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Revista88

ENSXXI Nº 89
ENERO - FEBRERO 2020

Por: JOSÉ ARISTÓNICO GARCÍA SÁNCHEZ
Decano honorario
Presidente ENSXXI


LOS LIBROS

Eilenberger describe con razonable amenidad la revolución ideológica de cuatro filósofos geniales durante la década 1919-1929 que marcaron el rumbo del pensamiento y los modos de vida de Occidente

No es fácil encontrar literatura que en un estilo ágil sea capaz de sumergirte y discurrir con la precisión necesaria por los intrincados parajes de la genuina metafísica, sin perder el hilo ni el interés. Lo ha conseguido con bastante éxito Wolfram Eilenberger, filósofo, investigador acreditado y solvente formado en Heidelberg y Zurich, y al tiempo brillante comunicador, editor entre otras desde hace una década de la edición alemana de la revista más prestigiosa del ramo, Philosophie Magazin.

Esta doble cualidad le ha permitido hacer un asombroso libro de divulgación de la rama más abstracta de la filosofía, la ontología, que, sin embargo, sin perder un ápice de rigor científico, absorbe al lector casi como un thriller enlazando habilidosamente las peripecias de las vidas cotidianas y los hallazgos creativos de cuatro genios que revolucionaron la filosofía e influyeron decisivamente en la forma de entender la vida de toda la humanidad. Me refiero al libro Tiempo de magos. La gran década de la filosofía 1919-1929, que apareció en Stritlgent en 2018 con un éxito inesperado, lo que provocó la traducción inmediata a todos los idiomas cultos, y que en España ha editado este mismo año 2019 Penguin Randon House.

Eilenberger, con la técnica de entrecruzar avatares domésticos y logros metafísicos de sus cuatro titanes, ha conseguido un relato denso, desde luego, en aras del rigor filosófico, pero también dotado de cierta amenidad

Eilenberger, con la técnica de entrecruzar avatares domésticos y logros metafísicos ha conseguido un relato denso desde luego, en aras del rigor filosófico, pero también dotado de cierta amenidad merced a un magnífico estilo narrativo y a sus notables habilidades literarias. Sus cuatro héroes aún influyen en nuestro pensamiento y las escuelas que fundaron siguen luciendo vigentes y poderosas en las palestras filosóficas de la actualidad. Heidegger, profeta del existencialismo y de la deconstrucción, pensador total, Walter Benjamin, padre de la crítica creativa y contrapunto de Heidegger, Ernst Cassirer, sumo intérprete del simbolismo, y el cuarto, gran genio del siglo XX, ególatra y un tanto fatuo, Ludwig Wittgenstein, fundador de la filosofía analítica y endiosado con la obra más enigmática del siglo, el Tractatus logico-philosophicus, nunca enteramente descifrado con seguridad.
El relato no se extiende a toda la trayectoria vital de estos pensadores. Se ciñe a una década, la década más fructífera en el mundo de las ideas. Todo empieza con el año 1919 y el vacio sideral que se respira en Europa. Acaba de terminar la mayor conflagración conocida, la Gran Guerra con docenas de millones de muertos. Ha triunfado la revolución rusa. Han caído los imperios, el prusiano, el austriaco, el ruso, la Sublime Puerta. Ha convulsionado la jerarquía de valores burgueses. También los artísticos. Se rechaza lo que se creía seguro, la melodía, lo armónico, la figuración. El hombre percibe que lo anterior no serviría cuando todo ha terminado en muerte y destrucción y solo presiente abismos donde antes suponía cimiento seguro.

El relato no se extiende a toda la trayectoria vital de estos pensadores. Se ciñe a una década, la década más fructífera en el mundo de las ideas

En ese clima de angustia, y en descrédito la doctrina antes reinante, el filósofo vuelve a replantearse sobre nuevas bases la eterna pregunta: qué es el hombre, qué es el mundo. La primera reacción es la huida. Benjamin y Cassirer, ambos judíos, huyen de sí mismos. Benjamin deja a su padre y su generosa asignación y pasea sin blanca su angustia por los cantones suizos, y Cassirer deambula sin rumbo por el Berlín violento y miserable de la postguerra y busca un empleo decente en el tranvía para inspirarse. Heidegger abandona su fe cristiana, se casa en secreto con una protestante y se refugia como asistente, con sueldo al fin aunque frugal, en la Universidad de Friburgo. Y el trágico y endiosado Wittgenstein, que había terminado su famoso Tractatus en las largas noches de guardia en el frente, y que ha visto suicidarse a tres de sus hermanos después, renuncia a su herencia familiar millonaria y se retira a ejercer de maestro de escuela abandonando la filosofía en la convicción de que lo que dota de sentido a la vida se encuentra fuera de los límites de lo enunciable. En su Tractatus se había propuesto trazar un límite terapéutico e inequívoco entre aquello de lo que un hombre racional puede hablar --porque tiene sentido y es contrastable-- y aquello que solo parece tenerlo, que confunde nuestro pensamiento y nuestra cultura debido a esa apariencia, y de esto el ser humano no debe hablar. Sabido es que su Tractatus termina con ese dogma, tópico en las glosas de su obra: De lo que no se puede hablar es mejor callar. Y, ante el asombro de todos, como ya se dijo, y convencido de que con su Tractatus la filosofía había dado su último paso, se retira a ejercer el magisterio de primaria.

Estos cuatro gigantes que elevaron la lengua alemana a lengua del espíritu, siguieron cruzando sus reflexiones en ese clima de tensión y angustia, tratando de darle sentido a la existencia, y buscando una libertad auténtica, bien liberada del destino

Han huido pero siguen pensando. Estos cuatro gigantes que, según se dice, elevaron la lengua alemana a lengua del espíritu, siguieron cruzando sus reflexiones en ese fructífero para el filósofo clima de tensión y angustia, tratando de darle sentido a la existencia, y buscando una libertad auténtica, bien liberada del destino, porque la otra es solo aparente.
Wittgenstein insiste en que las dudas metafísicas del hombre solo tienen terapia con los medios de la filosofía, es decir encontrando el significado real de los signos en sus proposiciones, y sigue musitando el enigmático contenido de sus oscuros aforismos y sentencias místicas que él estima concluyentes.
Benjamin, obsesionado en desentrañar el juico crítico, argumenta que si todos los seres humanos pueden pensar el pensamiento propio, también las propias obras de arte se critican a sí mismas sin cesar, que la crítica de arte no es enjuiciamiento sino consumación y complementación, que el crítico de arte es cocreador de la obra de arte, y que esta nunca permanece estable en su esencia, sino que su significado y su propio ser pueden cambiar, quedando modificada para siempre el sentido de la crítica de arte.

Fue una década prodigiosa. Un debate constante sobre el ser, el mundo, los hechos o las cosas: el mundo es todo lo que acaece, la totalidad de los hechos, no de las cosas porque, dice Wittgenstein, si fuera un solo hecho tendría que contenerse a sí mismo como tal hecho, y si un formalismo lógico permitiera que un conjunto se contuviera a sí mismo como elemento, daría lugar a contradicciones incontrolables

Heidegger publicará El Ser y el tiempo abordando el dilema metafísico por excelencia, el misterio-clave de la ontología: la distinción entre ente -todo lo que existe- y el ser propio, porque el ente también es, el ser siempre precede al ente y su relación con el ente es una relación temporalmente fundada de esta diferencia fundamental… (Principios metafísicos de la lógica en Lecciones en Marburgo) y no cesará en sus elucubraciones ontológicas a veces impenetrables.
Y Cassirer aprovechará para redactar su monumental obra en tres tomos Filosofía de las formas simbólicas, cuyo primer esbozo realizó cuando en su huida estuvo trabajando en el tranvía de Berlín: las formas simbólicas del mito, la religión y el arte obedecen al lenguaje humano como forma simbólica en sí mismo, y hace sutiles especulaciones sobre la que considera eterna pregunta, ¿somos nosotros los que damos sentido a las palabras o es la fuerza encerrada en palabras y signos la que organiza nuestro pensamiento?
Fue una década prodigiosa en la formación de las ideas. Un debate constante sobre el ser, el mundo, los hechos o las cosas: el mundo es todo lo que acaece, la totalidad de los hechos, no de las cosas porque, dice Wittgenstein, si fuera un solo hecho tendría que contenerse a sí mismo como tal hecho, y si un formalismo lógico permitiera que un conjunto se contuviera a sí mismo como elemento, daría lugar a perversas complicaciones lógicas y contradicciones incontrolables como demuestra la sabida metáfora del barbero de B. Russell que refresco para los olvidadizos: si en una aldea el barbero corta el pelo a todos los que no se lo cortan a sí mismos: ¿a qué grupo pertenece el barbero que se lo corta a sí mismo?

Aquellos geniales pensadores trataban de orientar a la humanidad, manteniendo en frase de Cassirer abiertos para el hombre los verdaderos abismos de su angustia para así poder liberarlo, o en otra jocosa de Wittgenstein enseñando a la mosca a salir de la botella

Parecen juegos florales o bizantinismos de laboratorio metafísico, quizá de mayor complejidad dialéctica endogámica que las quodlibetales de la escolástica medieval, pero arrastraban a los estudiantes y llenaban de magia las aulas de las universidades alemanas. Aquellos geniales pensadores, en su fascinante práctica filosófica, trataban de orientar a la humanidad, manteniendo en frase de Cassirer abiertos para el hombre los verdaderos abismos de su angustia para así poder liberarlo, o en otra jocosa de Wittgenstein enseñando a la mosca a salir de la botella.
El relato de Eisenberg se interrumpe en 1929. Ese año Heidegger como sucesor de Husserl en Friburgo, definía al hombre como campeón de la nada. Cassirer fue elegido rector de la Universidad de Hamburgo y murió de repente. Walter Benjamin sufrió una crisis nerviosa y al año siguiente se suicidó en España (Port- Bou) y Wittgenstein en su convicción de que ya había dicho todo sobre lo que se puede hablar, pasó inactivo la navidad en Viena con sus hermanos.
Ese año 1929 pone fin a esta década maravillosa. Y le pone fin con dos episodios significativos que simbolizan por sí mismos la tensión intelectual transformada en apogeo de estos magos y que no puedo dejar de reproducir. Son dos simples anécdotas pero reveladoras.
La primera tiene lugar en Cambridge, donde había estudiado años antes, y donde termina muriendo años después. Un empobrecido Wittgenstein quiso a los 40 años obtener el doctorado ante un Tribunal del que formaban parte ilustrados de la talla de G. E. Moore y Bertrand Russell. Eligió como tesis doctoral su legendario Tractatus, el Tribunal le bombardeó a preguntas, el doctorando respondía, replicaba con esfuerzo para hacerse entender… hasta que se hartó, subió al estrado, dio una palmada a Moore y Russell en el hombro y pronunció una frase que se ha convertido en mito: No se preocupen, sé que jamás lo entenderán. Aún así le aprobaron.

Si al regresar a Cambridge, Keynes había elegido la palabra dios para calificar a Wittgenstein, a Martin Heidegger una de sus alumnas más célebres, Hannah Arendt, le calificó de rey

Y la otra. Ésta en marzo de ese mismo año 1929, en Davos, ese simbólico pueblo suizo donde tiene lugar la historia de La montaña mágica de Mann, obra cardinal en la época y que con seguridad todos habían leído. En esa atmósfera onírica, insular, de un balneario, ahora de un hotel, en concreto el hotel en que se celebran las Cenas Universitarias de Davos. La estrella invitada de ese año 1929 (el año anterior lo había sido Einstein) era Martin Heidegger. Llegó tarde, con atuendo deportivo frente al frac generalizado de los demás, rechazó el asiento preferente reservado entre otros profesores de filosofía, funcionarios del pensamiento los llamaba, para mezclarse con los jóvenes estudiantes del fondo de la sala. Hizo una aparición teatral. El acto estaba programado como una disputa entre Cassirer, el consagrado, y Heidegger, el postulante, con el título-totem de la ontología ¿qué es el hombre? El debate forma ya parte de la leyenda. Eisenberg nos recuerda que para Friedman ese debate de 1929, entre un consagrado Cassirer en la cima de su fama tras publicar su monumental filosofía de las formas simbólicas y un aspirante con el bagaje genial de El Ser y el tiempo publicado un año antes, produjo una esencial bifurcación en la filosofía del siglo XX. Marcó un cambio de época. Y lo marcó de tal modo que si ese debate no hubiese existido los futuros historiadores de las ideas habrían tenido que inventarlo.
Y termino. Si al regresar a Cambridge, Keynes había elegido la palabra dios para calificar a Wittgenstein, a Martin Heidegger una de sus alumnas más célebres, Hannah Arendt, le calificó de rey.
Fueron cuatro pináculos de una década genial en la historia de las ideas con distinto final. Salvo Cassirer, todos repudiaban la República de Weimar. Heidegger abrazó el nazismo cuando apareció. Cassirer y Benjamin tuvieron que dejar Alemania por judíos.

dignidad (con minúscula) común, para todos…

Javier Goma, en un estudio pionero de la historia y la esencia de este concepto, sostiene que la dignidad abstracta, democrática, universal, es la conquista más importante de la humanidad en el siglo XX

La riqueza creativa de esa década de oro de la filosofía moderna marcada por esos cuatro gigantes del pensamiento a que se refiere el artículo anterior, no significa desdoro alguno para los demás. Tampoco para una de las figuras emergentes de la intelectualidad española actual, al que no es la primera vez que citamos elogiosamente en las páginas de esta revista y que tan enraizada vinculación tiene con la institución notarial a través de tres colegiados de prestigio, su padre Jose Enrique recientemente fallecido y sus dos hermanos Ignacio y Fernando.

Me refiero, los lectores ya lo han adivinado, a Javier Gomá, uno de los pensadores más brillantes e influyentes del panorama cultural actual, que une a su capacidad de análisis y reflexión sobre los temas más variados y candentes de la política, la ética o la sociología, una notable habilidad explicativa con su prosa directa, cercana, didáctica y a la vez punzante, que atrae y absorbe incluso al lector menos iniciado, lo que le permite tanto exponer sus reflexiones en sesudos tratados científicos como divulgarlas en tribunas de prensa. Ya demostró lo primero en su monumental Tetralogía de la ejemplaridad, y lo segundo en sus colaboraciones en publicaciones periódicas.

dignidad es la noción más influyente, expansiva y transformadora de la autarquía del hombre, de su libertad y de su respetabilidad. Bien establecida revienta los nacionalismos y hace imposibles los totalitarismos

Ahora nos ha sorprendido con un análisis pionero y fundado de una cualidad, la dignidad, nunca definida con rigor pero que ha adquirido la máxima jerarquía a medida que, como él demuestra, la humanidad ha subido los niveles suficientes en su progreso moral. Aunque de origen elitista -Dignidad o Dignatario, con mayúscula- hoy se considera una cualidad innata, irrenunciable, imprescindible y desde luego consustancial e intrínseca a todos los miembros de la familia humana, como recoge el Preámbulo de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948. Y es una cualidad que está ya instalada de forma tan inamovible en el imaginario popular que llega a poner suelo infranqueable a casi todas las aspiraciones humanas: la vivienda, el salario, la vida, la muerte y hasta la raya roja para la protesta (la indignación). Esta conceptuada como una cualidad abstracta, indivisible, única y enteriza, aunque a veces algunos, como los que reclaman pensiones más dignas, la gradúen.
Por primera vez, con originalidad absoluta, Gomá describe, define y sienta en el diván de la racionalidad ese concepto ya asimilado por la sociedad actual al que la filosofía había obviado o del que había renegado, caso de Schopenhauer. La dignidad como ente abstracto, universal, común a todos los hombres --a esa cualidad responde quizá la utilización intencionada de la minúscula que hace siempre el autor para designarla-- es sin duda, afirma, la gran conquista del hombre, la noción más influyente, expansiva y transformadora de su autarquía, de su libertad y de su respetabilidad. Bien establecida revienta los nacionalismos y hace imposibles los totalitarismos.

Gomá inaugura con su obra una historia erudita e ilustrada de la dignidad en su progresivo reconocimiento, con paradas especiales para Cicerón y Kant

No afloró con galas hasta la edad moderna, pero muchos la atisbaban como Cervantes cuando puso en labios del Quijote ningún hombre es más que otro si no hace más que otro o Machado en su popular nadie es más que nadie. Gomá, en otro nivel, inaugura con su obra una historia erudita e ilustrada de la dignidad en su origen, en su concepción y en su progresivo reconocimiento, con paradas especiales para Cicerón y Kant por ejemplo. También intercala, al modo cervantino, un hermoso estudio sobre la prosa de estilo elevado de Fray Luis de León, en especial en su Glosa al Cantar de los Cantares, que constituye el más firme exponente de la poética de la dignidad en su faceta cultural. Y nos sorprende a todos con un innovador estudio de la evolución de la dignidad desde el inicio exclusivista hasta la universalidad actual. Fue la consecuencia, la meta irreversible de un proceso de ilustración y modernización progresivas del hombre, con distintas variantes según cada país, pero todas confluyentes en su finalidad. Pormenoriza en especial el proceso español, demorado por la vileza de un nefasto siglo XIX que, sin el respaldo de una burguesía que nunca existió, no culmina, entiende Gomá, hasta la Constitución de 1978 y la transición política que la hizo posible.

También intercala un hermoso estudio sobre la prosa de estilo elevado de Fray Luis de León, que constituye el más firme exponente de la poética de la dignidad

El autor aplica al concepto que analiza su perspicaz calidoscopio para desgranar todas sus facetas, la histórica, la cultural, la política, la social, etc., o sus cualidades, dignidad democrática, igualitaria. Y en su lucha denodada por desentrañar la esencia de la dignidad, él mismo se indigna ante lo que considera el mayor escándalo cultural: que la filosofía le haya dado la espaldas sistemáticamente, que no haya ni definición ni explicación de su contenido, que diccionarios de filosofía la ignoren, que todavía falte en Constituciones y Tratados un argumento decisivo de su existencia y vigor. Y ello a pesar de que su idea está ya impresa con solidez inamovible en el imaginario popular mundial, que tiene una fortaleza imbatible que ya no cede ni ante la polis, ni ante la colectividad ni ante el interés general, ni siquiera ante el superior o el vencedor a los que el inferior o el vencido puedan superar en dignidad.
La palabra dignidad es de esas palabras, dice Gomá, que han ido adquiriendo un predominio semántico y que se repiten con tanta frecuencia que reflejan las regularidades del pensamiento y acaban formando un diccionario íntimo casi sin sentirlo.
Lamentable es, desde luego, que esta cualidad, hoy troncal, impresa a fuego en el imaginario de la conciencia humana, no apareciera ya personificada en el Olimpo o en el mundo de los ideales de Platón, y haya tenido que adquirir estado a tirones e impulsos de humanistas tenaces que intuían su llamada como Gomá.

Pormenoriza el proceso español de reconocimiento de la dignidad, demorado por la vileza de un nefasto siglo XIX que, sin el respaldo de una burguesía que nunca existió, no culmina hasta la Constitución de 1978

Hoy, dignidad es una palabra mágica, casi un ideal, también una palabra esperanzadora e ilusionante, de contenido rico en matices, atributos y cualidades, en gama sutil de facetas virtuosas que la adornan y la ensalzan. Pero también es una palabra elástica, en evolución, susceptible de enriquecer su contenido con los rasgos que los humanistas puedan añadir para conformar mejor su esencia o descubran latentes, aún inexplorados, en palabra tan magnética y fascinante, o los que el hombre, en su imparable ascenso moral, exija a medida que se vaya desarrollando y moldeando en su conciencia el contenido de esa palabra que ya forma parte indeleble de su imaginario interior pero que sigue vibrando en pos de un ideal o una utopía. De ahí tal vez que la renuencia de filósofos y políticos a asumir riegos por definiciones precipitadas y comprometedoras.
Y por otro lado, ya en el orden semántico, en el análisis de ese concepto, en su manifestación actual o futura, siempre habrá que plantearse la eterna duda de Cassirer, ¿hemos sido nosotros los que le hemos dado sentido o es la fuerza encerrada en esa palabra desde su origen la que ha organizado nuestro pensamiento?
Terminemos diciendo que si para Gomá la dignidad del hombre hoy --desde que surgió la subjetividad moderna y él fue consciente de su autarquía-- es un monumento mayor que la Acrópolis, para sus lectores su cantor más entusiasta es el autor de ensayo tan singular y novedoso.

Notario cartógrafo

Romero-Girón publica dos tomos de una monumental Historia de la Cartografía plena de gráficos y mapas a los que acompaña, además de un análisis de las técnicas de plasmación, un estudio de su significado que supone toda una interpretación de la historia

Hoy podríamos atribuir a uno de los miembros de este colectivo, Juan Romero-Girón Deleito, el apelativo que se atribuyó a aquel fabuloso Federico emperador de Sicilia y Jerusalén, stupor mundi. Nuestra capacidad de sorpresa se desborda al comprobar cómo ha podido confeccionar una monumental Historia de la Cartografía (edición personal, 1er Tomo 2018, dos ediciones, 2º Tomo Septiembre 2019) en tres Tomos, de los que hasta ahora solo han visto la luz dos de ellos, el primero dedicado al mundo antiguo de la prehistoria hasta Roma y países coetáneos en los demás continentes, y el segundo del Medievo desde Bizancio al Renacimiento, incluido lógicamente el Islán, China y Japón, quedándonos a la espera del tercero dedicado al Mundo Moderno hasta el XVII, porque en esa fecha se cierra la Historia de la Cartografía, ya que la geografía es ya suficientemente conocida y la confección de mapas deja de ser obra de artesanía para convertirse en pura técnica sin labor creativa personal.

Ha realizado un personal estudio de la historia y evolución de la Cartografía que es más que un simple libro de mapas: es un libro histórico-científico de solvencia

La obra es monumental y ambiciosa. No es una yuxtaposición de mapas y gráficos, sino un verdadero estudio doctrinal de las técnicas de plasmación tanto del gráfico, como de los soportes de grabación o confección, y lo que es más importante de su significado, su utilidad multidisciplinar y su finalidad, lo que supone al tiempo una interpretación de la historia, pues como dice el autor, la Cartografía es un nexo entre Geografía e Historia.
Romero-Girón ha trabajado solo con textos fiables y fuentes de garantía de fondos digitalizados de Bibliotecas, Universidades y Museos de todo el mundo. Y ha realizado un personal estudio de la historia y evolución de la Cartografía que es más que un simple libro de mapas: es un libro histórico-científico de solvencia. Y es de gran interés. Como él mismo recuerda, los mapas son un excelente índice indicador de la evolución de la cultura y la civilización humanas. Que el autor haya sido capaz de compaginar su labor profesional con el esfuerzo de esta obra monumental, es la razón del estupor o asombro que indicábamos al principio. Ingresa así por derecho propio en la gran pléyade de notarios humanistas y pluridisciplinares de esta Corporación. Enhorabuena.

Ensayos políticos de un pensador perspicaz

Benigno Pendás reúne, en un volumen al que dota estructura coherente, doce magníficos estudios de historia de las ideas que nos inducen a reflexionar sobre el pasado y el futuro político de la humanidad

Y ya que hemos entrado en terreno filosófico no podemos dar la espalda a una obra presentada el mayo pasado en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, que contiene magníficos estudios de historia de las ideas, todos debidos a un amigo de esta casa, cuya labor como apologeta de la democracia constitucional es impagable y al que prestamos en un número anterior de esta revista el reconocimiento merecido por su labor en la dirección, coordinación y participación personal en la obra magna publicada en cinco Tomos por el Instituto de Estudios Políticos con motivo del 40 aniversario de la Constitución Española que constituye una verdadera SUMA CONSTITUTIONALIS.

Doce magníficos estudios sobre historia de las ideas, todos tocados con el don de la racionalidad, la chispa, el ingenio y el ojo crítico de Pendás

Nos referimos a Benigno Pendás, vicepresidente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, Director del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales y Consejero de Estado, pero ante todo un jurista-humanista de amplio espectro y profundos análisis, que bajo el título La sociedad menos injusta, acaba de publicar (Ed. Iustel, 2019) una compilación de doce magníficos estudios sobre historia de las ideas, muy heterogéneos, pero todos tocados con el don de la racionalidad, la chispa, el ingenio y el ojo crítico de Pendás que hace que su lectura sea un lavado higiénico de la mente del lector y despierte lúcidas reflexiones de conciencia -o no- de ideas, muchas de las cuales estaban dormidas o latentes en su conciencia , y siempre fundadas en la razón ilustrada, argumentadas con una asombrosa erudición. La obra se titula La sociedad menos injusta, está prologada por Santiago Muñoz Machado, reúne estudios publicados entre 2012 y 2019, y está organizada con un montaje que transforma el conjunto en una estructura coherente y no mera yuxtaposición de estudios. Debates sobre el pasado, pronósticos sobre el futuro de la nación y el estado, revisiones actualizadas, incluido reproche en su caso, de Mao, de Lutero o de Fernando el Católico entre otros, que te obligan a reflexionar, y en todo caso demuestran la agudeza y clarividencia de este apologeta ortodoxo de la democracia constitucional, y la riqueza de su perspectiva sobre esta sociedad, la menos injusta que los hombres hemos sido capaces de construir.

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