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REVISTAN70-PRINCIPAL

ENSXXI Nº 70
NOVIEMBRE - DICIEMBRE 2016

Por: ANTONIO PÉREZ SANZ
Decano honorario del Colegio Notarial de Madrid

Retazos de historia del Colegio Notarial de Madrid

A propósito de la fiesta celebrada el pasado día 14 de noviembre de 2016

Hablar de las fiestas religiosas de los escribanos de Madrid, y por extensión de su actual Colegio, es hablar de la historia de la corporación notarial madrileña.En efecto, las primeras organizaciones colectivas de los escribanos se encuentran en las cofradías, congregaciones y cabildos que se crean bajo advocación y amparo de la Virgen María o de algún Santo proclamado por la Iglesia Católica, de modo que, aunque su finalidad inmediata fuera estimular la piedad y fe religiosa de sus componentes, en la realidad práctica servían de vehículo para la defensa corporativa de sus miembros, disciplinar su actividad profesional y defender sus intereses, así como establecer instrumentos de solidaridad que, en caso de dificultades, proporcionarían un efectivo apoyo humano y económico a los integrantes del grupo y, por extensión, a sus viudas y huérfanos.
Se ha dicho con verdad que “la mayor parte de las veces la cofradía sirve de embrión al gremio”, y esta verdad, como veremos, la encontramos corroborada en la colectividad notarial.
Prescindiendo de antecedentes históricos más remotos, tomaremos como punto de partida el establecimiento de la capitalidad del Reino en Madrid (1561), donde entre la gran diversidad de escribanos ejercientes en la Villa, todos de nombramiento real, solo los Escribanos de Número y los Escribanos Reales-Notarios de Reinos tendrían una organización corporativa propia.

"Sólo los Escribanos de Número y los Escribanos Reales-Notarios de Reino tendrían una organización corporativa propia"

Los Escribanos de Número, que representan la figura más próxima a nuestro actual notariado, fueron así llamados porque su número era cerrado. Eran titulares de un oficio local, y en su nombramiento se precisaba que el ejercicio de la fe pública que se les reconocía quedaba adscrito a una localidad determinada, en nuestro caso Madrid. En la fecha a que nos hemos referido el número de este tipo de escribanos se había fijado en veintitrés, número que se conservaría hasta la promulgación de la Ley del Notariado. Estos Escribanos de Número de Madrid se agrupaban y organizaban corporativamente en un Cabildo que fundaría una Hermandad bajo la advocación y protección de San Juan Evangelista, regida por unas normas aprobadas en 1643. Estas normas, de contenido fundamentalmente religioso, dieron lugar a unas Ordenanzas generales de la corporación que serían aprobadas por Decreto del Rey Felipe IV en 1733. En ambos textos se destaca la obligación que asume el Cabildo de celebrar la Fiesta del Patrón “con Misa Cantada, Música y Sermón”. Esta celebración tendría lugar, el día veintiocho de diciembre de cada año, en la Capilla que el Cabildo tenía en la Iglesia del Salvador (situada en la Plazuela de San Salvador, hoy de la Villa, y conocida vulgarmente como Parroquia de la Villa), y así se hizo hasta que esta Iglesia fuera demolida en 1841.
Los Escribanos o Notarios de Reinos o Reales era el otro grupo citado de escribanos presentes en Madrid. Poseedores de un título personal que les habilitaba para el ejercicio de la fe pública, no eran detentadores de un oficio. Su número no era limitado y su actuación se concretaba a los lugares donde no existieran Escribanos de Número y a las plazas donde se estableciera la Corte. Por eso la instalación de ésta en Madrid supuso la presencia de un colectivo notable de estos Notarios Reales, en constante aumento (llegaron a ser más de doscientos) y en abierta competencia con los numerarios. En Madrid la historia de los Notario de Reinos se traduce en su lucha para conseguir la equiparación de sus funciones y de su “status social” con los propios de los Escribanos de Número. Pues bien, el colectivo de estos Notarios Reales en nuestra Villa, por su importancia numérica y su permanente estado de tensión con los numerarios, tuvo una organización corporativa completa, que, fundada también en una Hermandad de carácter religioso, llegó a conseguir la condición de Colegio. La Real Hermandad de Nuestra Señora del Ruego, Pedrea y Ánimas del Purgatorio fue fundada por los Escribanos-Notarios de Reinos y aprobada en 1653, teniendo capilla propia en el Convento de Santo Tomás de Aquino, sito en la calle de Atocha. Esta Hermandad logró en 1709 la aprobación de sus Ordenanzas y en 1776 la creación del Colegio de Escribanos Reales Notarios de los Reinos de Madrid, que quedaría anejo e inseparable a la Real Hermandad, unión que se formalizó en escritura autorizada el 10 de julio de 1783 por el escribano de Madrid Don Francisco de Milla, disponiéndose expresamente “Que se haga anualmente la Fiesta de Nuestra Señora en el día de su Patrocinio”. Esta Fiesta se celebraba, en torno al día nueve de noviembre de cada año, en la citada Capilla que la Hermandad-Colegio tenía en el Convento de Santo Tomás, en cuyo altar se encontraba y veneraba la imagen representada en un cuadro pintado por Lucas Jordán, cuadro que mostraba a las Ánimas del Purgatorio por quienes intercedía la Virgen María.

"Los Escribanos de Número de Madrid se agrupaban y organizaban corporativamente en un Cabildo, bajo la advocación y protección de San Juan Evangelista"

Con la Ley del Notariado de 1862 quedan refundidos en un único cuerpo los diversos tipos de escribanos y notarios que existían en la Villa de Madrid, siendo agrupados en una organización colegial unitaria por R.O. de 30 de mayo del mismo año de 1862, en la que se especifica que el cabildo de escribanos de número de la corte se refundiría en el colegio de notarios, desde entonces llamado “Colegio de Notarios de Madrid” o “Colegio Notarial de Madrid”. Es importante resaltar, a efectos de nuestro tema, que el Reglamento Notarial de 1862 aclara que “continuarán en vigor las prácticas religiosas y las de orden y ritualidad de los suprimidos colegios” (art. 139).
Continúan, pues, las celebraciones religiosas pero refundiéndose en una, igual que se habían refundido las corporaciones. La fiesta anual se hará en honor de Nuestra Señora del Buen Ruego y San Juan Evangelista, a quienes corresponde el patrocinio conjunto del notariado madrileño. La misa se celebrará en los primeros días de noviembre de cada año en la misma Capilla del Convento de Santo Tomás, en el altar presidido por el cuadro de Lucas Jordán, al que se añadirá un conjunto escultórico, regalado al Colegio en 1865 por el notario Don Vicente Castañeda. Este grupo escultórico es copia o imitación del cuadro y, según explica el donante, representa “a nuestro Divino Redentor sentado en una nube, resplandeciente de gloria... A sus pies y de rodillas se encentra su adorada Madre intercediendo con sus ruegos por las benditas ánimas que desde el lugar de la expiación elevan sus clamores que enternecen el corazón de la mejor de las madres…”. El autor de la escultura fue don Mariano Bellver, maestro escultor honorario de Cámara de S.M., del que encontramos diversos conjuntos escultóricos en las Iglesias de San Ginés, Jesús de Medinaceli y el Convento de los Padres Capuchinos de El Pardo.

"La Real Hermandad de Nuestra Señora del Buen Ruego, Pedrea y Ánimas del Purgatorio fue fundada por los Escribanos-Notarios de Reinos"

La demolición del Convento de Santo Tomás, en el año 1876, produjo la destrucción de la Capilla propiedad de los notarios y la pérdida del cuadro de Lucas Jordán, conservándose el conjunto escultórico que ha ido acompañando a las distintas sedes del Colegio Notarial. Instalado el Colegio en el edificio adquirido en 1878, número 14 de la calle de la Bolsa, las sucesivas fiestas religiosas se celebrarían anualmente en la Sacramental de San Isidro y en la Iglesia de Santa Cruz, templos próximos a la sede colegial, adaptándose a las circunstancias económicas de los tiempos, lo que justificó que en 1899 se mantuviera la función religiosa “pero sin orquesta, buffet y gastos de adorno”.
En 1927 se inaugura la nueva sede del Colegio en el edificio de Juan de Mena 9, que contaba con capilla u oratorio privado. Allí se colocó el Conjunto escultórico de Mariano Bellver. Desmontada la Capilla en 1950, al celebrarse en Madrid el II Congreso Internacional del Notariado Latino, la escultura se trasladó en depósito a la Iglesia de San Jerónimo el Real, donde está instalada en la primera capilla existente a la izquierda según se entra por la puerta principal. Durante años, el día de la fiesta se colocaba la escultura a la derecha del altar mayor, costumbre hoy abandonada por razones de seguridad. 

"Los Escribanos de Número de Madrid se agrupaban y organizaban corporativamente en un Cabildo, bajo la advocación y protección de San Juan Evangelista"

Por lo que respecta a la Fiesta Religiosa su celebración se interrumpió en 1931, con el advenimiento de la República. En 1935 se acuerda que se oficiara la función religiosa el 10 de noviembre, quedando desde entonces interrumpida esta celebración hasta que se restableció en 1958 perdurando hasta nuestros días. Hay que reseñar el error en que incurre su convocatoria, pues reduce el Patronazgo a la Virgen del Buen Ruego omitiendo la referencia a San Juan Evangelista, también histórico Patrono. 
Pasando de la historia al presente, como decía al principio, el pasado día 14 de noviembre, en la Iglesia de San Jerónimo el Real, se ha celebrado la tradicional Misa en honor de nuestros Patronos. Ofició la ceremonia el Sacerdote Don Manuel María Bru (hijo de nuestro compañero Carlos Bru), quien pronunció una atinada homilía de la que destaco los siguientes párrafos:
“Una bella imagen en una de nuestras capillas laterales de la Parroquia nos muestra una advocación poco conocida de la Virgen María, aquella que lleva por nombre Nuestra Señora del Buen Ruego. Ella es la patrona de los notarios, y su propio nombre pone de manifiesto la relación entre la prerrogativa que María tiene como intercesora universal ante su Hijo de las oraciones y peticiones de sus hijos, y esa bella disposición humana a atender los ruegos de los demás, en sus necesidades tan diversas… en el día a día, en las cosas más variopintas de la vida cotidiana… Continuamente estamos pidiendo, y por tanto rogando, infinidad de cosas a nuestros semejantes…. Y no solo pedimos, sino que del mismo modo que pedimos, atendemos a su vez las demandas y peticiones que tantos otros nos hacen… Pues bien la noble profesión de notario responde perfectamente a estos parámetros, es un trabajo que responde a diversidad de ruegos (de asesoramiento, de confianza, de gestión y fe de actos administrativos, etc.)… Qué buena advocación la de Santa María, Nuestra Señora del Buen Ruego para vuestra profesión… en ella podréis encontrar un modelo, el modelo de quien ofrece disponibilidad personal ante Dios… y modelo de quien está atento a los ruegos de los hombres a escuchar, a atender, a ayudar ante las necesidades… Santa María del Buen Ruego escucha los ruegos que hoy te hacemos los que te reconocemos como patrona y protectora y enséñanos a estar siempre atentos de los ruegos que a nosotros también otros nos hacen”.

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