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ENSXXI Nº 28
NOVIEMBRE - DICIEMBRE 2009

Una entrevista de Fernando Olaizola, Notario de Valencia

¿Por qué crees que la Revista te considera un Grande del Notariado?
No lo sé. Durante cuarenta y tantos años he ejercido la profesión lo mejor que he sabido. Pero esto lo han hecho y hacen todos mis compañeros. Quizás yo he tenido más suerte en algunos aspectos de la profesión. He tenido más ocasiones de ser conocido.
Pero, desde luego, no pretendo que esa elección suponga, ni de lejos, aproximarme a quienes me han precedido en esta sección.

¿Por qué te hiciste notario?
Por tradición familiar yo debí haber sido militar. Pero la guerra civil dejó graves huellas en mi familia.
Mi madre no influyó lo más mínimo en mí decisión pero creo le di una gran alegría cuando decidí  romper esa tradición.
Descartada la milicia, opté por el Derecho, que era lo más fácil en el panorama universitario de aquella Capital de Provincia, que entonces era Valencia. Había que optar entre Derecho, Medicina, Químicas y Filosofía.
Y tras el derecho, me decidí por las notarías, funda-mentalmente por un triple motivo:
-tratarse de una profesión caracterizada fundamentalmente por el prestigio, la libertad e independencia en su ejercicio.   
-suponer la dificultad de la oposición un reto a mi orgullo, que andaba un tanto maltrecho tras unos años mediocres de carrera.
-y el hecho de que en Valencia había una Academia de preparación formidable, dirigida por don Emilio Bartual, al que deben su acceso al notariado decenas de compañeros.

¿Cómo juzgas el sistema de ingreso en el notariado?
Para ser notario hay que ser de lo mejor de la judicatura, y creo que la Oposición es el sistema más justo y adecuado do para la elección de los mejores. Y la estructura de la oposición a notarías pienso es casi perfecta.
Quizás pusiera un reparo a la división en dos del antiguo primer ejercicio. Se alegó como motivo el hacer más humano el desarrollo de su contenido, pero pienso que se ha obtenido un resultado contrario. Se obliga a estudiar más materia (hay que hablar dos horas en vez de hora y media) y se somete al opositor a una duplicidad de actuación y, por tanto se duplica la posibilidad de incidencias adversas. He sido miembro de tribunal en dos ocasiones y comprobé que había mucha gente capaz de retener todos los temas del antiguo primer ejercicio.

"Yo soy un defensor de la memoria que, en definitiva, es una potencia del alma. Y además se desarrolla con su ejercicio. Yo lo comprobé durante la oposición"

Además se dilata la duración de la oposición. Yo ingresé en Barcelona en 1.959. Éramos más de quinientos opositores. La oposición comenzó a mediados de mayo, y a primeros de septiembre ya había terminado. Claro que entonces los tribunales trabajaban más. Yo me examiné del primer ejercicio un sábado del mes de agosto. 
De todas formas este sistema de ejercicio oral, por mucho que se le tache de memorista, permite que el opositor -- tenga un conocimiento profundo, instantáneo  y actual de todas las materias que precisa para el ejercicio de su profesión.
Y no hay que olvidar que en muchísimos casos la actuación notarial precisa de una inmediatez que no admite dilaciones ni estudios previos. 
Yo soy un defensor de la memoria que, en definitiva, es una potencia del alma. Y además se desarrolla con su ejercicio. Yo lo comprobé durante la oposición.

¿Qué piensas de la conveniencia de completar la oposición con uno o varios cursos en une escuela notarial?
Creo que no es necesario. El opositor cuando aprueba y durante el tiempo que media hasta tomar posesión, tiene la posibilidad de acudir a despachos de compañeros en donde puede completar aspectos puramente prácticos.
La profesión notarial es esencialmente creadora del instrumento público. Los límites y formas del mismo vienen determinadas por las disposiciones legales y reglamentarias que conoce perfectamente, y que  puede completar con el protocolo de su antecesor, que tiene a su disposición y, en último caso, por la consulta a un  compañero. El resto, el meollo del documento, resultante de dar forma jurídica a la voluntad de las partes, deducida de la misión de asesoramiento y consejo a las mismas para el logro de sus fines lícitos, es algo que depende de la función creadora del notario. Y esto no puede aprenderse en parte alguna, sino que viene dado por el sentido común arropado por sus conocimientos jurídicos.

¿Qué opinas de las academias de preparación?
Para mi resultan totalmente indispensables y gracias a ellas el Notariado ha alcanzado las altas cotas de prestigio de que goza. Hay que guardar un profundo reconocimiento a los compañeros que, a costa de sacrificios, dan clases en las academias y a aquellos que preparan por libre. Yo he preparado dictámenes muchas veces y, en tres o cuatro ocasiones, he preparado los tres ejercicios. Resulta una tarea gratificante y vale la pena hacer ese sacrificio.
El Notariado nos ha dado muchas satisfacciones, y contribuir a procurar la formación de futuros notarios, creo es una obligación de todo notario que se precie.

¿Dónde radica, a tu juicio, la esencia de la Función Notarial, y como ves el futuro de la misma?
Voces mucho más autorizadas se han ocupado de este problema y yo me limito a seguir lo que han dicho tantos y tantos maestros en el estudio de la problemática notarial. Siguiendo sus enseñanzas, presenté en al Congreso de la UINL de Berlín, en 1995, una Ponencia sobre las Funciones Públicas y Sociales del Notariado.
Creo que del artículo primero del Reglamento Notarial se infieren esas dos funciones, aunque su formulación no sea, a mi juicio, totalmente exacta.

"El Notariado nos ha dado muchas satisfacciones, y contribuir a procurar la formación de futuros notarios creo es una obligación de todo notario que se precie"

La Función Publica se manifiesta en la autenticidad, integridad y, por consecuencia, fuerza probatoria del documento. Pero a su vez esa autenticidad e integridad documental se deriva de la función social del notario, como "profesional del derecho" en cuanto obtiene e interpreta la voluntad de las partes, les aconseja y les ofrece la forma jurídica necesaria para el logro de los fines apetecidos, redactando el documento.
Esta función social, que hace que el documento notarial -instrumento público- sea distinto y superior a los demás documentos públicos, es fácilmente ejercitable en los núcleos pequeños de población, en que se conoce todo el mundo. En esas notarías de pueblos y ciudades pequeñas el Notario conoce y sabe, casi mejor que el cliente, lo que éste precisa y requiere. Y el cumplimiento del deber de residencia e integración en la comunidad en la que vive es una pieza necesaria, muchas veces olvidada.
En las grandes ciudades el ejercicio de la función social es mucho más complejo. En el entramado de las relaciones jurídicas, se insertan las entidades de crédito, las multinacionales, las grandes promotoras inmobiliarias.... En muchas ocasiones las relaciones jurídicas funcionan a base de negocios de adhesión.
Aquí la función social individual del notario es más compleja, debe de estar ayudada, cada vez con más fuerza, por los órganos corporativos y por el propio legislador, a base de reforzar el principio de libertad de elección de notario, y cualesquiera otras medidas que impidan que el instrumento público quede reducido a un mero documento público.
En tanto en cuanto la función notarial discurra por los cauces de libertad civil, independencia e inmediatividad, que constituyen los paradigmas de la misma, continuará siendo necesaria y básica del principio de seguridad preventiva.
Si se logra, por los medios que sean necesarios, que la masificación contractual  no contamine la pureza de la función notarial, hay que tener fe en el futuro del notariado. En alcanzar este logro está el reto que tienen las actuales generaciones, y no solamente los órganos corporativos, sino todos y cada uno de los notarios.

Observo en ti una cierta añoranza del notariado rural. ¿Crees que es más notario el notario de pueblo?
He servido cuatro notarías en mi vida. Cinco años en un pequeño pueblo. Doce en dos ciudades. Y veinticinco en Madrid.
En todas partes me he sentido a gusto. Pero sí, creo que siento añoranza por la primera. Allí el Notario era prácticamente un semidiós. La gente tenía una fe ciega en el notario. No había intermediarios. La asesoría y el consejo eran simples y completos. Los contratantes siempre estaban en un plano de igualdad y el notario podía ejercer su función sin injerencias extrañas.
En las siguientes y sobre todo en la gran ciudad, desaparece o se diluye en muchos casos la inmediatividad entre notario y cliente, que viene asesorado previamente o aparece con minutas impuestas por la entidad financiera o el promotor del negocio.
En muchas ocasiones el notario tiene que asesorar al abogado, en vez de hacerlo directamente a su cliente. Y no solamente en las relaciones contractuales. Recuerdo haber tenido que enmendar minutas de testamentos redactadas por el letrado del testador. A veces pienso que este asesoramiento es más fácil, pues puedes discutir o discrepar con personas peritas en derecho, y tu responsabilidad puede verse diluida. Pero yo siempre preferí el otro.

¿Quieres decir algo de la Mutualidad Notarial?
Casi prefiero no hacerlo.
El proceso de supresión de la Mutualidad y especialmente la situación en que se encuentra el remanente de sus bienes y el fin que se pretende destinar a los mismos es algo que raya en lo más parecido a una pesadilla de ciencia ficción.
En defensa de la actual situación y del pretendido destino que se intenta dar a los bienes he leído cartas y escritos de compañeros que me han producido auténtica vergüenza e indignación.
Por otro lado solo me resta dar mis más efusivas gracias a los compañeros jubilados que están trabajando para paliar en lo posible el desaguisado, y pedir a sus autores y defensores un poco de sentido común y solidaridad.

 

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