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REVISTA110

ENSXXI Nº 127
MAYO - JUNIO 2026

Por: JOSÉ ARISTÓNICO GARCÍA SÁNCHEZ
Presidente de EL NOTARIO DEL SIGLO XXI


LOS LIBROS

Emmanuel Carrére hace en su última obra una crónica memorial de sus ascendientes entreverada con una visión crítica chispeante de episodios de la historia europea del último siglo

Otra vez el libro-estrella de la última rentrée literaria francesa ha sido una obra del pensador y literato francés, rabiosamente actual y original, Emmanuel Carrère. Ya lo fue en su día Limónov (Prix de Prix 2011), tres años después Le Royaume y en plena pandemia lo fue Yoga, todos comentados en esta revista, y todos con tantos galardones y premios que el autor ha quedado consagrado en Francia como figura literaria de primer orden, lo que matiza en positivo el perfil suyo que circula de hombre desmesurado, canalla, agrio y delicado en una pieza, aunque imprescindible.

Esta vez nos ha sorprendido con otra obra maestra, Koljos (Ed. Anagrama, 2026), también señalada ya con varios premios, en la que insiste en investigar la intimidad humana, en este caso la de su propia familia a la que escruta de forma implacable, aunque bajo la capa de una intensa admiración en el caso de su madre. Ya había seguido este camino en la antes citada Limónov, novela biográfica que escudriña la psique de un personaje también excesivo, un hombre también exagerado, místico y golpista, héroe y fracasado, suicida y descarado, aunque apasionado, en el marco histórico de la liberación rusa. Y lo había hecho también consigo mismo en Yoga, en la que Carrère escarba en su ego profundo modelando una narcisista autoconfiguración psíquica, una forma de autorretrato psiquiátrico que disecciona obsesivamente, como Rembrandt, su pintor favorito, hizo escrutando su propio rostro durante toda su vida.

“Nos ha sorprendido con otra obra maestra, Koljos, en la que insiste en investigar la intimidad humana, en este caso la de su propia familia”

El objetivo ahora, como ya se ha dicho, es su propia familia a lo largo de un siglo, cuatro generaciones, al estilo de Margarita Yourcenar que al final de su vida escribió tres volúmenes sobre su familia. Él lo hace, aclara, no para disgustar a nadie, sino para mirar las cosas de frente y ver las cosas como son. Aunque, eso sí, siempre bajo la férula de la piedad filial, como le aconsejó su amigo Hervé, que le aseguró que si conseguía mantener su brújula en ese signo tendría su mejor libro.

Biografía familiar apasionada
Y realmente así ha sido. Y no solo por la historia familiar que ya de por sí es fascinante. Una madre, Helene Carrère d'Encausse, una de las grandes intelectuales de Francia, secretaria perpetua de la Academia Francesa, y un padre, atribulado por ser la sombra de su esposa, algo presuntuoso al preponer la partícula de a algunos apellidos y alardear de Proust solo por esnobismo, solo por el ambiente aristocrático que describe y con el que siempre había soñado, y al que solo accedió por su matrimonio con Heléne, una aristócrata de ascendencia ruso-georgiana caída en desgracia tras su exilio, matrimonio por cierto que pronto dejó de funcionar -prácticamente dejaron de hablarse-, aunque el padre eludió siempre el divorcio, incluso la mera separación, prefiriendo permanecer arrinconado en la gran casa que correspondía al cargo de su esposa Heléne, aun a costa de parecer un fantasma en su casa, un padre invisible que dormía en el cuarto de invitados, y al que los hijos ni siquiera odiaban.

“Carrère dedica mucho espacio a su madre y a sus ascendientes ruso-georgianos, de la alta burguesía ilustrada, integrantes de la masa de los que tuvieron que exiliarse en 1918 tras la revolución bolchevique”

Mucho más espacio dedica Carrère a su madre y a sus ascendientes ruso-georgianos, de la alta burguesía ilustrada, integrantes de la masa de los que tuvieron que exiliarse en 1918 tras la revolución bolchevique. Algunos soñaban después seguir perteneciendo a la aristocracia rusa caída en desgracia, y mantenían en el exilio la noble sencillez de los grandes señores pensando que una pobreza asumida con orgullo revelaba más clase que todas las comodidades burguesas. Pero la mayoría, asumiendo que el comunismo los había convertido en vestigios del pasado, se adaptaron como resistentes frente al marxismo, colaboracionistas con Hitler contra Stalin, cualquier cosa antes que el bolchevismo. Pero todos apátridas.
En efecto, toda la familia materna, rusa y georgiana, era apátrida. También su madre, Heléne, que celebró como algo muy valioso obtener la nacionalidad francesa. La logró en la alcaldía del distrito XV, se graduó en el instituto de Sciences Po, trabajó en una librería… y siguió una carrera de ascenso progresivo hasta llegar a la alta dignidad vitalicia de Secretaria permanente de la Academia Francesa. Fue en la sede de la propia Academia donde se celebraron sus exequias, con una laudatio del propio Pte. Macron, aunque Carrère que nunca pierde su ironía, supone escrita por alguno de los negros del Presidente. Precisamente con estas exequias empieza Koljos, obra que también concluye con un paladino reconocimiento del protagonismo de su madre en esta historia. (Aunque su padre, nos susurra Carrère, piensa que ha sido él, en secreto, quien se la ha dictado).
La sutil percepción de Carrère escudriña la psique y las variopintas vivencias de las dos últimas generaciones de sus ascendientes, desvelando sin pudor su vida íntima, el sesgo político-social de cada uno, sus méritos y sus flaquezas, lo que el lector sigue con interés y asombro, absorbido por la agudeza, a veces sangrante, de sus críticas y la sutileza y sarcasmo de sus comentarios que convierten en fascinante una aparentemente mera biografía familiar.

“La mayoría, asumiendo que el comunismo los había convertido en vestigios del pasado, se adaptaron como resistentes frente al marxismo, colaboracionistas con Hitler contra Stalin, cualquier cosa antes que el bolchevismo"

Trazos vibrantes de la historia europea
Pero además ésta ya de por sí atractiva biografía aparece envuelta en un manto de historia viva, como un gran mural que reproduce episodios chispeantes, a veces inéditos, de la historia de Georgia, de Rusia y del bolchevismo. Desde la autocracia absoluta de Nicolás II que concitó (sic) las dos revoluciones de 1917, la burguesa de febrero, fracasada y hoy olvidada, y la de octubre, la bolchevique de un Lenin alentando al exterminio ciego de cualquier desafecto. Carrére recuerda la frase de Orwell, de que Lenin no instauró una dictadura para salvar la revolución, sino que hizo una revolución para instaurar una dictadura. Lo cierto, dice, es que convirtió a Rusia en una enorme mazmorra, lo que provocó la huida hacia Europa de todas las fuerzas creativas de tendencia liberal, entre ellas todos los ascendientes maternos de Carrère. Esos que en el famoso documental Octubre, encargado al mismísimo Eisenstein, frente a unos proletarios radiantes, son denostados de abyectos, por sayones que además se orgullecen de su abyección, documental por cierto al que Carrère atribuye falsedad absoluta.JAGS 1
No disimula desde luego el autor su repulsión visceral por el bolchevismo y sus próceres. La ya citada crueldad sanguinaria de Lenin. Beria, jefe de la NKVD, el sádico georgiano que hacía secuestrar a jovencitas que luego se evaporaban, y cuya madre se hacía abrir clandestinamente las iglesias para rogar a Dios perdón por los crímenes de su hijo. O Stalin, exterminador sistémico, que en 1946 decretó amnistía general para los rusos blancos huidos que regresaran a Rusia, para luego hacerlos desaparecer, historia que casi nadie conoce y que solo se puede atribuir a pura crueldad. Su ojeriza termina salpicando en sus alusiones irónicas al mundo literario ruso, Tolstoi/Dostoievski, o al francés de la ocupación, Sartre/Camus, ambos resistentes de la invasión nazi (Camus de forma activa, Sartre no tanto) pero que al término de la contienda Camus se mostraba indulgente por piedad con los vencidos, y Sartre despiadado porque anteponía las ideas.

“Es excitante su visión de los sucesos que han agitado a Occidente en las últimas décadas. El caos de Argelia. Los tanques soviéticos invadiendo Budapest en 1956 y Praga en 1968, siempre en nombre de la libertad. El glorioso Mayo francés del 68. O la perestroika… hasta que en marzo del año 2000 fue elegido Presidente de la Federación Rusa, Vladímirovich Putin”

Resultan originales e intencionadas las referencias históricas que incluye en su relato, por ejemplo, las que hace a Catalina II, intelectual de altos vuelos y de apetito sexual insaciable, y a Potenkim, un ogro, una fiera, guapo y feo, de una bravura desbocada en su conquista de Crimea, tierra de todos y de nadie, para el Imperio ruso/sur, y siempre, hasta su muerte por el cólera.
También es excitante su visión de los sucesos que han agitado a Occidente en las últimas décadas. La nacionalización del Canal de Suez por Nasser en 1956. El caos de Argelia, una guerra estúpida y sin salida. Los tanques soviéticos invadiendo Budapest en 1956 y Praga en 1968, siempre en nombre de la libertad. El glorioso Mayo francés del 68, alabado, odiado pero envidiado en el cambio generacional. Relatos todos ellos que nunca abandonan ni pierden de vista las coordenadas históricas rusas, con el drama moderno, solapado pero latente, del choque entre dos grandes ideologías, islam y comunismo, aún irresuelto. O la perestroika vista desde la perspicacia intelectual de Helene, que vierte suspicacias sobre Jrushchov y alabanzas sobre Yeltsin, aunque la libertad y democracia que éste presagiaba se convirtieron en una desigualdad indecente que sumió en la miseria al 99% de la población rusa… hasta que en marzo del año 2000 fue elegido Presidente de la Federación Rusa, Vladímirovich Putin.
Y ya sobre este prócer, viejo conocido de su madre, vierte Carrère todo su sarcasmo. Putin puso en cintura a los oligarcas y restableció el orden, dice, pero era un orden corrupto, sin la menor consideración a las libertades, con ambigüedad y doblez permanentes. Reconoce los excesos del comunismo, sí, aunque al tiempo lo califica de grandioso, pero a la postre restauró el imperialismo, primero declaró guerra en Chechenia para asentar su poder, y luego exterminó con frialdad implacable a todos sus opositores. Se le tilda de mafioso, de gánster y matón de poca monta, que racionaliza la codicia (le delatan el palacio suntuoso en el Mar Negro que denunció Navalny o su afición a los Patek-Philips o a las escobillas de váter de oro macizo), y que en su paranoia imperialista invadió primero Crimea y luego Ucrania, invasión ésta que por ley especial, y para evitar rumores fake, decretó, con un cinismo sádico, operación militar especial, no guerra, lo que demuestra, añade, no nuestra agresividad sino nuestra misericordia.

“Carrère es el enfant terrible de las letras francesas. Su ingenio penetrante llega al rincón más oscuro y recóndito de almas, conciencias y conflictos, desarrolla magistralmente su querencia por la autoficción, insistiendo en su tendencia autodestructiva que palpita entre líneas en su propio portarretrato”

Un autor arrebatado y arrebatador
Y no podemos preterir el lamento nostálgico de Carrére por Georgia, patria de sus bisabuelos, de marcada y orgullosa identidad, que se autoconsidera cuna de la civilización europea, que presume de tener cristianos antes del nacimiento de Jesús, un pueblo pobre pero ufano y sin complejos, que consideran a su país un paraíso en la tierra, y hoy vilmente colonizado por Rusia, que impone un Gobierno prorruso títere de Putin, aunque sea mediante unas elecciones amañadas hasta la indecencia como fueron las de febrero de 2025.
Carrère demuestra una vez más su estilo de enfant terrible de las letras francesas, tiene una psique desbocada, con periodos de alucinaciones y depresiones como él mismo reconoce en Yoga, pero su ingenio penetrante llega al rincón más oscuro y recóndito de almas, conciencias y conflictos. Premio Princesa de Asturias 2021, rebosa en galardones literarios, con Koljos ha ganado el premio Médicis, quedó finalista en el Goncourt y sonó varias veces para el Nobel.
En esta obra desarrolla magistralmente su querencia por la autoficción, insistiendo en su tendencia autodestructiva que palpita entre líneas en su propio portarretrato, en la tribulación cáustica de un padre pequeño burgués, empleado en una aseguradora e historiador aficionado, íntimamente atormentado, o en la fascinación desbordada por su madre Helene, hija de próceres ricos arruinados que labró una carrera fulgurante en la alta intelectualidad francesa.

“No es que sea un libro de historia común, solo es una crónica visceral hecha por un visionario marcado por la angustia, que siempre encuentra el lado punzante de cada suceso”

Y el mismo baremo se percibe en los trazos de sus narraciones y del contorno de los personajes que se cruzan en su relato. Trazos a veces deformantes pero delatores, chispeantes pero convincentes. Su prosa sigue siendo directa, poderosa, cruda y deslumbrante. Con su fuerza conceptual, con la misma acelerada crudeza y vitalidad, superando la realidad hasta la desmesura y la deformación expresiva. Carrére no deja en el tintero que los georgianos al gran prócer le apodan Putinín, o que la última palabra que dijo su madre, la gran Helene, antes de morir, fue Kyllian Mbappé.
Es una biografía familiar apasionada. Ya es significativo el título Koljos que Carrère elige para su obra. Koljo es el nombre que los uzbecos dan a las extensiones agrícolas comunistas grandes. Cuando siendo niños Carrère y sus hermanos, en ausencia del padre, se acostaban con su madre en el lecho conyugal, la madre llamaba a ese ritual hacer koljoz. Era, dice. la mayor felicidad de todos.
Y es también una visión sagaz, descortés y explosiva de la historia de la Europa del siglo XX. Con fijación obstinada, eso sí, en la Rusia zarista, bolchevique, la de la perestroika y la neoimperialista de Putin. No es que sea un libro de historia común, solo es una crónica visceral hecha por un visionario marcado por la angustia, que siempre encuentra el lado punzante de cada suceso.

POESÍA… también

Antología de los 50 mejores poemas en español, enriquecidos con lúcidos y eruditos comentarios de Amorós que iluminan su lectura

Justo en esta primavera, protagonizada por festivales literarios como el Día del libro o el festival libro-Mad, para fomentar el amor a la lectura, no podemos dejar de hacer referencia a la última obra de este gran polígrafo y profesor, profundamente vinculado al Notariado, Andrés Amorós, humanista ilustrado y con una inusitada habilidad para desvelarnos las claves ocultas que permiten percibir en su plenitud los mensajes de sus crónicas y lecciones. Esto ocurre también con la poesía en la obra a que aludíamos. Se canta lo que se pierde es el verso machadiano que ha elegido de título para su antología, que aclara con el subtítulo Los cincuenta mejores poemas españoles, comentados. Del Arcipreste de Hita a Antonio Carvajal (Ed. Fórcola, 2026).

“Hay que reconocer que la poesía es una de las bellas artes menos cultivada o recreada en la convivencia social, incluso en foros ilustrados”

No es una mera selección de poemas más, como fueron la de Menéndez Pelayo o Blecua en su día. Es algo más, como se verá. Y por supuesto se podrá discutir el criterio de selección, pero el prestigio e independencia acreditada del autor, nos induce a presumir objetividad y acierto en su elección. Y aunque se podrían echar de menos algunas faltas, pienso que no habrá muchos que votarían alguna exclusión.
JAGS 2Empecemos reconociendo que es la poesía una de las bellas artes menos cultivada o recreada en la convivencia social, incluso en foros ilustrados. Tal vez porque su habitual intensidad reclame mayor intimidad y recogimiento anímico que otras artes para sentirla. Así lo razonaba Don Quijote a Don Diego de Miranda La poesía contiene agudezas que a modo de blandas espinas os atraviesan el alma, como rayos os hieren en ella dejando sano el vestido. Y es que la precisión y hondura de su lenguaje, y hasta su métrica, dificultan a mentes disipadas o reuniones colectivas, sentir los enigmas que intuimos laten entre su texto y su ritmo.

“La poesía es un arte inefable, misterioso, onírico, fruto a veces de genios, monstruos enfermos de lo sobrenatural dijo Nietzsche, y en ocasiones, como en la poesía mística, queda un misterio final que no se puede explicar”

No es fácil a veces, en efecto, descifrar su sentido hondo. T. S. Eliot, cuando le pidieron aclarar qué había querido decir en unos versos, respondió que, si hubiera podido decirlo mejor, lo habría dicho de esa manera en lugar de escribir esos versos. Cierto es que la poesía es un arte inefable, misterioso, onírico, fruto a veces de genios, monstruos enfermos de lo sobrenatural dijo Nietzsche, y en ocasiones, como en la poesía mística, según recuerda en el prólogo el autor, queda un misterio final que no se puede explicar.

“En esta obra Amorós añade, sin alardes ni pretensiones académicas, unos sencillos comentarios, a la vez magníficos, documentados y amenos, que ilustran decisivamente al lector sobre las coordenadas literarias, escolásticas y temporales de cada poema, ayudándole a disfrutar de su lectura”

Pero en esta obra Amorós añade, sin alardes ni pretensiones académicas, unos sencillos comentarios, a la vez magníficos, documentados y amenos, que, sin obviar desde luego datos técnicos necesarios como la métrica, el estilo o referencias biográficas al autor y siempre sin pretensiones dogmáticas, según confiesa, ilustran decisivamente al lector sobre las coordenadas literarias, escolásticas y temporales de cada poema, ayudándole a disfrutar de su lectura.

“Son cincuenta poemas, cincuenta obras maestras encuadradas en su entorno vital, que harán revivir en el lector emociones latentes que la lectura escolar dejó en el subconsciente y experimentar las nuevas sensaciones que la relectura despertarán al ir descubriendo perfiles antes ocultos, ahora desvelados”

Es un libro ligero y profundo, doctoral y ameno, riguroso, didáctico y de fácil lectura, lo que ayuda al lector a soñar recitando con gozosa nostalgia ritmos conocidos, algunos populares, como el romance de El Conde Olinos o la Canción del pirata, y muchas otras que han consolidado en la memoria colectiva desde la época escolar.
Son cincuenta poemas, cincuenta obras maestras encuadradas en su entorno vital, que harán revivir en el lector emociones latentes que la lectura escolar dejó en el subconsciente y experimentar las nuevas sensaciones que la relectura despertarán al ir descubriendo perfiles antes ocultos, ahora desvelados. Porque solo la poesía, y vuelvo con Cervantes, produce el brincar de las almas, el retozar de los cuerpos y es el azogue de todos los sentidos.

Los protocolos notariales, un tesoro único

El notario/historiador Plácido Barrios nos descubre los secretos insospechados que guardan los protocolos notariales sobre las minorías marginales

No hace mucho se hacía eco esta revista de una primera obra de este autor sobre los protocolos notariales. Se titulaba De escribanos a notarios (Basconfer 2021). Era el fruto de un tenaz recorrido por los Archivos notariales indagando en ese conjunto heterogéneo de documentos autorizados por escribanos y notarios durante siglos. Su examen se extendió a algún documento del siglo XV y anteriores, pero sobre todo se centró en los archivados a partir de 1504, año en que una Pragmática dictada por Isabel la Católica en 1504 reordenó el proceso de guarda sistemática de los contratos y documentos autorizados por los escribanos. Fue la famosa Pragmática de Alcalá. El autor, notario/historiador ilustrado, admirador singular del acervo singular que atesoran esos tomos seculares, los ha investigado con solvencia y método, desvelando costumbres, usanzas, peripecias y anécdotas insospechadas que conforman una verdadera historia social, filosófica, religiosa y moral de aquellas sociedades.JAGS 3

“No constituye una filosofía integral de la marginación social, sino solo del tratamiento diferenciado que sufren en la vida jurídica cotidiana”

En esta ocasión ha restringido su examen a la actividad de una parte de la sociedad, la marginada, la olvidada, la postergada cuando no ladeada, esos grupos minoritarios que, en frase de Camus recordada por el autor, no hacen la historia, sino que la padecen. El libro se titula Comparecen los olvidados, especificando en el subtítulo cuales son los que él ha estudiado: mujeres abandonadas, homosexuales, gitanos, prostitutas, esclavos, expósitos y otros (Basconfer, 2026).

“Los protocolos constituyen una fuente primaria, directa, real y democrática en cuanto recogen actos de todos los grupos sociales, dictados ante unos escribanos imparciales, con involuntariedad histórica, sin interés ni prejuicio”

Lógicamente no constituye una filosofía integral de la marginación social, sino solo del tratamiento diferenciado que sufren en la vida jurídica cotidiana que es la que se refleja en los protocolos notariales, aunque el contexto protocolar vierta a veces datos o detalles muy significativos de otras facetas.

“No oculta Barrios los actos sobre los esclavos, que reconocen como seres humanos, pero sin la condición jurídica de personas (no olvidemos que la esclavitud legal subsistió en España hasta 1837 y en Cuba hasta 1880)”

Lo que es innegable es que los protocolos constituyen una fuente primaria, directa, real y democrática en cuanto recogen actos de todos los grupos sociales. Y que son actos dictados ante unos escribanos imparciales, con involuntariedad histórica, sin interés ni prejuicio, lo que acredita la objetividad y fuerza probatoria de su contenido. Es por ello una fuente histórica privilegiada, aunque no única desde luego, a pesar de que a veces lo es. Por ejemplo, cuando en 2016 se celebró el centenario de la muerte de Cervantes, la comunidad científica mundial sumó, a su asombro de que hace dos siglos, cuando por primera vez se buscó, no se encontrara imagen o efigie alguna suya, ni nunca se hallaran sus cenizas porque habían ido a la fosa común, el estupor de que ahora, en 2026, tampoco se habían encontrado más datos ciertos y reales de su firma manuscrita que los que constaban en los documentos notariales, que son los únicos que se pudieron exhibir. Una prueba más de que, a veces, solo éstos recogen la vida real de los ciudadanos en su pureza y autenticidad.

“Se descubre la sumisión de las mujeres que en las escrituras renunciaban muchas veces a los beneficios legales que la ley les empezó a reconocer (cláusulas renunciativas)”

Con el crédito que aporta esa indiscutible autenticidad, ha emprendido ahora Plácido Barrios su investigación y estudio de los contenidos protocolares que afectan a las minorías discriminadas por sexo, religión o etnia. También a los indigentes varios, porque había pobres de solemnidad, pobres vergonzantes, que antes fueron ricos, y pobres falsos o impostados, cada grupo con su régimen. No oculta Barrios los actos sobre los esclavos, que reconocen como seres humanos, pero sin la condición jurídica de personas (no olvidemos que la esclavitud legal subsistió en España hasta 1837 y en Cuba hasta 1880).
Como el autor advierte en el Prólogo, estos documentos oficiales, auténticos y fidedignos, uno de los mejores acervos documentales de la vida cotidiana, son una fuente de sorpresas, a veces tan crudas que llegan a avergonzar al lector actual. Ventas de esclavos solemnizadas bajo la fe notarial descritos como reses, buenos, sanos, sin lesión, de hasta 25 años, machos o hembras, turcos o berberiscos, mejor negros que son más fáciles de llevar y, enseñados, son de mucho provecho…; la sumisión de las mujeres, sometidas al varón, que en lo tocante a la dignidad son de mejor condición de los hombres, y que en las escrituras renunciaban muchas veces a los beneficios legales que la ley les empezó a reconocer (cláusulas renunciativas). Sonrojante. Y son hechos ciertos, documentados en vivo.

“Esta contribución de Barrios al esclarecimiento de la historia humana y del quehacer cotidiano de aquella sociedad, honra al Notariado, cuya perduración temporal y espacial es, en el baremo de Habermas, único posible para evaluar las instituciones, una prueba irrebatible de su prestigio y utilidad social”

El trabajo de Barrios es impagable. Su examen, a veces por catas lógicamente, abarca un periodo de cuatro siglos, se extiende a toda España, incluye los Archivos de Indias, donde se implantó el Notariado sobre el modelo de la metrópolis. Y ha tenido que superar la dificultad de los grafismos manuales antiguos (basta cotejar los facsímiles anejos de la obra). Esta contribución de Barrios al esclarecimiento de la historia humana y del quehacer cotidiano de aquella sociedad, honra al Notariado, cuya perduración temporal y espacial es, en el baremo de Habermas, único posible según él para evaluar las instituciones, una prueba irrebatible de su prestigio y utilidad social.

MEMENTO, derechos reales

Un manual imprescindible para la solución jurídica de casos prácticos

Recuerda García Palomino, hablando del Derecho, que la contraposición de la práctica a la ciencia, calificando a la primera como arte, debe de parecernos una gran hipocresía. El notario, aunque se le exigen importantes conocimientos de Derecho que debe demostrar ante un Tribunal exigente y severo, es fundamentalmente un jurista práctico. Y un jurista práctico, no del tipo estático de predominante labor crítica, sino del tipo dinámico, es decir, es un jurista que cuando aconseja, cuando da forma y autoriza el documento jurídico, pelea en las avanzadillas del Derecho.

“El notario es un jurista que cuando aconseja, cuando da forma y autoriza el documento jurídico, pelea en las avanzadillas del Derecho”

JAGS 4En armonía con esta función lógico es que en su selección se valore decisivamente, no ya el conocimiento y la interpretación de las normas, sino sobre todo la aplicación correcta de la ley al caso concreto con el que se enfrenta. Tal es la razón de la importancia en el examen de ingreso al notariado, de encontrar la solución correcta para el supuesto de hecho que al opositor se le presenta a fin de calibrar su habilidad para ejercer como jurista práctico. En eso insisten las Academias de preparación para aspirantes al cuerpo y muy concretamente la del Colegio de Madrid.
Isidoro Lora-Tamayo Rodríguez, notario honorario de este Colegio, ha sido durante décadas un magnífico Director de esta Academia, planteando, corrigiendo y resolviendo dictámenes sobre casos prácticos. Enseñando a la postre a razonar jurídicamente a los aspirantes, para transformarlos en auténticos y eficaces juristas prácticos en el oficio y arte notarial.

“Un florilegio de casos prácticos sobre derechos reales que constituyen una ayuda insustituible para la formación de juristas-notarios”

Ahora nos ha presentado un florilegio de casos prácticos sobre derechos reales que constituyen una ayuda irremplazable para la formación de juristas-notarios. Se integra entre los Mementos (experto) de la Editorial Lefebvre y es insustituible. Sus índices, la ingeniosa variedad de casos contemplados y analizados, el nivel de las argumentaciones dogmáticas que justifican las soluciones propuestas, y la jurisprudencia referenciada, constituyen una aportación decisiva para todos los operadores jurídicos y muy en especial para los aspirantes a los cuerpos que deben garantizar la seguridad jurídica de los ciudadanos.

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