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Por: ÁLVARO ANCHUELO CREGO
Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Rey Juan Carlos

BREXIT

El Reino Unido siempre ha participado reticentemente en el proyecto de integración europea. En 1957, no estuvo entre los primeros firmantes del Tratado de Roma. Prefirió impulsar un proyecto alternativo, la EFTA (una asociación de libre comercio con menos ambiciones de integración), a la que sólo logró atraer a pequeños países. Únicamente tras fracasar esta estrategia y constatar el mayor crecimiento económico logrado en el continente, solicitó su adhesión (en 1961). Tuvo entonces que enfrentarse por dos veces (en 1963 y 1967) al veto de Francia, que no deseaba compartir el liderazgo europeo del que disfrutaba junto a Alemania. Lograda la incorporación, en 1973, el entusiasmo europeísta británico siguió siendo perfectamente descriptible. En la época de Margaret Thatcher, luchó con éxito por reducir sus aportaciones al presupuesto común, gracias al llamado “cheque británico”. Fue paladín de la ampliación al Este, como forma de diluir en un mayor espacio geográfico las posibilidades de profundizar en la integración. En cuanto a la moneda única, eligió mantenerse fuera. Asimismo, se ha opuesto tradicionalmente a las escasas políticas sociales puestas en marcha a nivel europeo y se ha mantenido fuera del área de Schengen.
Nada tiene de sorprendente, por tanto, que cuando se multiplican las grietas que resquebrajan el edificio europeo, éstas se manifiesten con especial virulencia en su pilar más débil. Ni los rescates bancarios y soberanos, ni la falta de crecimiento, ni la crisis migratoria, han contribuido a mejorar la popularidad de la idea europea. De este caldo de cultivo se han aprovechado los grupos antieuropeistas, para lograr por fin su objetivo. La ocasión se la ha proporcionado el irresponsable Primer Ministro David Cameron, incorregible aficionado a la ruleta rusa, quien se comprometió a realizar el referéndum para apaciguar las divisiones internas de su propio partido.

"Nada tiene de sorprendente que cuando se multiplican las grietas que resquebrajan el edificio europeo, éstas se manifiesten con especial virulencia en su pilar más débil. Ni los rescates bancarios y soberanos, ni la falta de crecimiento, ni la crisis migratoria, han contribuido a mejorar la popularidad de la idea europea"

Han formado en las filas de la campaña favorable al Brexit el UKIP, el poderoso grupo euroescéptico del partido conservador, así como algunos laboristas (cuyo partido ha hecho campaña débilmente a favor de la permanencia). Han desempeñado un papel decisivo influyentes medios de comunicación, como los tabloides (periódicos sensacionalistas) de gran difusión popular, con su constante apelación a los bajos instintos xenófobos de la Inglaterra profunda. No obstante, que una decisión sea mayoritaria no implica necesariamente que sea acertada, como los hechos están demostrando. Las consecuencias económicas serán considerables para España, el conjunto de la Unión Europea y, sobre todo, el Reino Unido.
En efecto, aunque desde España se ha contemplado la campaña del referéndum británico como algo ajeno, en realidad se trata de uno de los países más afectados, dada la intensidad de las relaciones económicas mutuas. Esto ya se ha podido percibir en las primeras reacciones de los mercados financieros, al ser la Bolsa de Madrid la que experimentó las mayores caídas. El aumento de la incertidumbre sobre la solidez del proyecto europeo tampoco favorecerá el buen comportamiento de la prima de riesgo española, variable crucial en un país tan endeudado.

"Aunque desde España se ha contemplado la campaña del referéndum británico como algo ajeno, en realidad se trata de uno de los países más afectados, dada la intensidad de las relaciones económicas mutuas"

Al margen de estas turbulencias más inmediatas, existen elementos estructurales. El Reino Unido es el principal origen del turismo español. En 2015 nos visitaron 15,5 millones de turistas británicos, que supusieron la cuarta parte del total. Sus gastos ascendieron a unos 14.000 millones de euros (el 21% de los ingresos turísticos totales). Los británicos que residen permanentemente en España son unos 300.000 (lo que les convierte en la tercera nacionalidad más numerosa); otro medio millón, reside parte del año. En sentido contrario, el Reino Unido es el principal destino para la emigración española.
El Reino Unido es también el destino del 14% de la inversión española directa en el exterior, que tiene especial fortaleza en el sector financiero, y el origen del 10% de la que recibimos. No se olvide, por último, la existencia de la anacrónica colonia de Gibraltar, con todas sus implicaciones.
El conjunto de la Unión Europea sufrirá, así mismo, efectos económicos negativos (sobre el comercio, la inversión…), pero serán relativamente poco importantes, dado el tamaño de la suma de las economías continentales frente a la británica. A modo de ejemplo, para los países miembros continentales las exportaciones al Reino Unido sólo suponen el 10% del total.
El más preocupante efecto negativo del Brexit para el continente es el riesgo de contagio (que siembra dudas sobre el futuro del proyecto de integración europea). Ya existían algunas incertidumbres sobre el futuro del euro, que a partir de ahora pueden extenderse, en forma de crisis de confianza en la propia Unión. En consecuencia, la Unión Europea tendrá claros incentivos a la dureza en las negociaciones con el Reino Unido, como forma de evitar que su caso se convierta en un precedente a imitar por otros países miembros. Otro efecto a tener en cuenta será el cambio en el equilibrio de poderes dentro de la Unión Europea. El reflejo institucional de la salida británica (en el Parlamento Europeo, la Comisión, el Consejo…) reforzará la ya demasiado evidente hegemonía germana.
Aunque suponga un triste consuelo en medio de este estropicio, será el Reino Unido el que sufra unos efectos económicos negativos más claros. El inesperado triunfo del Brexit ha generado una enorme incertidumbre. Se desconocen cuáles serán los futuros acuerdos con la Unión Europea. El Primer Ministro ha anunciado su dimisión para dentro de unos meses. El líder de la oposición laborista está cuestionado. Las tensiones independentistas en Escocia e Irlanda del Norte se han reavivado, poniendo en serio riesgo la integridad territorial. Los efectos de un grado de incertidumbre tan alto sobre la inversión (tanto doméstica como extranjera) y el consumo no serán despreciables. Las consecuencias más rápidas y espectaculares han sido las puestas de manifiesto en los mercados financieros: la libra se ha hundido a mínimos de treinta años, la Bolsa se ha desplomado, las agencias de calificación han revisado a la baja el rating…

"El más preocupante efecto negativo del Brexit para el continente es el riesgo de contagio (que siembra dudas sobre el futuro del proyecto de integración europea). Ya existían algunas incertidumbres sobre el futuro del euro, que a partir de ahora pueden extenderse, en forma de crisis de confianza en la propia Unión"

Casi la mitad de la inversión extranjera directa localizada en el Reino Unido proviene del resto de la Unión Europea. Incluso en el caso de la inversión extranjera no europea, buena parte se localiza allí como puerta de entrada al Mercado Único. La depreciación de la libra reducirá las ganancias en euros o dólares de estas empresas. En este nuevo escenario, algunas pueden deslocalizarse, otras no situarse allí en el futuro. Dentro de este negro cuadro general, destaca el caso del sector financiero, dada la importancia de la City.
Frente a estos evidentes perjuicios económicos del Brexit, que sus promotores negaron y ridiculizaron durante la campaña como el “Proyecto del miedo”, las supuestas ventajas prometidas no parece que vayan a materializarse.

"Aunque suponga un triste consuelo en medio de este estropicio, será el Reino Unido el que sufra unos efectos económicos negativos más claros. El inesperado triunfo del Brexit ha generado una enorme incertidumbre"

El ahorro de dejar de contribuir al presupuesto común de la Unión Europea es realmente muy pequeño. Cada país aporta a ese presupuesto aproximadamente un 1% de su renta nacional. A lo que el Reino Unido aporta (cifra en la que se suele centrar el debate) hay que restar lo que recibe, en forma de fondos agrarios y regionales (sobre todo en Escocia, Gales e Irlanda del Norte). Por otro lado, el llamado “cheque británico” garantiza que a este país se le devuelvan dos tercios del saldo neto negativo resultante. Hechos estos ajustes, la cifra final equivale a alrededor del 0.3% del PIB.
Respecto al control de la inmigración, ésta incluye personas (a menudo jóvenes y cualificadas) que la economía británica necesita. No quitan puestos de trabajo a los nativos, pues el paro es inexistente (del 5%). Por otro lado, el grado de control para regular los movimientos migratorios que ahora logre el Reino Unido dependerá del tipo de nueva relación que establezca con la Unión Europea. Probablemente, respetar el principio de libre circulación de las personas sea un requisito indispensable para acceder al Mercado Único. No en vano, se trata de uno de sus componentes esenciales, junto a la libre circulación de bienes, servicios y capitales.
Por último, la recuperación de la soberanía legislativa y el acceso al Mercado Único son objetivos contradictorios. No es posible lograr ambos al mismo tiempo. Cuanto mayor sea el acceso al Mercado Único, más serán las normas comunitarias a cumplir, de forma que se compita en igualdad de condiciones y se respeten los estándares europeos. El cambio fundamental residirá en que los británicos tendrán que cumplir una legislación europea en cuya formulación habrán dejado de participar. Curiosa forma de ganar soberanía, como puede verse.

Palabras clave: Brexit, Unión Europea, Economía española.
Keywords: Brexit, European Union, Spanish Economy.

Resumen

El Reino Unido siempre ha participado reticentemente en el proyecto de integración europea. Al multiplicarse las grietas que resquebrajan el edificio europeo, éstas se han manifestado con especial virulencia en su pilar más débil. De este caldo de cultivo se han aprovechado los grupos antieuropeistas para lograr su objetivo. Las consecuencias económicas serán considerables para España, el conjunto de la Unión Europea y, sobre todo, el Reino Unido. España será uno de los países más afectados, dada la intensidad de las relaciones económicas mutuas. El más preocupante efecto negativo del Brexit para el continente es el riesgo de contagio en otros países miembros, por las dudas que genera sobre el futuro del proyecto de integración europea. Será el Reino Unido el que sufra unos efectos económicos negativos más claros. El inesperado triunfo del Brexit ha generado una enorme incertidumbre interna y sobre los futuros acuerdos con la Unión Europea.

Abstract

The UK has always been a reluctant participant in the project of European integration. The cracks in the European building are multiplying and have now appeared in its weakest pillar. This breeding ground has exploited the anti-European groups to achieve its goal. The economic consequences will be significant for Spain, the whole of the European Union and especially the UK. Spain will be one of the countries most affected, given the intensity of mutual economic relations. The most worrying negative effect of Brexit for the continent is the risk of contagion to other member countries, which generates doubts about the future of the European integration project. The UK will suffer the clearer negative economic effects. The unexpected triumph of Brexit has generated an enormous internal uncertainty about future agreements with the European Union.

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