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REVISTAN71-PRINCIPAL

ENSXXI Nº 71
ENERO - FEBRERO 2017

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Por: JOSÉ ARISTÓNICO GARCÍA SÁNCHEZ
Decano Honorario


LOS LIBROS por JOSÉ ARISTÓNICO GARCÍA SÁNCHEZ

Harari predice en su nueva obra, Homo Deus, que si se mantiene, la actual ecuación evolutiva conducirá necesariamente a la humanidad a la autodestrucción

Acaba de publicarse la segunda parte de uno de los mayores éxitos editoriales de los últimos años, Sapiens, de animales a dioses (Editorial Debate, 2015) que comenzó teniendo una inusitada notoriedad, primero en Israel donde vio la luz en lengua hebrea y donde se vendieron en pocas semanas más de trescientas mil copias, y que después de ser seleccionada por Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook para su lista on-line, fue traducido a treinta idiomas y ha vendido más de un millón de ejemplares en dos años. Es una brillante, rompedora y hasta provocativa historia de la humanidad desde la aparición de los humanos, hace 70.000 años en un rincón de África, hasta nuestros días. La segunda parte que acaba de aparecer Homo Deus. Breve historia del mañana (Editorial Debate, 2016) trata, en el mismo estilo, de alarmarnos describiendo el futuro que espera a los humanos si la evolución sigue el camino que ha emprendido y los retos a que se verán enfrentados en un futuro no tan lejano.

Ambas obras están escritas por Yuval Noah Harari, judío de origen libanés, doctorado en la Universidad de Oxford en 2002 y que en la actualidad es, además de miembro de la Academia Israelí de Ciencias y Humanidades, profesor de Historia en la Universidad Hebrea de Jerusalén, demostrando en sus obras una original valoración de los procesos macrohistóricos y una exuberante imaginación para intuir, razonando y aplicando con rigor las reglas de la lógica deductiva, la estación terminal que inexorablemente encontrarán los humanos al final del proceso de evolución tecnológica que han emprendido.

"En 'Sapiens' Harari se pregunta cómo un simio insignificante había terminado por imponer su supremacía sobre todos los demás ocupantes del planeta. Y en un alarde de intuición oracular encuentra la explicación en las redes de cooperación"

En la primera obra Harari se preguntaba cómo un simio insignificante había terminado por imponer su supremacía sobre todos los demás ocupantes del planeta. Y en un alarde de intuición oracular encuentra la explicación. Han sido las redes de cooperación en progreso creciente y evolucionando desde la tribu, el clan, la iglesia, la ciudad, la nación hasta el imperio, las agrupaciones internacionales, los organismos supranacionales y marcas globalizadas etc… las que lo han conseguido. Son redes que solo la especie humana puede crear porque es la única especie que, en su evolución cognitiva es capaz de crear mitos o ficciones colectivas que seducen a grandes multitudes, despertando entre ellas tramas comunes de colaboración a gran escala que potencian su agresividad y su poder. Para Harari ésta es la única y excluyente explicación. Los choques en forma de tensiones, violencia y guerras intergrupales, se producen cuando los mitos o ficciones colectivas son antagónicas. Su fusión progresiva evitará el choque e incrementará el dominio.
Así lo anuncia ya en la primera parte de la obra, la que cubre desde los orígenes del universo hasta el triunfo del homo sapiens sobre todas las demás especies animales, época que Harari llama de la revolución cognitiva. En la posterior, era neolítica, 2ª parte de la obra, la de la revolución agrícola de hombres sedentarios se empiezan a crear las organizaciones complejas que conllevan la jerarquización de grupos y el patriarcado. En la tercera, que llega hasta la edad moderna, se produce la unificación progresiva de la sociedad, con la aparición de imperios mundiales cada vez más grandes, creados sobre las grandes ficciones, sean religiones monoteístas, cristianismo o Islam, o sean laicas, como el liberalismo, el fascismo, el capitalismo o el comunismo.

"La especie humana es la única que, en su evolución cognitiva es capaz de crear mitos o ficciones colectivas que seducen a grandes multitudes, despertando entre ellas tramas comunes de colaboración a gran escala que potencian su agresividad y su poder"

En esta constante evolución se han ido desactivando los primero retos que acuciaron a la humanidad, hambruna, peste y guerras, aunque no se han erradicado del todo ni siquiera con la revolución científica y técnica que se ha producido. Sin embargo, los grandes hallazgos de la revolución industrial y de la ingeniería genética, sí han empezado a socavar las leyes de la selección natural, esas leyes que parecían eternas e inamovibles y que habían regido todas las fases de la evolución humana hasta la fecha. Hoy esas leyes están siendo usurpadas por las leyes del diseño inteligente. Y han empezado a ser quebradas, dice Harari, por la ingeniería biológica: cambio de sexo, modificación de genes, intento de recreación de animales o razas extinguidos etc. También intenta quebrarlas la Ingeniería de ciborgs, seres que combinan partes orgánicas e inorgánicas, marcapasos, ortóticos, oídos o brazos biónicos, implantación de chips o electrodos que captan señales cerebrales y las transmiten a ordenadores u otros dispositivos externos, la proyectada interfaz directa en doble sentido cerebro/ordenador que daría lugar a algo no humano ni siquiera orgánico, etc., etc. Y más lejos aún quiere llegar la ingeniería de vida inorgánica con programas y virus informáticos que tratan de emular los métodos de la evolución genética, incluso con mutaciones y errores ocasionales programados que inundarían el ciberespacio y experimentarían por sí mismos y por su cuenta una evolución no orgánica. Recuérdese, solo a titulo de ejemplo, el Proyecto Cerebro Humano, fundado en 2005, que hace dos años recibió una ayuda de la CEE de 1.000 millones de euros y trata de recrear un cerebro completo dentro de un ordenador. Y la medicina personalizada, adaptada automáticamente al ADN individual, que ya ha comenzado a aplicarse. En ese proceso estamos.
Con cierto desasosiego agridulce cierra el lector esta primera obra, SAPIENS, rumiando la imagen que nos queda del hombre en ese su juego de convertirse en dios manipulador y creador, sin pararse nadie a pensar en la bioética, aunque por otro lado sería ingenuo pensar que alguna reflexión pudiera paralizar proyectos científicos de cualquier cariz, pues al mejor argumento ético opondrán, como la historia demuestra, esa respuesta standard de que solo tratan de curar y salvar vidas. En el aire queda flotando la duda de si también caerá sobre estos nuevos prometeos la condena de su creador a la destrucción como el mito y la novela hicieron caer sobre cuantos le emularon. Y aumenta nuestra turbación la conjetura de Harari de que en el futuro de la evolución, el hombre traspasa la barrera de las transformaciones tecnológicas y sea capaz de conseguir mutaciones básicas en la conciencia y en la identidad humanas.

"Los grandes hallazgos de la revolución industrial y de la ingeniería genética, han empezado a socavar las leyes de la selección natural, que parecían eternas e inamovibles"

Es lo que él vaticina, pues no son mitos ni ficciones sino augurios paracientíficos lo que contiene su segunda obra HOMO DEUS, que traslada al lector al inicio del tercer milenio, año 3.000, y trata de imaginar -fascinante futurible-, el resultado de esta ambiciosa e irrefrenable evolución de los humanos.
Como ya se dijo, la evolución ha controlado, aunque no erradicado del todo, los primeros retos que acuciaban a la humanidad, la hambruna, la enfermedad, la guerra. Pero no se ha eliminado el sufrimiento, ni se ha logrado la felicidad. Y la humanidad, en su insaciable instinto evolutivo de superación, empieza a plantearse en este milenio nuevos retos, también angustiosos: el ansia de inmortalidad, la felicidad y el poder de la divinidad, el homo Deus. ¿Los habrá conseguido el hombre del año 3.000? Harari se sume en la duda. Pero adelanta su predicción.

"Más lejos aún quiere llegar la ingeniería de vida inorgánica con programas y virus informáticos que tratan de emular los métodos de la evolución genética, incluso con mutaciones y errores ocasionales programados"

Si las ideas y esperanzas que han dominado el mundo hasta ahora -el hombre como centro del universo y el humanismo como religión dominante y medida de todas las cosas-, si la evolución humana se mantiene en las mismas coordenadas y sigue el mismo rumbo que siguió el simio hasta que le llevó a ser homo sapiens y a la revolución tecnológica actual, Harari predice que esa ecuación evolutiva llevada a sus últimas consecuencias conducirá inexorablemente a la humanidad a un cataclismo, es decir a su autodestrucción.
Y lo quiere razonar. Hoy, dice, el mantra de la civilización humana lo constituye el paquete liberal: individuo, derechos humanos, democracia y mercado libre. Pero, como se dijo antes, hoy la evolución científica empieza a socavar también ese orden, empezando por la libertad. Eso del individuo libre es un cuento ficticio pergeñado por algoritmos bioquímicos. Porque todo organismo vivo se reduce a un algoritmo. También el hombre. Los humanos son un conjunto de muchos algoritmos que no son libres porque están modelados por los genes y las presiones ambientales que toman decisiones de forma predeterminada, quizá al azar, pero nunca libremente. Y llegara inevitablemente el día en que un algoritmo externo podrá teóricamente conocer al hombre mejor de lo que él mismo se conocerá, y será tan sofisticado que a la hora de tomar decisiones sería una locura no seguir sus consejos. La tecnología se mueve tan deprisa que el cerebro humano no puede competir, a la hora de procesar datos, con sofisticados algoritmos externos que evolucionan de manera independiente, mejorando y aprendiendo de sus propios errores, que aprenden a reconocer pautas y a adoptar estrategias que escapan a la mente humana, y que desde el germen iniciado por hombres, es cierto, pueden crecer y seguir su propio camino llegando a donde ningún humano llegó… y a donde ningún humano podrá seguirlos.

"Aumenta nuestra turbación la conjetura de Harari de que en el futuro de la evolución, el hombre sea capaz de conseguir mutaciones básicas en la conciencia y en la identidad humanas"

Google, Facebook, de cuyo control interno y externo ya hoy se empieza a desconfiar, y otros algoritmos más complejos que surgirán, se convertirán en oráculos omniscientes de los que desconectarse significará la muerte, no aplastados por el Gran Hermano orwelliano o cualquier otro totalitarismo absorbente, sino desintegrados desde dentro en muerte de evanescencia cibernética. ¿Dónde quedan el individuo y su libertad?

"La humanidad, en su insaciable instinto evolutivo de superación, empieza a plantearse nuevos retos, angustiosos: el ansia de inmortalidad, la felicidad y el poder de la divinidad"

El proceso racional de Harari parece coherente y fascinará a los fans de la ciencia-ficción. Pero no todo es ficción. Parte de datos comprobables. El Deep Blue de IBM, por ej., venció a Kasparov, los asistentes personales Siri o Cortana podrán acceder y procesar todos nuestros archivos, hay automóviles sin conductor, el procesador central de Uber ordena el tráfico de millones de taxistas, un algoritmo fija en instantes el precio del Kw, los bancos trabajan en un procesador para la gestión de patrimonios, tenemos en la nuca la amenaza de robots que superan la labor humana,… Es el comienzo, sí, pero marcan el camino. Y los avances técnicos, imparables, crecen en progresión geométrica.

"Eso del individuo libre es un cuento ficticio pergeñado por algoritmos bioquímicos. Porque todo organismo vivo se reduce a un algoritmo. También el hombre"

Y no le opongas porque él no la reconoce la línea roja de la vida orgánica y la conciencia. También éstas, como los sentimientos, las emociones y la imaginación son para el autor meros algoritmos bioquímicos complejos que la evolución ha sofisticado en diferente medida para ayudar a los seres vivos, a todos, a tomar decisiones correctas. Y, lo que es mas grave, también ellos continuarán evolucionando ininterrumpidamente hasta escapar inexorablemente del control humano. Incluso las religiones del futuro, dice, nacerán en Xilicon Valley y serán tecnoreligiones. El ya anuncia dos: el tecnohumamismo y el dataismo.
Harari desarrolla y, en un brote a-racional sin matices, lleva hasta el límite, como un fanático, la teoría materialista o atómica que ya apuntaron Epicuro, Lucrecio, Spinoza etc... Y vaticina que para el año 3.000 la ingeniería genética, la nanotecnología y los interfaces cerebro-ordenador, aspirarán a conseguir poderes sobrenaturales para llegar a donde la imaginación humana siempre aspiró.
Prometeo y Frankenstein que desde el mito y la ficción tuvieron idéntica aspiración, recibieron también idéntico castigo, cruel y eterna condena en el primer caso y la destrucción en el segundo. Y predicción similar anuncia Harari para ese tecnohumano que intuye surgirá al final del proceso evolutivo su fértil imaginación. Y que como al Dr. Jekill, le asusta, hasta el punto de predestinarle, sin razonar por qué, a una autodestrucción suicida. Tal vez porque no sería coherente en su concepción encomendar su destrucción al creador que inició el proceso pero que ha sido desbordado por un invento que se le desmadró y ya no se puede controlar.

"Prefiere la sensibilidad virgen del homo roussoniano a la alienación del que se prevé hombre cibernético del futuro"

Es una prosa ágil, desenfadada, rompedora, epatante, de corte anglosajón. Llena de citas técnicas y culturales. Fácil de seguir, y atractiva por lo sorprendente y la verosimilitud de los prodigios técnicos de que nos informa y nos previene. Tal vez el mundo académico esté descolocado, tal vez tache a esta obra de ciencia ficción, que desde luego visos tiene, Pero no debemos olvidar que Harari habla de futuribles, de anticipación biotécnica, de predicciones cargadas de riesgo que tienen más de aviso que nos induzca a revisar el rumbo que de adivinanza.
Menos desconcierto desde luego puede crear en el mundo filosófico el determinismo ex biorritmo/dataismo que augura, pues este es un tema que sustituyendo estos factores por la omnisciencia e omnipotencia de un Ser Superior se ha planteado recurrentemente en los claustros filosóficos y ha originado páginas memorables de sutiles argumentaciones que solían terminar haciendo compatibles esa teórica presciencia o previsibilidad absolutas con la posibilidad de una decisión arbitral de la conciencia humana a la que siempre se le ha reconocido cierto margen de libertad aunque solo fuera para poder justificar el error o la malicia antinatura. Y si esto vale en la hipótesis de un Ser Superior absoluto, con mayor razón operará cuando se trata de algoritmos o dataísmos todopoderosos.
También al cerrar este libre le queda al lector un sabor agridulce y turbador. Ya no se describen utopías para el futuro. Han sido sustituidas por distopías que pintan el futuro en tonos sombríos y con augurios pavorosos, más cerca de la catástrofe que del consuelo o la esperanza. Y no solo ocurre con Homo Deus y Harari. Es el denominador común de todos los libros que se internan en la selva de los futuribles de esta humanidad atormentada. En el último suplemento literario de El País se lamentaba José Luis Pardo de que la distopía haya sustituido a la utopía como género literario futurista. Y citaba hasta veinte libros recientes que, tratando de descifrar el porvenir, alimentan el pesimismo y predicen un futuro aciago y atormentado para la humanidad.

"La cibernética desembocará inevitablemente en un sistema de generación de hombres en cadena, sin alma, sin sentimiento, hombres cero"

Lo mismo ocurre con el último libro escrito por un notario ilustrado, que forma parte de la larga lista de notarios humanistas de esta institución, Ernesto Ruiz de Linares y Santisteban, notario de Almadén, periodista y escritor, preocupado por la progresiva deshumanización y vulgarización del hombre de hoy, que el mes pasado presentó en público su última y excelente novela-ensayo, Hombre Cero (Edición personal, C/ Vergara 6, Madrid, Noviembre 2016), dedicada a África y a la humanidad de sus gentes lo que bien denota ya cómo el autor prefiere la sensibilidad virgen del homo roussoniano a la alienación del que se prevé hombre cibernético del futuro. La obra se sitúa en la línea que abrió Huxley en su Mundo feliz, describiendo bajo la cobertura de una cálida trama amorosa que contrasta adecuadamente con el frío esqueleto mecánico de la obra, la llegada de una new age en la que predomina la sombría estampa de un futuro marcado por el Laicismo, el Relativismo y el Progresismo, los nuevos jinetes del Apocalipsis para el autor. Tiene por cierto grandes similitudes con el Homo Deus de Harari, y participa, como ya se dijo, de esa posición pesimista y desorientada de la humanidad del futuro, dominado, como también Harari prevé en su obra, por la cibernética, que desembocará inevitablemente, si no modifica radicalmente el rumbo, en un sistema de generación de hombres en cadena, sin alma, sin sentimiento, es decir sin humanidad, hombres cero. También en este caso, nueva coincidencia con Harari, la sociedad se dirige inexorablemente a la autodestrucción. Ruiz de Linares sin embargo no cierra del todo las puertas a la esperanza.

"Vuelve a hacer exhibición de su maestría para entramar peripecias y argucias legales dentro de una narración histórica"

Y no se puede cerrar este capítulo sin hacer alusión a la última obra del conocido abogado Pedro L. Yúfera, quien sigue sorprendiéndonos con una nueva novela, también histórica, también de jurista, también magnífica, El último rey de Tenerife (Editorial Stella Maris, Barcelona, 2016) en la que vuelve a hacer exhibición de su maestría para entramar peripecias y argucias legales dentro de una narración histórica, como antes lo había hecho en su novela anterior El milagro de las abejas. En su nueva obra el que fue decano de los abogados de Barcelona y profesor de Derecho Civil, nos narra la conquista por el Reino de Castilla de las Islas Afortunadas a través de las peripecias de un abogado joven y ambicioso y un fraile-soldado encargados de recuperar un documento top-secret firmado por Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, cuyas trayectorias se terminan cruzando. Famosos personajes históricos, como el Cardenal Mendoza y Cisneros, el Duque de Medinasidonia o el Maestre de Calatrava D. Rodrigo Téllez Girón son hitos que sustentan y simulan dar verosimilitud a la narración. Una original trama jurídica que permite al autor describir el funcionamiento de las Chancillerías de la época, en lo que se ha documentado a conciencia, se superpone sobre las tramas histórica, policíaca -hay un importante asesinato por medio- y amorosa que se entrelazan con maestría y mantienen siempre viva la línea argumental de esta novela tanto histórica como de costumbres y aventuras, enmarcada entre el Valladolid, la Sevilla y el Tenerife de entonces que causa placer imaginar. La obra mantiene una tensión sostenida que, como en la anterior, urge al lector a no interrumpir la lectura fácilmente.