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REVISTAN66-PRINCIPAL

ENSXXI Nº 66
MARZO - ABRIL 2016

MIGUEL ÁNGEL AGUILAR
Periodista

Los conflictos son por lo general luminosos, esclarecedores, mientras que los consensos con frecuencia son creadores de oscuridad, un juego de tinieblas que inhibe la exigencia crítica y propenden a la mutua tolerancia, la del hoy por ti mañana por mí, la del tapémonos todos en el desfalco final, la del consentimiento recíproco en el abuso excusado, el que asciende desde la levedad imperceptible hasta el descaro delirante. Desde luego lo que sabemos es que anulada la diferencia de potencial entre dos puntos de un circuito trazado con un material conductor es imposible que se establezca entre ellos una corriente eléctrica.
Porque es el antagonismo eléctrico entre ánodo y cátodo el que propicia que, si la distancia entre ambos se reduce por debajo de un límite proporcional al voltaje, salte la chispa, se produzca el fenómeno del arco voltaico, y al cerrarse el circuito se haga la luz. "Luz que alumbra en la noche", dicen los versos de Agustín García Calvo, "más espesa hace la sombra/ y más durable acaso”. Luz, más luz, por la que clamaba el 22 de marzo de 1832 poco antes de su muerte. Luz que, como bien sabían los operadores de las cabinas de proyección cinematográfica, permitía a los espectadores sentados en sus butacas tener a la vista la película de los hechos, confirmando el lema de la desaparecida CNN+: "está pasando, lo estamos viendo".

En todo caso, lo que más arriba se dice del antagonismo eléctrico es aplicable punto por punto al antagonismo dialéctico. Ejemplo reciente ha sido el conflicto abierto en las filas de Podemos entre el número uno, Pablo Manuel Iglesias, y el número dos, Íñigo Errejón. La potencia lumínica generada por estas diferencias, medida en lumen, o su sensación, medida en luxes (lux=lumen/m2), ha tratado de amortiguarse por el primero de los antagonistas conforme a la pauta habitual aplicada en los denostados partidos de la vieja política a los que la nueva formación se va pareciendo de modo creciente en un movimiento de aproximación uniformemente acelerado. En cuanto al número dos, ha preferido quitarse de la circulación convencido de aquello de que quien evita la ocasión, evita el peligro.

"Entre los hechos y la manera en que se da cuenta de ellos hay que considerar los instrumentos de observación de que nos servimos para describirlos y los sistemas y recursos que utilizamos para difundirlos como noticia"

Mientras, debe observarse el comportamiento de la brigada de la exégesis (en expresión certera acuñada por José María Ridao), que constituida al modo de la Unidad Militar de Emergencia, dotada únicamente de armas dialécticas y en alerta permanente se aplica con ahínco a la negación de la realidad o, cuando esto deja de ser posible, a la mitigación de los perfiles más duros del conflicto mediante el recurso al eufemismo. Así valdría la pena analizar las dimisiones en Madrid de nueve cargos del consejo ciudadano autonómico el miércoles día 9 de marzo después de que el pasado lunes, día 7, lo hiciera Emilio Delgado, secretario de Organización encuadrado entre los afines a Íñigo Errejón, todavía número dos de la formación. Es un rastro que ilustra la disputa activada entre los llamados sectores pablistas y errejonistas que todavía promete nuevos episodios apasionantes.
Entre los hechos y la manera en que se da cuenta de ellos hay que considerar los instrumentos de observación de que nos servimos para describirlos y los sistemas y recursos que utilizamos para difundirlos como noticia. Pero para mejor entender veamos cómo la historia de la ciencia, de los avances científicos, discurre en paralelo con la del perfeccionamiento de los instrumentos de observación. Telescopios más potentes hicieron observables nuevos astros y permitieron definir sus órbitas, de la misma manera que microscopios de mayor aumento pusieron de manifiesto nuevos fenómenos de los que eran incapaces de dar cuenta las teorías establecidas. De ahí que fuera preciso enunciar otras donde encontraran sentido. Por lo general ha sido la física experimental la que ha precedido y obligado a la física teórica. Sólo en raras ocasiones de la mano de algún genio, como pudo ser Albert Einstein, se produjeron anticipos teóricos que vinieron después a ser confirmados experimentalmente.

"La diferencia entre periódico y servicio exige una reformulación permanente de la oferta a la audiencia en disputa"

Cuestión diferente es que en periodismo algunos piensen lucir como genios aferrándose al principio de que la naturaleza copia al arte y ahorrándose de paso el contraste con las fuentes para evitar que la realidad les emborronara una buena crónica. Fue Picasso quien cuando le objetaron la falta de parecido de un retrato con su modelo replicó "ya se parecerá". En esa línea se han movido sin más genialidad que la arrogancia muchos periodistas. Prontos para el agravio gratuito y carentes de generosidad y de decencia para dar acogida a las réplicas motivadas. Lo que es innegable es el perfeccionamiento tanto de los instrumentos de observación como de los recursos que permiten difundir urbe et orbi y a la velocidad de la luz sus vértices noticiosos. Que la selección de esos vértices sea función capital del periodismo y que haya ido evolucionando a golpe de incesantes innovaciones tecnológicas, que llevaron desde la primitiva transmisión oral a la de signos escritos indelebles; de la invención de la imprenta al nacimiento de la prensa de masas; de las señales de humo y la paloma mensajera, al telégrafo, el teléfono e internet; del nacimiento de la radio y la televisión al tsunami de internet.
Así se han generado otras maneras de acceder a la información y de difundirla como noticia, con consecuencias inducidas sobre el modus operandi del periodismo. Porque todas estas innovaciones han transformado de manera radical los sistemas de impresión, multiplicado los soportes donde se presenta la información noticiosa y acelerado la velocidad a la que se difunde hasta alcanzar la sincronía con los acontecimientos de que dan cuenta, como ahora se dice en tiempo real. Se produce así una interferencia desastrosa entre el acontecimiento y su difusión, un cortocircuito entre la causa y el efecto, como entre el objeto y el sujeto experimentador en física cuántica, según precisa Jean Baudrillard en su libro La ilusión del fin (Anagrama. Barcelona, 1993). Los nuevos instrumentos y sistemas han alterado la forma de trabajo de las redacciones. La tecnología ha anulado la distancia medida en tiempo respecto de los acontecimientos, ha instaurado la prioridad de la inmediatez, ha ampliado el radio en que pueden difundirse "en vivo y en directo, en tiempo real" los mensajes y ha permitido procesar las reacciones, el feed back de la audiencia.

"Las modificaciones del entorno tecnológico tienen el efecto de un revelador para confirmar o invalidar qué periodismo tiene sentido y cuál carece de él"

El caso es que Internet, que nació como un sistema que anulaba la distancia informativa y hacía posible la difusión de los medios existentes -prensa, radio y televisión-, operaba en la práctica también como una plataforma donde era posible desplegar otras maneras distintas de hacer periodismo. La cuestión que surge es la de cómo abordar ese nuevo escenario, cómo asumir los cambios experimentados en los medios de comunicación. Algunos de los grupos y de las cabeceras tradicionales de la prensa se unen al coro de quienes mantienen la prevalencia indiscutible de la prensa digital. Por esa senda transforman las redacciones y dejan al periódico en soporte papel relegado al plano de la irrelevancia, en vísperas de una próxima extinción, o de devenir una rara avis en un futuro enjaulado de colores cibernéticos. Otros grupos consideran por el contrario que la edición impresa es la que actúa como agencia calificadora de la realidad, la versión contrastada y ponderada, el referente más valioso, mientras que los cuelgues en las web derivan hacia un servicio en flujo permanente. Esa diferencia entre periódico y servicio exige una reformulación permanente de la oferta a la audiencia en disputa. Ambas opciones -periódico y servicio- tienen sentido. Pero los números de acompañamiento indicarían que los otrora rentables periódicos impresos distan de encontrarse en sus mejores momentos, tras la caída de las ventas y de la publicidad; mientras que el modelo de financiación del periodismo digital sigue siendo una quimera sin aclarar. En todo caso, las modificaciones del entorno tecnológico tienen el efecto de un revelador para confirmar o invalidar qué periodismo tiene sentido y cuál carece de él.
Cualquiera que sea lo que el futuro nos depare a una y otra alternativa, podría suceder que del mismo modo que la radio convivió con la prensa escrita y la televisión dejó su espacio propio a la radio, la prensa digital dejara de ser una amenaza de extinción para la prensa sobre soporte papel. Incluso que pudiera generar sinergias y oportunidades para que las audiencias que in illo tempore fueron limitadas y selectivas hasta que se multiplicaron con la prensa popular, volvieran a ganar significación como signo distintivo que añadiera valor a sus lectores deseosos de darse ese lujo. Y hemos visto que el sector del lujo ha sido el único exento de la crisis que ha laminado tantos otros. Como ha escrito Walter Isaacson, el Presidente del Aspen Institute, journalism isn't broken. What's broken is the business model of jornalism.

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