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REVISTA102

ENSXXI Nº 102
MARZO - ABRIL 2022


JAGS

Por: Ignacio Gomá Lanzón
Director de EL NOTARIO DEL SIGLO XXI

 

NÚMERO CIEN

Los aniversarios, los cumpleaños y las efemérides no tienen, en sí mismos, otra virtud que la coincidencia geométrica de las fechas en una medición determinada del tiempo o la redondez de la cifra final de una concreta escala numérica, generalmente la base 10. No añaden nada a la persona o acontecimiento concernido, ni para mejorarlo ni para hacerlo más grande. Pero algo deben de tener cuando los celebramos. Desde mi punto de vista, las efemérides reclaman la atención sobre lo conmemorado, aprovechando un hecho numérico intrascendente. Como cuando la gente nos felicita en el cumpleaños, preguntando por nosotros y deseándonos un buen futuro.

Reclamar atención, eso hacemos. Aunque, como dice el filósofo, la atención se presta, no se regala, por lo que hay que devolverla, y con intereses. Los textos de José Aristónico García, Ignacio Solís y Rodrigo Tena han justificado la atención pasada a la revista. Yo, en tanto que director actual, voy a intentar justificar el préstamo de atención que reclamamos y que prometemos devolver en el futuro con intereses.

“Es la misma revista la que es notario del siglo XXI, su testigo cualificado y fiable; un ‘notario de la actualidad’ que pretende ser reflejo de su época, una publicación conformadora de la opinión pública y una consejera de la forma jurídica más adecuada para los fines lícitos que la sociedad pretenda alcanzar”

Lo primero que podemos y debemos ofrecer es continuidad en la idea editorial, que tan bien han explicado los responsables anteriores. Añadiría algo. El nombre de EL NOTARIO DEL SIGLO XXI parecería evocar la idea de un fedatario moderno, consciente de los tiempos en los que vive, sin añorar los pasados, tecnológico, abierto, dinámico. Pero cabe otra interpretación: entender que es la misma revista la que es notario del siglo XXI, su testigo cualificado y fiable; un “notario de la actualidad”, en manida expresión deportiva, que pretende ser reflejo de su época y, como lo son los notarios en la realidad profesional, algo más: una publicación conformadora de la opinión pública y una consejera de la forma jurídica más adecuada para los fines lícitos que la sociedad pretenda alcanzar, como dice el artículo 1 de nuestro Reglamento, y todo ello, con verdad en el concepto, propiedad en el lenguaje y severidad en la forma que promulga el tantas veces citado artículo 148 del mismo cuerpo legal, aunque nos hayamos permitido en la forma un poco menos de hieratismo en aras de una más agradable lectura. Esta segunda interpretación del nombre concuerda con algo que suelo decir cuando pido artículos para la revista: la nuestra es una revista corporativa, pero no corporativista. Consideramos que la mejor imagen del Notariado no se da hablando bien de nosotros mismos, en disimulado narcisismo, sino ofreciendo contenidos de interés y calidad para todos los ciudadanos, sobre todo en aquellas cosas que nosotros conocemos bien. Pero, por supuesto, no solo en éstas, sino también en otras de interés general para cualquier ciudadano medianamente culto, porque creemos en una “diplomacia cultural” que muestre también cuáles sean algunos de nuestros intereses y preocupaciones vitales, aunque, obviamente, los notarios sean tan variados como la sociedad misma. Por eso últimamente se ha abierto una sección llamada Tribuna, en la cual se invita a personas de reconocido prestigio a expresar las ideas fundamentales de su especialidad.

“Nos gustaría pensar que las verdades -o, al menos, pretensiones de verdad- que la revista ha ido expresando en estos cien números nos permitan disfrutar de la atención que nos presten otros cuantos números más”

Otra línea de actuación reciente ha sido y va a seguir siendo la digitalización. No solo, por supuesto, la presencia de la revista en las redes sociales, sino el impulso a la revista en formato digital a través de una web que, aunque existe desde hace mucho, pretendemos hacer en el futuro más manejable y útil. Nos gustaría que en el futuro se limite la edición en papel a aquello que es conveniente que siga en papel por la comodidad la estética del formato, y usar la publicación en la web para potenciar su contenido. Y no solo por un prurito de sostenibilidad y ahorro, sino por pura practicidad y sentido común. Por ejemplo, hemos acometido en los últimos tiempos un ambicioso proceso de condensación de la parte crema, hoy azul, de la revista, dedicada a las normas y jurisprudencia, que pretende dejar en papel lo más esencial de lo nuevo, para que el lector encuentre un valor añadido en la revista, un “leemos por usted”, que tiene por objetivo mostrarle, con pocas palabras y en una rápida ojeada, aquello que imprescindiblemente ha de leer porque cambia el criterio anterior o supone una novedad que no podemos ignorar, ahorrándole lo que aporta menos; pero sin que ello le impida consultar la reseña completa y el enlace a la norma o resolución en la versión digital. Nuestro objetivo es hacer más eficiente la lectura en papel a un lector que se presume avisado y más cómoda la utilización de la información completa en la web.
A la vez, se ha potenciado la política de “bloques” en la sección de opinión, con el objeto de tomar parte activa en cuestiones de actualidad mediante la aportación de varios artículos sobre un tema determinadoe incluso tomar partido expresamente por reformas necesarias, como ha ocurrido recientemente con el artículo 28 de la Ley Hipotecaria. También hemos considerado importante ampliar el nivel de la revista en el cumplimiento de los requisitos de indexación, con el objeto lograr una mejor homologación y hacer atractiva la publicación a especialistas de todo tipo.
Dice el refrán que “boca de verdades, cien sueldos vale”. Nos gustaría pensar que las verdades -o, al menos, pretensiones de verdad- que la revista ha ido expresando en estos cien números nos permitan disfrutar de la atención que nos presten otros cuantos números más.

IGL ILUSTRACION

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