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Por: RODRIGO TENA
Notario
Coordinador general del Congreso Notarial 2020


CONGRESO NOTARIAL 2020: EL ENVEJECIMIENTO

El fenómeno del envejecimiento de la sociedad -o del incremento de la longevidad- es, quizás, el tema más relevante de nuestra época. Lo es con carácter global, sin duda alguna, pero especialmente en Europa y en España.

Sin desconocer sus muchas implicaciones positivas derivadas del aumento de la esperanza de vida, no solo en duración sino también en calidad, no cabe negar que los retos que este fenómeno plantea son colosales y nos pillan poco preparados, también desde el punto de vista político e institucional a la hora de tomar decisiones. Baste recordar el problema de la sostenibilidad del Estado del Bienestar, con toda la conflictividad social e intergeneracional que ello puede implicar, que abarcaría desde el mantenimiento de las pensiones hasta el carácter universal y gratuito de la asistencia sanitaria, pasando por la financiación de las situaciones de dependencia. Pero si de los grandes retos del Estado pasamos a las de las familias, veremos que su dimensión no es menor: citemos solo, entre otros semejantes, el problema que plantea el cuidado de los mayores y el habitual e injusto desequilibrio de esa carga en perjuicio de las mujeres; la correlativa que se impone a los mayores en la atención de los nietos, en beneficio de unos hijos con pocas ayudas sociales; el gravísimo problema de la soledad y su elevado coste psicológico; la vulnerabilidad del anciano ante el abuso y su creciente condición de víctima; sin olvidar el deterioro cognitivo y el problema de la autonomía de la voluntad, tanto en el ámbito contractual como en el personal y hospitalario, etc. etc.

"El Consejo General del Notariado decidió, en su reunión del pasado 23 de febrero, dedicar el próximo Congreso del Notariado español a celebrar en Málaga en la primavera del próximo año a este importantísimo asunto"

Si del diagnóstico nos trasladamos al campo del tratamiento -o mejor dicho de la gestión, pues es necesario huir absolutamente de la calificación de este fenómeno como enfermedad social- percibiremos también la grave complejidad del asunto, porque son muchas las cuestiones que es necesario afrontar, comenzando por la estabilización de la pirámide demográfica a través del fomento de la natalidad (auténtico y no meramente retórico) y del flujo ordenado de la inmigración. En el medio plazo, el reto de la financiación pública exige reflexión, tanto por el lado de los ingresos como de los gastos, con especial mención a la tributación de la propiedad inmobiliaria (muchas veces el único activo de los mayores, pero a la vez imprescindible para asegurar el equilibrio intergenercional) y al abuso y falta de racionalidad en el gasto. Es necesario meditar también sobre la conveniencia de mantener unas edades de jubilación pensadas para otras épocas. Hoy los beneficios de la prolongación de la vida no se aprovechan en la edad laboral, lo que constituye un desperdicio social poco comprensible. Pero si de la financiación pública transitamos a la privada y a los sistemas de auto previsión, comprobaremos que hay mucho recorrido para la mejora; sin duda en el ámbito contractual (hipoteca inversa, renta vitalicia, planes de pensiones, figuras atípicas), pero también en el familiar y sucesorio (autotutela, poderes preventivos, pactos sucesorios, legítimas de descendientes y ascendientes).
Todo ello exige, como es obvio, una aproximación interdisciplinar, que aúne los esfuerzos de juristas, médicos, economistas, sociólogos, fiscalistas, demógrafos, asistentes sociales, etc. Entre ellos no cabe desconocer a los notarios, evidentemente. Tanto por su posición clave como informadores y conformadores del consentimiento negocial, pieza clave de la libertad civil, como en su condición de ingenieros de los costes de transacción a la hora de definir los instrumentos técnico jurídicos más adecuados a cada situación. Pero, en cualquier caso, lo que resulta evidente es que solo a través de un trabajo conjunto, combinando distintas perspectivas especializadas, será posible aproximarnos a este fenómeno con ciertas posibilidades de ayudar a gestionarlo políticamente de la forma más eficiente posible. En la actualidad ese esfuerzo de coordinación especializada está todavía pendiente en nuestro país, y sin un consenso científico es difícil que la política partidista sea capaz de reaccionar de una manera racional ante la magnitud de la tarea.

"Solo a través de un trabajo conjunto, combinando distintas perspectivas especializadas, será posible aproximarnos a este fenómeno con ciertas posibilidades de ayudar a gestionarlo políticamente de la forma más eficiente posible"

En todo caso, a la hora de construir esos consensos conviene tener muy presente los principios que deben guiar nuestra actuación, muchas veces un tanto contaminados por la caracterización del fenómeno del envejecimiento como problema, más que como reto. De entrada, es necesario huir de todo paternalismo y actuar desde el más escrupuloso respeto a los principios de libertad, autonomía de la voluntad y autorrealización de los propios intereses. Los mayores no son menores necesitados de tutela; otra cosa completamente diferente es que en esa edad concurran con mayor frecuencia ciertas patologías que exijan un tratamiento específico, pero el principio dominante debe ser, obviamente, el contrario. Cuentan que Sófocles, a la edad de noventa años, tenía completamente abandonada y descuidada su hacienda. Sus propios hijos interpusieron una acción para que se le privase de la libertad de gestionar sus intereses. Llamado a declarar, compareció ante el tribunal con unos rollos de pergamino que leyó delante del tribunal. Se trataba de su inmortal Edipo en Colono, a cuya composición había dedicado los últimos meses. Después, preguntó en alta voz si un hombre capaz de escribir eso no tenía capacidad para gestionar su patrimonio. Sobra decir que la petición de incapacitación fue desestimada. Desde el punto de vista de los hijos lo más conveniente para su padre era que se dedicase a gestionar correctamente su hacienda. Para los ciudadanos atenienses -y también para nosotros, claro- lo más conveniente es que se dedicase a componer tragedias. Pero ambas cosas son completamente irrelevantes. Lo único a tener en cuenta es qué era más conveniente para él según su propia opinión, pues cada uno debe ser el único árbitro de sus intereses.

"Es necesario huir absolutamente de la calificación de este fenómeno como enfermedad social"

El respeto a la dignidad de las personas pasa por aceptar su voluntad, por muy mediatizada y condicionada que pudiera parecer a primera vista. La primera obligación de la sociedad con relación a sus mayores es preservarla, defenderla e indagarla (tanto de presente como en relación a actos pretéritos que haya podido realizar en previsión de su futura incapacidad), para al final respetarla, no sustituirla. Porque es con relación a este sector de la población, en el que pronto estaremos la mayoría, donde los riesgos de una sociedad deshumanizada, burocratizada e impersonal pueden alcanzar mayores costas de horror. Pero cuando haya certeza de que esa voluntad no puede ya formarse ni indagarse adecuadamente, aun así la preservación de la dignidad del anciano sigue manteniendo su importancia fundamental, lo que debería traducirse en un trato asistencial verdaderamente humano. Es verdad que nuestro Ordenamiento jurídico reconoce al mayor todos los derechos que le corresponden como un ciudadano cualquiera, pero no cabe desconocer que la realidad muestra con demasiada frecuencia situaciones de extrema vulnerabilidad mal atendidas que en la práctica menoscaban la eficacia de esos derechos.

"Es verdad que nuestro Ordenamiento jurídico reconoce al mayor todos los derechos que le corresponden como un ciudadano cualquiera, pero no cabe desconocer que la realidad muestra con demasiada frecuencia situaciones de extrema vulnerabilidad mal atendidas que en la práctica menoscaban la eficacia de esos derechos"

Por todo ello, el Consejo General del Notariado decidió, en su reunión del pasado 23 de febrero, dedicar el próximo Congreso del Notariado español a celebrar en Málaga en la primavera del próximo año a este importantísimo asunto, sin perjuicio de que uno de los tres días previstos para el Congreso se dediquen a temas específicamente notariales de especial interés para la corporación. Con esta iniciativa el Notariado pretende facilitar un foro de debate y discusión abierto a la sociedad, cuyo objetivo primordial sea iniciar un debate científico y desapasionado sobre esta transcendental cuestión, en beneficio de todos.
Decía Cicerón que los fundamentos de una vejez suave y feliz se han de echar muy de antemano en la mocedad. También un Congreso da comienzo mucho antes del día de su inauguración. No solo para organizadores y ponentes, sino para todos aquellos interesados en su tema. Precisamente, con la finalidad de facilitar el planteamiento de las cuestiones más relevantes y comenzar a debatir sobre ellas, EL NOTARIO DEL SIGLO XXI abre en este número una nueva sección dedicada al Congreso. Durante los próximos números distintos especialistas en la materia debatirán sobre los diferentes asuntos relacionados con el envejecimiento, cada uno desde su particular enfoque. Todas las aportaciones serán bienvenidas, sin perjuicio que la página web del Congreso, de cuya creación se dará noticia en su momento, pueda acoger las que por evidentes razones de espacio escapen a las posibilidades de la revista.
Confiamos que este tema suscite dentro y fuera de la corporación notarial todo el interés que merece.

Palabras clave: Envejecimiento, Longevidad, Cambio demográfico, Congreso Notarial 2020.
Keywords: Ageing, Longevity, Demographic change, Congress of Notaries 2020.

Resumen

Con ocasión de la decisión por el Consejo General del Notariado de dedicar el próximo Congreso Notarial 2020 al tema del envejecimiento, se relacionan los retos que el indudable factor positivo del incremento de la longevidad plantea a la sociedad contemporánea, en general poco preparada para afrontarlos. La gestión de este fenómeno exige un trabajo conjunto, combinando distintas perspectivas especializadas, porque solo así será posible aproximarnos a este fenómeno con ciertas posibilidades de ayudar a gestionarlo políticamente de la forma más eficiente posible. En todo caso, a la hora de construir esos consensos conviene tener muy presente los principios que deben guiar nuestra actuación, muchas veces un tanto contaminados por la caracterización del fenómeno del envejecimiento como problema, más que como reto. De entrada, es necesario huir de todo paternalismo y actuar desde el más escrupuloso respeto a los principios de libertad, autonomía de la voluntad y autorrealización de los propios intereses.

Abstract

On the occasion of the decision by the General Council of Notaries to devote the next Congress of Notaries in 2020 to the theme of ageing, this paper considers the challenges that the undoubted positive factor of the increase in longevity poses for contemporary society, which is generally not ready to face those challenges. Management of this phenomenon requires collective efforts combining various specialised perspectives, because this will be the only way to address this situation with any possibility of helping to manage it politically in the most efficient way possible. In any event, when building this consensus it is important to bear in mind the principles that must guide our actions, which are often somewhat contaminated by the characterisation of ageing as a problem rather than as a challenge. First of all, it is necessary to reject paternalism and act based on the most scrupulous respect for the principles of freedom, the autonomy of the will and the self-realisation of the individual's own interests.