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REVISTA103

ENSXXI Nº 104
JULIO - AGOSTO 2022

Por: JOSÉ ARISTÓNICO GARCÍA SÁNCHEZ
Presidente de EL NOTARIO DEL SIGLO XXI


LOS LIBROS

Michael Onfray, negacionista post-nietzscheano radical, nos imparte una lección de Historia de la Filosofía a través de símbolos incluidos en retratos de los filósofos más famosos

Coincidiendo con la polémica por las restricciones que los planes de estudios pretenden imponer en nuestro país a la ciencia del pensamiento, la filosofía, ha aparecido, quizá como inesperada compensación, una obra que pretende divulgar la filosofía a través del marco didáctico de la pintura. Su autor es uno de los filósofos más chispeantes del actual panorama cultural, Michael Onfray, l’enfant terrible del materialismo hedonista. Ya intentó en 2016 con La vitesse des simulacres experimentar la capacidad expresiva de la escultura para transmitir la historia del pensamiento. Luego, en 2019, afrontó el singular empeño de valerse de la pintura para el mismo fin. El resultado lo hizo público en París en un libro que tituló Le cocodrile d’Aristote. En España, muy bien traducido y editado, ha aparecido el mes de abril pasado (Ed. Planeta 2022) con el mismo título El cocodrilo de Aristóteles.

“Es una obra que pretende divulgar la filosofía a través del marco didáctico de la pintura”

La obra propone revelar las líneas maestras de las doctrinas filosóficas a través de treinta y tres lienzos, bien reproducidos en el texto, correspondientes a otros tantos filósofos desde Pitágoras y Anaxágoras hasta Foucault y Derrida, con ventaja en el número de los elegidos para el claustro galo, pasando por Sócrates, Platón, San Agustín, Kant, Nietzsche etc. Cierto es que hay notables ausencias, algunas reconocidas por Onfray en su arrepentimiento final como Averroes, Avicena o Maimónides, y otras, caso de Leibnitz, Hume, Hegel o Schelling, excusadas en que no ha habido pintores capaces de trasladar al lienzo el detalle revelador, el objeto capaz de expresar el todo, analogón llama el autor a esta metonimia pictórica, es decir al símbolo delator de su mensaje doctrinal que daría sentido al cuadro.

“La mayoría de las pinturas exigen una descodificación puntual para ser realmente comprendidas. El pintor necesita encontrar un analogón para su boceto que el intérprete deberá saber desvelar al descodificarla”

Cierto es que la mayoría de las pinturas exigen una descodificación puntual para ser realmente comprendidas. Y al igual que Wagner asigna a cada personaje del drama musical un leit-motiv que lo identifica, el pintor necesita encontrar un analogón para su boceto -algunos inmortales como la sonrisa de Gioconda o la mirada del Papa Inocencio- que será motivo identificativo o símbolo expresivo del alma del héroe de su pintura. Y en él estará concentrado el todo de su singularidad que el intérprete deberá saber desvelar al descodificarla.

“Si tuviera que elegir el analogón de Nietzsche elegiría un martillo para romper. A sí mismo se atribuiría un hacha para destrozar”

Michel Onfray es un filósofo brillante y exaltado. Es rebelde, ácrata, libertario, ateo radical, hedonista. Podría adscribirse a la escuela de Epicuro y Lucrecio. Admira sobre todos a Nietzsche cuyo nihilismo sublima y trata de superar, Dios no está muerto, dice, porque las ficciones no mueren nunca. Como es sabido, es autor de más de cincuenta libros, y sus títulos lo dicen todo, Antimanual de Filosofía, Contrahistoria de la Filosofía, Tratado de ateología, Política del rebelde, Tratado de resistencia e insumisión… Si tuviera que elegirlo, el analogón de Nietzsche para él sería un martillo para romper, y a sí mismo se atribuiría, además de una presuntuosa bombilla, un hacha para destrozar. A pesar de este su negativismo radical del que ya hizo gala en su tesis doctoral, todos reconocen lucidez a su discurso. Y como también todos saben, es muy leído y sus clases de Historia de la Filosofía se emiten regularmente por France-Culture.

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Y es que no es nada desdeñable su capacidad didáctica y divulgativa en medido equilibrio con la profundidad de sus reflexiones. Lo demuestra el libro que comentamos. Aunque es inevitable que a lo largo de su exposición se deslicen deducciones de su particular visión doctrinaria iconoclasta y rebelde, en el núcleo del texto se desarrolla una sugestiva historia general de la filosofía para doctos y profanos, cuya lectura, centrada como se ha dicho en la descripción de pinturas que se reproducen con precisión al margen, resulta placentera y satisfactoria.

“Se desarrolla una sugestiva historia general de la filosofía para doctos y profanos, cuya lectura, centrada en la descripción de pinturas que se reproducen con precisión al margen, resulta placentera y satisfactoria”

La copa de Sócrates en el cuadro de David, la lanceta de Séneca en el cuadro de Luca Giordano o el parapeto de Nietzsche en la visión de Munch resultan magistrales. Rebuscada parece la elección de la mano de Descartes como analogón en el retrato de Frans Hals, y suena a artificiosa la disquisición que lo justifica. Sartre y Freud entre otros, porque no son los únicos, son degradados y académicamente deshonrados bajo el hacha que Onfray adoptó por símbolo.

“Con su lectura, al tiempo que rememoramos nuestro acerbo cultural, descodificamos lienzos señeros que, en su soledad eterna, están hablando en silencio a la espera de que alguien sea capaz de escuchar correctamente su mensaje”

Pero él no trata de dar lecciones de arte pictórico, sino de intercalar entre pinturas una historia culta y pedagógica de las escuelas filosóficas. Desde los griegos hasta el actual movimiento deconstructivo de Derrida. La expone con ágil precisión y amenidad rigurosa, lo que nos permite, expurgando los ramalazos sectarios del Onfray más radical -que no abundan por cierto en esta obra-, rememorar nuestro acerbo cultural filosófico al tiempo que descodificamos lienzos señeros que, en su soledad eterna, están hablando en silencio a la espera de que alguien sea capaz de escuchar correctamente su mensaje. Y eso es lo que intenta, con ingenio y sutileza, en clave filosófica, este profesor singular.

Una digresión: Diógenes de Sinope acompañado por Platón

Es un oleo de Mattia Preti colgado en los Museos Capitolinos de Roma. Onfray lo descodifica viendo en la lámpara que porta Diógenes, epicentro como es sabido de una de las escuelas socráticas menores del siglo IV, la escuela cínica, el analogón de su búsqueda, con la socarrona ironía del descreído, al imposible hombre ideal de Platón, la Idea de Hombre.

“De la exhibición de impudicias se pasó a hacer equivalente el cinismo con el descaro, la desfachatez y la desvergüenza en defender acciones o doctrinas vituperables, incluso con la afectación insolente de quien sabe que está mintiendo”

Esta escuela, ridiculizada por sus adversarios al reducir su doctrina a una simple exhibición de impudicias, iba mucho más allá. Frente a quienes defendían que la virtud es el único bien y el vicio el único mal, los cínicos censuraban el placer como el mayor de todos los males y predicaban la necesidad de desprenderse de todo lo terrenal -idea recibida luego por el cristianismo-, incluso del decoro y del pudor (de ahí la exhibición de impudicias denigratorias denunciadas por sus adversarios). Esto indujo después a hacer equivalente el cinismo con el descaro, la desfachatez y la desvergüenza en defender acciones o doctrinas vituperables, incluso con la afectación insolente de quien sabe que está mintiendo. Y este descaro cínico ha estado siempre y esta desgraciadamente vigente aún en el ámbito de la política.

“El discurso de Putin es puro trasunto de la doctrina cínica que niega tajantemente la sinceridad en la motivación y en las acciones del hombre. Bien podría considerarse a Putin arquetipo y a su discurso declaración programática del cinismo”

¿Habrá mejor calificativo para el Putin que invade una nación afirmando que solo quiere desnazificarla y liberar a sus ciudadanos de los fascistas demoniacos que la sojuzgan? ¿Habrá mejor calificativo para quien afirma que los masacrados inventan sus víctimas solo para inculpar al invasor, o que la agresión la inició Occidente y la sacrosanta patria no tuvo otra opción que defenderse? Este discurso es puro trasunto de la doctrina cínica que niega tajantemente la sinceridad en la motivación y en las acciones del hombre. Bien podría considerarse a Putin su arquetipo y a su discurso la declaración programática del cinismo.JAGS 2
Pero esta doctrina, disfrazada de propaganda, ha contaminado en mayor o menor grado a la política y a los políticos en general. Así lo sugiere un libro de dos catedráticos de Derecho Político de la Universidad de Nueva York, Bruce Bueno de Mesquita y Alastair Smith, que oportunamente acaba de ser reeditada por Ed. Siruela (marzo 2022), titulado El manual del dictador, cuya tesis, denigratoria para los políticos, para todos, a los que acusa, en una generalización insólita y con cierto sarcasmo, de moverse sobre pautas próximas al cinismo aunque no lo mencionan expresamente. Reduce a un simple cuadro didáctico, como rareza singular, la raggione di stato de Maquiavelo. Aún así, su lectura resulta atractiva y provocadora.

“Todos los políticos, todos, dejan a un lado las ideas de virtud cívica o bien común, anteponiendo siempre como objetivo capital su permanencia en el poder. Esto vicia de inicio sus decisiones”

Para estos autores todos los políticos, autócratas y demócratas (y hace extensiva la receta a los jefes ejecutivos de las grandes empresas) ceden a la lógica de la política y a sus reglas sibilinas. ¿Cuál es para un dirigente la mejor manera de gobernar? se preguntan. Los Estados no tienen intereses, las personas sí, responden. Y todos los políticos, todos, dejan a un lado las ideas de virtud cívica o bien común, anteponiendo siempre como objetivo capital su permanencia en el poder. Esto vicia de inicio sus decisiones. Y justifica el subtítulo de la obra que comentamos: Por qué la mala política es casi siempre buena política, que no deja de ser sino otro nuevo trasunto del credo de la escuela cínica.
La calidad de un político se suele medir por el tiempo que dura en el poder o las veces que es reelegido, lo que convierte la duración en su objetivo capital. El de todos. La diferencia entre el demócrata y el dictador no es pues cualitativa sino cuantitativa: depende del número de personas que integran la que llaman coalición ganadora. Nada importa el electorado nominal, el censo, ni siquiera el electorado real, los que votan de hecho. Lo que importa es el grupo del electorado real que vota y además integra la coalición que decide. Miembros decisivos de la corte, del ejército y del aparato estatal, caso de Luís XIV de Francia, por ejemplo. Miembros decisivos del Comité Central del Partido Único en su caso. Miembros de alto rango familiar en Arabia Saudí. Los esenciales de los Consejos de dirección en las grandes corporaciones.

“En el fondo, la diferencia no es cualitativa. Ni los políticos demócratas son mejores personas que los autócratas y tiranos. Ni siquiera es clara la distinción entre unos y otros”

Claro que en la aplicación de esta regla hay diferencias sustanciales. A un autócrata le basta la lealtad de un pequeño grupo de oligarcas y burócratas, caso de Putin. Un demócrata en cambio necesita la lealtad de una mayoría de votantes, lo que explica la menor duración de su mandato. Y esto no es baladí. Tiene la ventaja de que la mayoría electora coarta su discrecionalidad en la gestión, pero también la desventaja de que, al saber más corto su tiempo, proyecta a plazo más corto su plan político, solo hasta la próxima elección, para que le sea rentable. Pero en el fondo, repito, para estos autores la diferencia no es cualitativa. Ni los políticos demócratas son mejores personas que los autócratas y tiranos. Ni siquiera es clara la distinción entre unos y otros.
El bienestar ciudadano o el bien común no figura en el proyecto mental o de intenciones del político sino en tanto en cuanto sirva para su verdadero y casi único objetivo: mantenerse en el poder. La diferencia no está en la calidad del político demócrata, sino en el sistema y en las instituciones que puedan coartar o controlar su gestión. A un autócrata, tipo Putin, le basta tener contenta a una pequeña fracción de burócratas y magnates. Un gobernante demócrata necesita la lealtad de millones de personas, pero si consigue la lealtad de los jefes decisorios en las instituciones de freno y control -Consejo de Estado, Judicatura, Tribunales contables, Fiscalía, Defensor del Pueblo, Parlamento- su gestión en poco diferirá de la del dictador.

“A un autócrata, tipo Putin, le basta tener contenta a una pequeña fracción de burócratas y magnates. Un gobernante demócrata necesita la lealtad de millones de personas, pero si consigue la lealtad de los jefes decisorios en las instituciones de freno y control -Consejo de Estado, Judicatura, Tribunales contables, Fiscalía, Defensor del Pueblo, Parlamento- su gestión en poco diferirá de la del dictador”

La historia confirma esta confusión. Hay monarcas que fueron elegidos y hay demócratas que gobiernan como déspotas. Entre Fulgencio Batista y Castro en Cuba, por ejemplo, no hay diferencias fácticas. El rey Leopoldo de Bélgica era demócrata constitucional en Bruselas y en el Congo fue un déspota brutal. Y Aung San S. Kyi, recibió el Premio Nobel de la Paz y fue después una genocida en su país Myanmar.
Este repaso confirma para estos profesores que autocracia y democracia se entrecruzan demasiado en las crónicas como para establecer entre ellas una diferencia radical. Son válidas las lecciones de ambos extremos. Y después de todo concluyen lo que los gobernados han intuido de antaño y repetido sin pudor: que sigue siendo cierto el viejo dicho de que todos los políticos son iguales.

“Los autores concluyen lo que los gobernados han intuido de antaño y repetido sin pudor: que sigue siendo cierto el viejo dicho de que todos los políticos son iguales”

Y en ellos se manifiesta más que en ningún otro el axioma básico de la escuela cínica que niega tajantemente, como ya se apuntó, la sinceridad en la motivación y en las acciones del hombre. Tristemente las reflexiones de Bueno de Mesquita y Alastair Smith, crudas y descarnadas, dejan al descubierto la que suele ser guía o manual secreto del dictador. Y solo recoge las conclusiones obtenidas por vía inductiva del análisis de la actuación de regidores y gobernantes de todas las épocas y lugares aunque se hayan ido disfrazando o refinando con el tiempo. La antigua máxima maquiavélica, el fin justifica los medios, o la moderna Es mejor pedir perdón que permiso, han quedado superadas. Hoy trasciende difuminado, de forma tal vez inconsciente, sobre el quehacer político cierto aroma de la doctrina cínica de Diógenes en su versión moderna.

Un ensayo global

Casi de puntillas se ha movido por los círculos económicos y culturales un ambicioso y perspicaz ensayo publicado en agosto de 2018 en Amazon titulado El futuro que nos pisa los talones, escrito por un notario, Miguel Morales Montoto de sólida formación jurídica y económica que aborda con erudición y solvencia los problemas que acucian al mundo actual y las encrucijadas con que se topan las naciones que componen la actual Aldea Global.JAGS 3
El populismo, los movimientos migratorios, el calentamiento global, el multiculturalismo o la ya inasumible deuda pública son analizados desde una perspectiva histórica y hasta sus manifestaciones más descarnadas en la actualidad, sorprendiendo al lector con la crudeza de los retos a que se enfrenta esta sociedad globalizada acosada por un futuro incierto pero acuciante y amenazador.

“Admirable y didáctico el soporte histórico de sus reflexiones, el catálogo de los logros y avances, decisivos para la época, de la Escuela de Salamanca del siglo XVI y las admirables Leyes de Indias. Y la estructura y funciones de las Instituciones multinacionales”

Admirable y didáctico el soporte histórico de sus reflexiones. Por ejemplo los trazos hábiles y precisos con que delinea la historia económica mundial. O citemos como particularidad el generalmente olvidado catálogo de los logros y avances, decisivos para la época, de la Escuela de Salamanca del siglo XVI y las admirables Leyes de Indias. Y en un horizonte global la estructura y funciones de las Instituciones multinacionales. En conjunto componen un ensayo realmente instructivo y ejemplar.

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