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Revista91-92

ENSXXI Nº 91-92
MAYO - AGOSTO 2020


    Las generaciones de españoles actualmente activas en el ámbito laboral no han sufrido guerras o catástrofes humanitarias como tuvieron la mala suerte de padecer generaciones anteriores, rara vez exentas de algún acontecimiento sangriento o destructivo económica o personalmente. Baby boomers, Generación X, Y -Millenials- y Generación Z barruntaban ya una vida o una próxima jubilación tranquila y opulenta cuando la crisis de 2008 vino a recordar que las cosas no son tan fáciles, que en realidad no éramos los elegidos por la Providencia, el Númen o la Dialéctica. Y lo malo es que, superada, aparentemente, la incidencia, un nuevo Cisne Negro talebiano irrumpe inopinadamente en nuestras vidas, bajo la forma de pandemia, para generar inseguridad, preocupación y cambios insospechados.

    Porque, obviamente, en este momento es difícil predecir cómo vayan a afectar estos acontecimientos a nuestras vidas en los próximos meses o años y lo único que podemos hacer es mantenernos aferrados a los principios esenciales y adaptar los que no lo son a los nuevos tiempos, tomando a la vez consciencia de que lo que venga va a exigir previsiblemente más contención, esfuerzo y cooperación de la que quizá estábamos acostumbrados a administrar a nuestras vidas en los tiempos de crecimiento sin límite.
    Y, quizá, ello tenga también efectos positivos, como el valorar cosas que hasta el momento presente no se estimaban tanto, por darlas por supuestas, como la libertad, el tiempo, los amigos. Y ciertas profesiones. De hecho, el confinamiento ha servido ya para revalorizar algunas de un modo especial. Por supuesto, la profesión sanitaria, que se ha hecho acreedora del Premio Princesa de Asturias, con gran merecimiento. Pero no debemos olvidar tampoco a otras muchas que no han podido beneficiarse del teletrabajo y que han sido consideradas esenciales para la subsistencia del país: policías, taxistas, cajeros y cajeras de supermercados, repartidores de todo tipo de productos, etc.

    “Los notarios y sus empleados han estado al pie del cañón en sus despachos durante las fases más agudas de la enfermedad, con miedo al contagio, pero manteniendo abiertas las puertas para que la documentación imprescindible pudiera llevarse a cabo”

    Y, también, perdónesenos este pequeño orgullo, los notarios. Considerados formalmente servicios esenciales en la normativa desarrolladora del estado de alarma, los notarios y sus empleados han estado al pie del cañón en sus despachos durante las fases más agudas de la enfermedad, con miedo al contagio, pero manteniendo abiertas las puertas para que la documentación imprescindible pudiera llevarse a cabo. Quizá haya quien se pregunte qué intervención notarial puede ser tan esencial como para justificar estar expuesto a la enfermedad, pero lo cierto es que eso es tan difícil de explicar como la función notarial en sí misma. Lo que hacemos no es algo tangible y visible, pero las abstracciones, presunciones y seguridades que creamos son -ciertamente- esenciales en una sociedad avanzada: sin confianza no hay nada y la fe pública consolida esa confianza. Poder firmar el préstamo para pagar las nóminas, la renovación de los cargos para concluir una operación esencial pendiente o, simplemente, un testamento puede cambiar mucho las cosas.
    Por cierto, durante este periodo se ha firmado realmente lo urgente, quizá menos de un veinte por ciento de lo habitual, frente a lo que equivocadamente ha aparecido en algunos medios de comunicación. No solo porque la gente, con sensatez, ha cumplido con la norma y se ha confinado, limitándose a lo realmente necesario, sino porque la Dirección General, el Consejo General del Notariado y las Juntas Directivas han establecido normas específicas de limitación a lo urgente, de rotación de empleados y precauciones, que se han cumplido. Es de justicia agradecer, además, la dedicación, adaptabilidad y flexibilidad que nuestros órganos rectores han mostrado en estos meses.
    Pero lo cierto es que el Notariado ha sufrido ambos males: la exposición a la enfermedad -con bastantes contagiados- y el descalabro económico, los ERTES, la inseguridad. No a todas las profesiones ha afectado igual, pero a nosotros nos enorgullece haber sido esenciales y útiles.

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