Menú móvil

El Notario - Cerrar Movil

ENSXXI Nº 29
ENERO - FEBRERO 2010

J. EMESA (+) y A. SPEI

La condecoración

Las inocentadas producían un doble efecto: Uno en el presumible candoroso destinatario y otro, que pudiéramos llamar colateral, en la familia, los amigos y su entorno, lo que era mucho más sorprendente.
Pues bien, un buen fedatario de antigua amistad, que había recibido algunas de nuestras bromas, nos dijo que ponía a nuestra disposición unas cuartillas con sus correspondientes sobres, en excelente papel, con un membrete que en el que, bajo el escudo de España, se leía "El Ministro de Justicia" en preciosa letra inglesa y, desde luego, todo en relieve, que había conseguido no sabemos ni dónde ni cómo ni cuándo. Ya se comprende que no podíamos dejar pasar tan prometedora ocasión por lo que empezamos a mandar cartas a varios compañeros con las circunstancias adecuadas a cada caso y así, por ejemplo, a uno de ellos: "Tengo la satisfacción de comunicarle que, en atención a los servicios prestados por V.S. como accidental Decano del Ilustre Colegio Notarial de .... le ha sido concedida la Cruz de San Raimundo de Roquefort. En espera de enviarle el título acreditativo correspondiente, me es grato ofrecerle con mi felicitación el testimonio de mi consideración personal más distinguida" y a continuación el garabato a modo de firma que suponemos que en nada se parecería a la de nuestro Notario Mayor del Reino.
Los efectos sobrepasaron nuestra imaginación. Un colega subió a su coche, metió la carta en la guantera y al primer amigo que ocupó su inmediato asiento le dijo, "anda, abre ahí y mira lo que he recibido". Así lo hizo su pasajero que lo felicitó y lo comunico a otros amigos comunes que le organizaron un banquete en uno de los restaurantes de la capital, en el que no faltaron ni los elogiosos discursos de los circunstanciales oradores ni las sentidas palabras de agradecimiento del condecorado.
Otra carta fue enviada al sustituto del Registro de la Propiedad de una villa norteña "en atención a los reiterados servicios en ese Registro y a su dilatada trayectoria profesional". El condecorado, hombre campechano, amigo nuestro y compañero de cacerías del Alcalde, que por cierto, tenía algo que ver con la actividad jurídica, se lo enseñó a éste que le aclaró, apuntándose el tanto, "bueno, ya lo esperaba porque en un viaje a Madrid pasé por el Ministerio en donde informé favorablemente, pero no te quise decir nada por si no cuajaba"... Ah! y el Registrador comentó en el casino que le parecía muy bien, porque era un empleado diligente y eficaz, pero que si le daban esa condecoración, "a mí, que al fin y al cabo soy el responsable y titular del Registro, tenían que darme la de categoría superior".
Hubo un agraciado que preguntó en una dependencia del Ministerio si le regalaban la cruz y si había algún acto de su imposición. Otro, según nos confesó regocijado él mismo, se pasó por una de las joyerías de la calle Mayor solicitando precios de la cruz de San Raimundo de Roquefort, aunque no le pudieron satisfacer porque tenía que precisar la clase o categoría de la condecoración, pero cayó en la cuenta al preguntarle el joyero "no será la de San Raimundo de Peñafort" -"Bueno, sí, eso, -comentó un tanto avergonzado y saliendo rápidamente del establecimiento- volveré en cuanto reciba el diploma"; y nos colocó in mente y luego hasta mascullando entre los irisados salidos del armario, mueble en el que, por cierto y excusado es decirlo, jamás hemos estado metidos.
En un populoso lugar de la Mancha, de cuyo nombre sí queremos y podemos acordarnos, con el que el distinguido tenía raíces y vinculaciones además de su condición de residente, unos compañeros de distrito del receptor (no diremos recipiendario, ¡horror!) de la broma decidieron regalarle la presea que costearían a riguroso escote y que se impondría en un acto homenaje con la entusiasta adhesión del Alcalde que, a tal fin, puso a su disposición el salón de actos del edificio consistorial “porque eso nunca había ocurrido aquí”. Y hubo alguna esposa que se apresuró a decírselo a sus amigas satisfecha de que, al fin, se reconocieran los méritos de su consorte "y sin solicitarlo ni recurrir a nadie" .... Más de uno estimó que en esto había mucho enchufe, mucha presión y que sabía de compañeros que lo merecían más que otros .... "pero, en fin, así van aquí las cosas". Y varios episodios más.
Evidentemente cada uno lee lo que quiere leer, pero nosotros nos sentimos muy satisfechos de premiar a varios amigos, que verdaderamente eran merecedores del auténtico galardón, proporcionándoles la tan efímera alegría de la gloria; y nos quedamos admirados de que, pese a los penetrantes y conocidos efluvios del trucado apellido del santo de la cruz, inicialmente nadie se oliera el camelo.

El buen funcionamiento de esta página web depende de la instalación de cookies propias y de terceros con fines técnicos y de análisis de las visitas de la web.
En la web http://www.elnotario.es utilizamos solo las cookies indispensables y evaluamos los datos recabados de forma global para no invadir la privacidad de ningún usuario.
Para saber más puede acceder a toda la información ampliada en nuestra Política de Cookies.
POLÍTICA DE COOKIES Rechazar De acuerdo