
ENSXXI Nº 127
MAYO - JUNIO 2026

NOTICIAS DEL ILUSTRE COLEGIO NOTARIAL DE MADRID
El pasado 11 de mayo los notarios del Ilustre Colegio Notarial de Madrid celebraron, como es costumbre, la festividad de su Santo Patrón San Juan Evangelista “ante Portam Latinam”. Antes del habitual almuerzo de hermandad tuvo lugar en la parroquia de San Jerónimo el Real una Eucaristía presidida por el nuevo párroco Don Alfonso Lozano, que obsequió a los presentes con una bellísima homilía que merece ser destacada.
Tras definir a San Juan como el Apóstol de la luz, de la vida y de la verdad, trazó un paralelismo entre la verdad cristiana (Cristo) y la verdad que acompaña a la función notarial. La primera se vincula a la persona de Cristo, cuya existencia entera se vuelve creíble. De igual manera el notario crea la verdad, pero no a su antojo: ha de reconocerla, verificarla, ordenarla, documentarla y custodiarla. No puede abandonarla a la fragilidad de la memoria o a la inseguridad de las palabras privadas. El notario no solo firma, sino que pone su responsabilidad al servicio de la confianza social.
El notario se vuelve creíble no solo a través de su competencia técnica, sino también mediante su prudencia, imparcialidad, escucha, discreción y rectitud. De esta manera la verdad se abre paso y crea confianza.
Pero no siempre ser testigo de la verdad es cómodo. Se vuelve más puro cuando hay presión, incomprensión o riesgo. Puede haber “martirios” discretos: la presión de quien quiere forzar una interpretación, la tentación de mirar hacia otro lado, el cansancio que lleva a la rutina, la prisa que amenaza la escucha, el interés económico que puede oscurecer la justicia, la complejidad técnica que puede alejar del rostro concreto de la persona.
De ahí la necesidad de unos sólidos conocimientos técnico, sí, pero también de algo más: sabiduría interior. Y ello implica conciencia formada, humildad para escuchar, valentía para decir no, paciencia para explicar, prudencia para discernir y caridad para no olvidar que detrás de cada documento hay vidas humanas. Y esta sabiduría es para los cristianos un don del Espíritu.
Finalmente pidió que San Juan concediera a todos saber mirar la realidad con profundidad, custodiar la verdad con amor y permanecer firmes “cuando esa verdad atraviese el fuego”.





