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REVISTA103

ENSXXI Nº 103
MAYO - JUNIO 2022

Por: JOSÉ ARISTÓNICO GARCÍA SÁNCHEZ
Presidente de EL NOTARIO DEL SIGLO XXI


LOS LIBROS

Solo la democracia purificada en la que Habermas llama racionalidad antiemocional se justifica ante la razón como sistema de gobierno

Alarma en las democracias: extremos en ascenso
El sorprendente auge en las recientes elecciones en Castilla y León de un partido que se califica de extrema derecha, Vox, que ha pasado de golpe de uno a trece diputados, hizo sonar las alarmas democráticas de control. Inquieta el alboroto que desatan algunos de sus esquemas como un nacionalismo agarrotado resistente a lo europeo, al inmigrante aunque esté nacionalizado y en general al disidente de una sagrada y secular tradición. Un fenómeno idéntico se produjo a los pocos días en Portugal donde un partido paralelo, el Chega, pasó de uno a doce diputados. Se suman al predicamento de partidos de similar corte en otros países, algunos muy enraizados como Justicia y Ley en Polonia o Fidesz en Hungría, ambos en riesgo de descarrío de los rieles básicos de la democracia europea. Podemos añadir algunos desvíos, en forma de pirueta más o menos frívola, de democracias sólidas en manos de figurones caso de Johnson y Trump. Y si miramos a nuestros vecinos, tenemos a Salvini en Italia, Alternativa para Alemania, la Ukip británica, y en Francia el clásico partido de Le Pen ahora con un rival, Zemmour, que se disputan uno y el mismo electorado, pero que aun dividido supera el treinta por ciento del censo.

Es un movimiento en marcha acelerada al que el resto del arco parlamentario de las democracias trata de cercar en un cordón sanitario para evitar su acceso al poder, tachándole de reaccionario, antisistema, retrógrado, antidemócrata… y al fin con el insulto que más carga peyorativa ha acumulado en la historia, fascista.
Las alarmas despertadas se suman a las denuncias de los politólogos por las continuas agresiones a la democracia liberal en todo el mundo de los que esta revista se ha hecho y seguirá haciéndose eco.
Cierto es que gran parte de los votantes de los partidos citados ni conocen lo que fue o es el fascismo ni pretenden sus objetivos. Encarnan más bien algo negativo, desilusión con el aparato de los partidos y su gestión de la res publica, aspiraciones insatisfechas, desigualdad creciente, y quizá solo respiran el aire viciado que emana a veces de las crisis de algunas de las democracias liberales.

“Gran parte de los votantes de estos partidos ni conocen lo que fue o es el fascismo ni pretenden sus objetivos y quizá solo respiran el aire viciado que emana a veces de las crisis de las democracias liberales”

Tampoco es fácil ni quizá realista que el cordón sanitario pueda sujetar los impulsos de una masa creciente de votantes de esta alternativa que ha surgido, no como oponente de la izquierda sino de la propia derecha liberal, a la que achaca tibieza frente a la inmigración, lasitud frente a los movimientos LGTBI y el multilateralismo, etc., y proclama un nacionalismo patriótico que se aviene mal con la globalización, el europeísmo, las autonomías políticas e incluso con la libertad cultural o religiosa. Es decir, no trata de resucitar posturas ya fracasadas del pasado, en el caso el fascismo, sino de plantear una revisión troncal de un sistema, la democracia liberal, que para ellos, según dicen, huele a naftalina, al que habría que vigorizar, dicen, con la energía que emerge de una nueva ilusión forjada en un eje patriótico de anclaje local.
Y lo cierto es que las encuestas le auguran un recorrido en ascenso que probablemente rompería el pretendido cordón sanitario y entraría en la política activa del país como pasó ya en varios países europeos y acaba de ocurrir en el nuestro en Castilla y León. Este pronóstico refuerza el aviso de politólogos y filósofos de que la democracia liberal está sufriendo en la actualidad una erosión persistente que la puede hacer desaparecer. La creencia subconsciente de que la democracia liberal, una vez instalada, es imposible de revertir es un dislate. Los hechos confirman con tozudez lo contrario. Anne Applebaum lo demostró en El ocaso de la democracia (Debate 2021). Las democracias occidentales más sólidas están sufriendo una percusión persistente de reclamo de un nacionalismo más o menos autoritario y excluyente, disfrazado de democracia popular o democracia iliberal como prefiere Orban. Y esa erosión puede llegar a corroerla hasta la desintegración, asegura.

Riesgos de polarización
En efecto, el crecimiento de los partidos extremos del arco parlamentario conduce irremisiblemente a una polarización cada vez más enconada. Empieza en torno a una idea identitaria de lo más variado y siempre desemboca en algún tipo populista de autocracia. Ya nos advirtió en 1930 el eminente politólogo español, profesor en Yale, Juan Linz, que cuando los partidos mayoritarios mantienen más afinidades con los extremistas, en nuestro caso Podemos/Vox, que con su rival mayoritario, puede avecinarse una quiebra en la democracia. Si a ello añadimos la seducción que el autoritarismo ejerce sobre gran parte de la población, predispuesta a fórmulas sencillas para mantener la homogeneidad y el orden como es la de acogerse a mitos patrióticos pasados o futuros, el problema se acentúa.

“El crecimiento de los partidos extremos del arco parlamentario conduce irremisiblemente a una polarización cada vez más enconada”

Un nuevo punto de vista en esta escalada de alertas sobre el riesgo de las democracias occidentales nos lo acaba de dar David Stasavage, decano de ciencias sociales en la Universidad de Nueva York en su obra Caída y ascenso de la democracia (Turner, oct. 2021) que pretende ser una -otra- historia del mundo desde la Antigüedad hasta hoy.
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El consenso, forma natural de la convivencia
Distingue una primera etapa de democracia incipiente, primitiva, anterior a los griegos, modo natural de convivencia en los clanes sociales primitivos de oceanía, mesopotamia o africanos. Era una forma consensuada y generalizada de adoptar decisiones tribales, como las asambleas germánicas que describió Tácito, por ejemplo, o la forma de gobierno de los tlaxcalas, similar al de las Señorías de Venecia, Génova o Pisa, según describió Hernán Cortés, y la de estas mismas Comunas del medievo que tampoco habían leído a Aristóteles. Esta democracia elemental, temprana la llama el autor, era la forma natural de comportarse las sociedades humanas a la que se llegó cuando los caciques necesitaron el consentimiento en consejo o asamblea del grupo para guerrear o recaudar fondos comunes, en el fondo la intuición de Hobbes, y que perduró miles de años.
Hubo una segunda etapa, dice el autor, de deriva ineludible hacia la autocracia, que ahogó cualquier forma consensuada de gobierno. Y una tercera de resorgimiento en la que la democracia reapareció con vigor y enjundia. Es la democracia moderna, la actual, siempre amenazada.

“Stasavage milita sin dudarlo en el grupo de autores que alertan de la actual retracción o retroceso que la democracia está sufriendo en el mundo”

La deriva de la democracia incipiente hacia la autocracia, dice, discurrió por diferentes caminos. Ocurrió primero en Oriente, en China. El desarrollo de la agricultura intensiva, suelo blando y regadío, que facilitó el control de la riqueza y la existencia de una burocracia estatal hereditaria empujaron a China hacia un Estado autocrático. En Oriente Medio la primitiva democracia tribal de los pueblos nómadas de Arabia derivó hacia la autocracia cuando los conquistadores islámicos heredaron el aparato burocrático de los gobernantes sasánidas de Irak. Y en Europa el proceso se demoró y la democracia temprana resistió, según Stasavage, porque los gobernantes europeos eran notablemente débiles y carecían de burocracias eficaces y tecnologías avanzadas capaces de extraer de la producción económica lo que sí consiguieron los emperadores chinos y los califas musulmanes. La tercera etapa, la democracia moderna, continúa, aflora por la evolución, inconsciente y persistente, de las instituciones de la democracia temprana que permanecían latentes.

La autocracia estable, ¿alternativa real de gobernanza?
Insiste en su obra Stasavage en sus tesis, desmontando con pruebas empíricas, tópicos enraizados. Rechaza que fueran los griegos quienes inventaran la práctica democrática. Rechaza que la desigualdad social sea perjudicial para la democracia. Rechaza que la democracia solo pueda existir en los países ricos. Declara errónea la predicción de 1988 de que la caída del muro de Berlín dejaba a la democracia liberal como único sistema de gobierno posible. Y también la de que China entraría en el redil de la democracia liberal: la realidad es que su sistema, autocrático y burocrático durante milenios, es estable, y ello le induce a concluir que en lugar de una desviación de la vía de la democracia natural, hay que considerarla una verdadera alternativa para la gobernanza.

“Debemos sospechar de los reflejos antidemocráticos en los que un dirigente electo se comporta de manera tan despótica como un autócrata”

Es interesante la descripción, detallada y documentada, con especial dedicación al área anglosajona y a China, de la evolución de los pueblos desde la democracia temprana o iniciática a la autocracia y viceversa. Deja al descubierto y nos permite entrever las claves que han determinado giros políticos transcendentes en la historia, y las causas que han provocado el germen, el auge, el esplendor y la caída de la democracia en diferentes épocas y lugares de la historia. Y sobre todo nos desvela las fisuras que han socavado en cada momento las instituciones democráticas.

“La autocracia, aunque en ocasiones sea hecho estable, es un desvío de la forma natural de regirse el hombre en convivencia”

Stasavage milita sin dudarlo en el grupo de autores que alertan de la actual retracción o retroceso que la democracia está sufriendo en el mundo. Descabalga desde luego del árbol democrático a países que no lo son aunque celebren elecciones, a los que relega a una nueva categoría que Levitsky calificó de autoritarismo competitivo. Nos hace sospechar de los reflejos antidemocráticos que están surgiendo en democracias genuinas, o en las que un dirigente electo se comporta de manera tan despótica como un autócrata. Y su desesperanza va más allá. Quizá haya que admitir, ya se dijo antes, que, como a Ormuz le paso con Ahriman, estemos obligados a admitir que, frente a la democracia liberal, el sistema de autocracia duradera que rige en algunos países de forma estable como es China, y hasta el imperialista de Rusia, tengan que ser reconocidos como verdaderas alternativas a la democracia para la gobernanza.

JAGS 2No estaría solo en esta idea. Magnates de Occidente y entre ellos el que fue alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, creen que el modelo chino, que de antiguo abre ficha a todos los ciudadanos y acosa al renuente, sirve a los consumidores mejor que las democracias. Y el diplomático francés Jean M. Guehenno en su obra El primer siglo XXI (Flammarion 2021) imagina una arcadia feliz sin necesidad de votaciones, en la que los big data de cada ciudadano permitirían a los gobiernos satisfacer necesidades y deseos de forma personalizada, lo que haría superflua la democracia liberal.

La democracia, único sistema acorde a la razón
No es ésta desde luego la opinión general de sociólogos y filósofos, defensores a ultranza de que el único sistema con justificación racional y real defensa de los derechos humanos es la democracia. La autocracia, aunque en ocasiones sea hecho estable, es un desvío de la forma natural de regirse el hombre en convivencia. Y sabido es que la solución a cualquier desvío o enfermedad de la democracia consiste en intensificarla y depurarla. Stasavage propone, por ejemplo, un gobierno más cercano al ciudadano, crear vínculos estrechos entre los políticos electos y sus electores, aumentar las inversiones en nuevas tecnologías para potenciar la comunicación política en medios y redes sociales, aumentar las asambleas y la participación ciudadana en consultas y juicios políticos..., etc., evitando que los gobernados sientan desafecto o desconfianza del sistema.

“La democracia es un experimento político en desarrollo permanente que tiene ínsita una contradictio in terminis, un imposible metafísico que Riemen resumió en un adagio: la democracia está condenada a sucumbir ante su propia libertad”

Hay que reconocer, como punto de partida, que la democracia es un experimento político en desarrollo permanente, en movimiento continuo. Incluso, como otras veces se ha indicado, la democracia tiene ínsita una contradictio in terminis, es un imposible metafísico -consenso entre opuestos, uniformidad en la diversidad, ventajismo de las mayorías sobre unas minorías que no pueden quedar irredentas, etc.- que Riemen resumió en un adagio: la democracia está condenada a sucumbir ante su propia libertad.
Pero si a pesar de todo se tiene la convicción de su racionalidad, es preciso potenciar el mensaje de Stasavage, profundizar en el tronco de su razón justificativa, depurarla del ramaje superfluo de pasiones o añoranzas populistas, y profesar la que Habermas llama racionalidad antiemocional. Que todas las decisiones respondan a una formación discursiva, es decir, sean fruto de consensos argumentados. Que todas las instituciones intervinientes obedezcan a principios democráticos por participar los ciudadanos de su organización interna. Sofocar la seducción del autoritarismo. Excluir con firmeza la hiperpolarización identitaria.

“Y sobre todo abominar del nacionalismo enconado que alimenta nostalgias imperialistas, como ha hecho hace un mes el autócrata Putin que para desnazificar un país lo aplasta en nombre de un mito imperialista delirante, la madre Rusia, cuya historia como tantos otros nacionalismos, se ha puesto a reescribir. Es, en expresión de Pasolini, la ruindad miserable del fascismo de los que se dicen antifascistas, el peor”

Y sobre todo abominar del nacionalismo enconado que alimenta nostalgias imperialistas. Tanto del utilizado en su tono menor por Johnson para el Brexit, como de los reflejos inquietantes que están apareciendo en toda Europa y que enumerábamos al principio, para evitar que algún día pueda explotar en su grado más aterrador, como ha hecho hace un mes el autócrata Putin que para desnazificar un país que suspira por la democracia, lo aplasta con sus tropas al estilo de la blitzkrieg hitleriana en nombre de un mito imperialista delirante, una patria sagrada, la madre Rusia, cuya historia como tantos otros nacionalismos, se ha puesto a reescribir fabricándola y distorsionándola a su antojo. Es, en expresión del recién fallecido Pasolini, la ruindad miserable del fascismo de los que se dicen antifascistas, el peor. La sin/razón. Justo lo contrario de la democracia.


LOS PROTOCOLOS NOTARIALES, UN TESORO ÚNICO

El notario Barrios Fernández hace un sugerente recorrido por este Archivo singular pletórico de vida real

Cuando en 1916 se quiso celebrar una exposición conmemorativa del 4º Centenario de la muerte de Cervantes, la comunidad científica y cultural quedo asombrada: los únicos datos ciertos y reales que de la vida del escritor pudieron exhibir estaban en documentos notariales. Todos reconocieron entonces que los Protocolos de esos siglos eran el único archivo civil existente, su conjunto uno de los archivos más importantes de Europa desde el punto de vista de la historia social -lo dijo la Presidenta de Madrid- y la mejor y más fiable fuente de la vida social de la época. Lo mismo han comprobado los investigadores del bajo medievo, los historiógrafos sociales y los cronistas de la vida social. Rodríguez Adrados lo constató en su obra Escribanos y Protocolos en el Descubrimiento de América (CGN, 1992), y lo ha reconocido la América hispana, a la que se trasplantó el Derecho castellano. El arte de la memoria notarial, lujosa edición del Gobierno de México en 2013, comienza repitiendo significativamente que Los Archivos Notariales pueden mirarse como lugares que guardan tesoros… Son una de las fuentes históricas menos estudiadas y más interesantes: aquella que cuenta la vida cotidiana, los negocios, los pesares y los anhelos que los hombres y las sociedades han tenido a lo largo del tiempo.

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“Los Archivos Notariales pueden mirarse como lugares que guardan tesoros”

Un notario ilustrado de este Colegio, apasionado del oficio y arte notariales, Plácido Barrios Fernández, admirador consciente del tesoro singular que albergan los protocolos notariales, ha hecho una interesante investigación histórica sobre escribanos, notarios y sobre todo protocolos, ese conjunto de documentos autorizados por notario, auténticos, reales y vivos, que son testimonio inmarcesible y secular de usos y costumbres -Observantiae sive usantiae como dictó el Reino de Aragón-, la vida real de los ciudadanos en su indiscutida pureza y autenticidad. Se titula De Escribanos a Notarios (Basconfer & Tan SL, 2021), la prologa el notario historiógrafo Antonio Linage Conde, y el autor la define humildemente como Apuntes para una historia del Notariado español, cuando es un compendio de datos, reflexiones y sobre todo, para hacerlo más ligero, de anécdotas, costumbres, usanzas y peripecias que abarcan desde el ámbito objetivo de la vida comercial y social hasta la íntima y personal de los ciudadanos. De estilo ligero y fácil lectura sin perder un ápice de seriedad o rigor, el libro podría definirse como un gran mural variopinto, al estilo del gran Brueghel, de escenas y tratos pasmosos entre otorgantes singulares que refleja, sobre los adustos renglones de la fe notarial, las conductas y anhelos de una sociedad bulliciosa.


PRONTUARIO DE LITERATURA VIVIDA

De nuevo el brillante polígrafo Andrés Amorós, catedrático de literatura y escritor, fuertemente vinculado a este Colegio, nos acaba de obsequiar con una obra sugerente, otra de su singular y nutrido elenco, Las cosas de la vida la titula (Ed. Forcola, feb. 2022), que vuelve a asombrar por su agudeza, su erudición y sobre todo por su naturalidad. Natural en el estilo, Aspiro a la sencillez titula uno de sus capítulos, no a la simpleza de lo banal sino a la sencillez del maestro que al escribir solo piensa en el lector, que le responde agradeciendo ese estilo directo y preciso para orientarse en el marasmo del saber universal. Y natural también en el contenido, las cosas de la vida, las de siempre, todas en discusión, el amor, el silencio, la libertad, la envidia, la ignorancia, el arte y la belleza…, lo único indiscutible, el amor a la vida…, las eternas dudas y preguntas del hombre que no encuentran respuesta definitiva que clausure su debate para siempre, razón del subtitulo de la obra, Guía para perplejos.

“El libro es un vademécum de filosofía de un literato que, en frase de Eco, ha hecho del lenguaje y la cultura universal su campo de juego”

 

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Entreverada discurre una crítica social a costumbres enquistadas, la asunción acrítica del ideario pesimista que denuncia Roca Barea, los hábitos incluibles por el sabido En este país de Larra, la grosería rampante que destapa Ussía, o el nuevo vicio nacional que él mismo delata, el adanismo, todo empieza ahora conmigo, también el hombre, el hombre nuevo (¿) repiten cuando el ser humano es en esencia el mismo y nunca cambió radicalmente, termina.
El libro es un vademécum de filosofía, un florilegio de aforismos, un compendio de autores y citas interactivos, un prontuario de conductas y una miscelánea de sabiduría imperecedera, todo enlazado por el fino hilo conductor de un filósofo/literato que, en frase de Eco, ha hecho del lenguaje y la cultura universal su campo de juego.

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