convocatorias, una cada dos años alternándolas con la oposición al cuerpo de registradores (aunque este criterio de alternancia, a la vista del fracaso del intento de unificación de oposiciones, quizás deba ser revisado). Es muy conveniente que la duración de la oposición no exceda de un año, preferiblemente del año natural (para lo que será necesario un tribunal por cada cuatrocientos o quinientos opositores) y que se convoque un número suficiente y constante de plazas que, a la vista de las vacantes existentes y del incremento exponencial de las jubilaciones en los próximos años, perfectamente podría y debería estar por encima de las cien, sin incluir las plazas reservadas a personas con alguna discapacidad.
Solo así, por el camino que ha marcado esta oposición de Madrid 2017, se podrá seguir manteniendo el atractivo de la oposición y conseguir un cuerpo de opositores suficientemente numeroso e integrado, como ha sido tradición, por lo mejor de cada promoción de estudiantes de Derecho.