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ENSXXI Nº 16
NOVIEMBRE - DICIEMBRE 2007

JOAQUÍN ESTEFANÍA
Escritor y periodista. Su último libro se titula La larga marcha. Medio siglo de política entre la historia y la memoria

Pasó la XVII Cumbre Iberoamericana y para la historia inmediata sólo parecen contar las anécdotas que la enturbiaron, que tienen más peso en las relaciones futuras de algunos países de la zona (España y Venezuela) que los contenidos sobre la cohesión social que durante meses se elaboraron para no perder el tiempo con más retóricas. De nuevo cunde la maldición: un exceso de diagnóstico y una falta de voluntad política para aplicar el mínimo común denominador que surge de esa multitud de análisis, cada vez de más calidad.
La mayor parte de los organismos regionales han elaborado enfoques propios de interpretación de los sucesos de la región: la Organización de Estados Americanos (OEA), la Corporación Andina de Fomento (CAF), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB), etcétera. De todos ellos, el más ambicioso fue el informe sobre la democracia en América Latina, que el PNUD publicó en 2004 y que desgraciadamente no ha tenido continuación. Y alrededor de la cumbre han aparecido dos informes más, de naturaleza muy notable: las Perspectivas Económicas de América Latina 2008, de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) y el Latinobarómetro correspondiente al año 2007.

"El Estado es en América Latina parte de la solución, con un aumento de la demanda por parte de los ciudadanos de más Estado, y el desencanto sobre las bondades del mercado"

El informe de la OCDE, de parecida filosofía política al resto de los que elabora este organismo (y, por tanto, con escasa capacidad de sorpresa) es de todos los citados el único que se sale del ámbito regional, pues sólo México, de entre los países de la zona, pertenece a ese club, estando Chile embarcado en un proceso de ingreso y siendo Brasil candidato a reforzar su colaboración con la OCDE, con vistas a un posible ingreso en el futuro. LA OCDE saluda la coyuntura latinoamericana, aunque pone sus “peros”: los retos para alcanzar tasas de crecimiento mayores y duraderas son aún importantes. El crecimiento de América Latina ha sido demasiado bajo y no ha alcanzado todo su potencial; los dos motores más importantes de la economía regional, México y Brasil, están perdiendo terreno frente a sus competidores asiáticos. Durante la última década, China e India han venido alcanzando tasas de crecimiento próximas al 9% y al7% respectivamente, mientras que México apenas creció al 3,5% y Brasil lo hacía al 2,5% durante el mismo periodo. La desigualdad sigue siendo muy elevada y la pobreza es un problema generalizado.
Pero por sus características es el Latinobarómetro (www. latinobarometro.org) el instrumento más dinámico para comprender el estado de la región. Estudio de opinión pública, con una muestra de más de 20.000 entrevistas en 18 países de la región, lo elabora una organización no gubernamental sin ánimo de lucro desde el año 1995. Así pues, la serie histórica de 12 años de investigación dice más que todas las fotografías estáticas que se quieran hacer. Este año, el Latinobarómetro destaca que la región está a las puertas de conmemorar el bicentenario de la independencia de España, en un momento especial en el que “parece haber una segunda independencia, después de 30 años de instaurar y reinstaurar la democracia”.

"La excepcionalidad económica viene dada por un quinquenio virtuoso de crecimiento económico en democracia. La excepcionalidad política se caracteriza porque nunca antes había habido una ola electoral como en el año 2006,un instrumento de movilización ciudadana sin precedentes"

Este momento especial se caracteriza por una doble excepcionalidad: económica y política. La excepcionalidad económica viene dada por un quinquenio virtuoso de crecimiento económico en democracia para toda la región (el estudio no contempla Cuba); éste ha producido la emergencia de una incipiente clase media, abierto mercados, expandido la presión al crédito de consumo, planteado nuevas expectativas y puesto de manifiesto debilidades que afectan al corazón de la democracia, como las enormes desigualdades. La excepcionalidad política se caracteriza porque nunca antes había habido una ola electoral como en el año 2006, durante el cual 11 de los 18 países incluidos en el Latinobarómetro tuvieron elecciones presidenciales; estas elecciones han dado a la zona un instrumento de movilización ciudadana sin precedentes, poniendo de manifiesto demandas, fenómenos y problemas en las campañas. Es un punto de partida común a la gran mayoría de los países en cuestión, con una agenda electoral centrada en la desigualdad y la discriminación en el mejor momento económico de los últimos 25 años. Las crisis institucionales se han resuelto a través de decisiones constitucionales (en la última década 14 presidentes fueron destituidos por su mala gestión), sin que los militares intervinieran. Tampoco se han producido regresiones autoritarias, a pesar de las aprensiones de muchos observadores y del hecho de que los avances en la calidad de la democracia han sido muy limitados.
Subrayemos un punto de este Latinobarómetro: el único acuerdo que se levanta en la región es el consenso sobre el Consenso de Washington, en el sentido de que no sirvió para solucionar los problemas y que hay que buscar otras alternativas. Los resultados del año 2007 marcan un punto de inflexión a ese respecto. La famosa frase de Ronald Reagan que marca la imagen del Consenso de Washington (“El Estado es parte del problema, no es parte de la solución”) ha quedado desmentida por la historia. En el estudio de opinión citado se ve con claridad como el Estado es en América Latina parte de la solución, con un aumento de la demanda por parte de los ciudadanos de más Estado, y el desencanto sobre las bondades del mercado. Así como hay desencanto con la política, se observa con nitidez el desencanto con los poderes del mercado como fuente de desarrollo. La ciudadanía demanda de modo creciente de sus Estados la solución a una parte de sus problemas cotidianos.

 

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