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REVISTA105

ENSXXI Nº 105
SEPTIEMBRE - OCTUBRE 2022

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Por: MIGUEL ÁNGEL AGUILAR
Periodista


LA PERSPECTIVA

Si vis pacem para bellum, “si quieres la paz, prepara la guerra” escribió Flavio Vegecio Renato (383-450) en su obra De re militari. Cinco siglos después, en 1929, Liddell Hart en la primera parte de su obra Strategy: the indirect approach, enunció una propuesta más sutil modificando el segundo miembro de la ecuación para dejarlo en “si quieres la paz, estudia la guerra”. Adagio sometido a nueva prueba a partir del pasado 24 de febrero, al desencadenarse la operación militar especial ordenada por el presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, para invadir Ucrania, necesitada a su entender de urgente desnazificación.

Ese estudio de la guerra debe incluir ahora los últimos movimientos, una vez decretada por la Duma la movilización de 300.000 reservistas para reforzar los efectivos desplegados y garantizar la celebración manu militari de los referenda impuestos en los territorios del este y del sur ya bajo control ruso cuyo resultado, por descontado favorable a la anexión, pasará a ser invocado por el Kremlin atendiendo al principio de la integridad territorial. En todo caso, convendría proponer algunas reflexiones que pudieran esclarecer el desarrollo del conflicto en el plano militar y de avizorar las perspectivas que presenta.

“Es muy diferente el comportamiento de quienes combaten según lo hagan por la patria, por la idea o por la paga; si son nativos o mercenarios; soldados de la causa o soldados de fortuna”

A estos efectos, una relectura de La Anábasis de Jenofonte (siglo IV a.C.), partiendo de la observación de ciertas analogías con lo que está sucediendo en Ucrania, permite recuperar conceptos que se han mostrado invariables y entender también las diferencias de comportamiento entre quienes combaten por la patria o por la paga: nativos y mercenarios; soldados de la causa y soldados de fortuna. De ahí el interés de analizar el relato de la retirada de los diez mil expedicionarios griegos, de saber que fueron proyectados a gran distancia del lugar donde habían sido reclutados para ayudar a Ciro contra su hermano el rey Artajerjes, y de examinar cómo habiendo ganado la batalla de Cunaxa en alianza con las fuerzas de su candidato, ven eclipsarse su victoria, privada de sentido tras la muerte de Ciro, que dejaba a los mercenarios griegos desprovistos de objetivo alguno, una vez extinguida su causa, Además los jefes y generales que estaban al mando de los expedicionarios acababan de ser asesinados al acudir a una invitación de Tisafernes. Estaban solos en las inmediaciones de Babilonia, en el centro del Imperio persa. Tenían la enemiga del rey en cuyo intento de derrocamiento se habían comprometido. Y ese es el momento en que Jenofonte asume el mando.

“Para arriesgar conscientemente la vida en la batalla, es preciso que la muerte se llene de sentido. De ahí, también, que se la rodee de honores, que han de ser rendidos por la institución militar donde se encuadraban los combatientes”

Lo hace convencido de que sus soldados deben evitar la desbandada, ser imbuidos de la superioridad de la disciplina, aferrarse al ejercicio salvador de las virtudes militares, identificar la salvación con la victoria y tantear el posible camino de regreso. Porque para ellos, la vuelta a casa se había convertido en la única victoria por alcanzar. Por eso, en las páginas de La Anábasis hay, sobre todo, una insistencia permanente en identificar valentía con victoria y salvación. Las arengas transcritas en La Anábasis reiteran ese argumento y asignan a los cobardes la perdición. Pero sucede que, para arriesgar conscientemente la vida en la batalla, es preciso llenar la muerte de sentido. De ahí, también, que se la rodee de honores por la institución militar a que pertenecen los combatientes. El incumplimiento de esos deberes hacia los soldados rusos que están muriendo en Ucrania, cuyos cadáveres se abandonan sin ser repatriados para la entrega a sus familias, tiene efectos desmoralizadores.

“La motivación básica de los soldados patrióticos se cifra en la defensa inmediata de sus familias, sus mujeres, sus hijos, sus casas, sus tierras y su manera de vida”

El relato de Jenofonte parecería escrito a la defensiva. Al narrador le interesaba en particular dejar en claro que cuando había aceptado la invitación de Próxeno de enrolarse en la expedición de los diez mil el objetivo marcado se limitaba a reforzar los efectivos de Ciro para castigar la insumisión de alguna provincia cuyo gobierno tenía confiado. Que su propósito final fuera el de derrocar a Artajerjes II, su hermano mayor, para proclamarse rey de Persia solo lo supieron cuando se aproximaban a Cunaxa, donde iba a darse la batalla cainita entre ambos hermanos contendientes. Fue entonces, en esas vísperas ardientes, cuando los mercenarios griegos descubrieron lo que se les había ocultado y sus leves sospechas iniciales se trocaron en clamorosas certezas. Así que, sin haber sido advertidos, aparecían comprometidos de manera irreversible en el intento de derrocamiento por la fuerza de Artajerjes II, lo cual invertía las disposiciones sucesorias para el trono de Persia que había establecido su padre Darío II al morir. Por eso, se propagaba entre los griegos el sentimiento de haber sido defraudados, aunque al final se sobrepusiera la conciencia del soldado profesional, del mercenario, predispuesto a un acuerdo para prorrogar su lealtad si se renegociaba la paga al alza. Ese mismo sentimiento de fraude ha podido hacer presa en los soldados que el Kremlin ha enviado a Ucrania al descubrir la auténtica función que se les ha encomendado.

“Europa, no es un problema de ideal, sino de razón. Pero hay que despojar a la opinión pública europea de sus complejos, de su resignación y de sus egoísmos”

Además, en Jenofonte aparece de manera nítida la distinción entre dos tipos de combatientes: los soldados patrióticos y los soldados expedicionarios. Los primeros ostentan esa condición de modo natural, como una prolongación de sus deberes patrióticos, pertenecen a la categoría más amplia de los soldados de la causa, operan conforme a una dinámica de convicción, donde figuran también los que luchan con fervor en defensa de una religión, de un dios o de una idea, entregados al servicio de una causa. En esa línea, Peter Sloterdijk sostiene que las religiones monoteístas por su pretensión universalista, corren el riesgo de liberar un alto potencial polemógeno, es decir, un potencial que avive la lucha. Por eso, teniendo en cuenta el trasfondo de la historia vivida propugna el aprendizaje de algo así como el “empleo pacífico de las energías monoteístas” igual que hemos logrado el doble uso de la energía nuclear que puede ser letal pero también medicinal.
La motivación básica de los soldados patrióticos se cifra en la defensa inmediata de sus familias, sus mujeres, sus hijos, sus casas, sus tierras y su manera de vida. Su empeño se limita a una defensa avanzada de la puerta de sus hogares y de sus costumbres e instituciones. En el cumplimiento de esos deberes pueden alcanzar la gloria y verse premiados por el reconocimiento de los suyos. La clave fundamental del soldado patriótico es el arraigo, su superioridad defensiva reside en el conocimiento del terreno. En breve, que los principios del patriotismo de proximidad, que Horacio sintetizaría después en el dulce et decorum est pro patria mori, dejan de ser activos en las aventuras expedicionarias características de los soldados mercenarios, en cuyo alistamiento pesa, muchas veces, de manera definitiva el argumento de la paga.
La diferente tipología de soldados da cuenta de cómo la mera acumulación de armas no suple a la voluntad de defensa y sabemos que una política de defensa no consiste en acumular armamentos; supone consolidar la cohesión nacional. Como escribieron Jaquelin Grapin y Jean Bernard Pinatel en La guerra civil mundial habría que empezar a admitir que no se trata siempre de un problema de medios porque la fuerza no otorga necesariamente el poderío, y éste no depende en exclusividad de aquella. En cuanto a Europa, no es un problema de ideal, sino un problema de razón. Pero hay que despojar a la opinión pública europea de sus complejos, de su resignación y de sus egoísmos.

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