
ENSXXI Nº 128
JULIO - AGOSTO 2026
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Un día en la Residencia de Estudiantes

Notario de Alcalá de Henares (Madrid)
placidobarrios@notariado.org
Introducción. La Residencia
No hizo falta insistir mucho. Cuando comenté a dos buenos amigos -compañeros de los lejanos tiempos de la oposición- la posibilidad de quedar para comer en la Residencia de Estudiantes, la Resi, les pareció una buena idea. Que la oposición compartida crea lazos fraternales imperecederos es algo que nadie cuestiona. En nuestro caso, tras estar todos alejados de Madrid por largo tiempo en razón de nuestros respectivos destinos, el reencuentro capitalino fue harto sencillo, casi natural, podríamos decir.
A decir verdad, ellos, como muchos, la conocían solo de oídas y no sabían que en pleno centro de Madrid, en uno de los márgenes de la calle Serrano, si bien alejada del tráfago urbano, como un lugar recóndito y acogedor, estaba lo que en su día constituyó el epicentro de la vida cultural española durante los dos decenios previos a la infausta Guerra Civil.
Comentábamos entre nosotros que en cierto modo ese lugar tenía en los años veinte del pasado siglo, salvando todo tipo de distancias, que las hubo, el ambiente que imperaba en el primitivo Colegio Mayor César Carlos, el de la avenida del Valle, es verdad que en momentos históricos muy diferentes del devenir muchas veces -demasiadas, quizás- convulso de nuestro singular y querido País. Y al igual que al primitivo César le sucedió el nuestro, el construido por Alejandro de la Sota junto al Johnny, a la antigua Residencia le sucedía, en el mismo emplazamiento, la actual que, recuperada inicialmente desde 1978, a solo tres años de morir Franco, y restituido su nombre desde 1986, ofrece en la actualidad un sinfín de actividades culturales.
Accedimos pues desde la calle Pinar, casi a su final, y, tras atravesar un espacio ajardinado flanqueado de arbustos, pudimos contemplar abajo a la derecha el curso del antiguo canalillo de traída de aguas de la antigua Hidráulica de Santillana, que serpentea el conjunto de lado a lado en su tramo inferior.
“En pleno centro de Madrid, en uno de los márgenes de la calle Serrano, si bien alejada del tráfago urbano, como un lugar recóndito y acogedor, está lo que en su día constituyó el epicentro de la vida cultural española durante los dos decenios previos a la infausta Guerra Civil”
Llegando a los edificios, en un lateral del segundo de los llamados pabellones gemelos, disfrutamos, a través de una mampara de cristal, de la recreación de lo que pudo ser una habitación como las que ocuparon Lorca, Dalí (1) o cualquier otro estudiante. Se abrió en 2010 con ocasión de su Centenario y nos permite, cual ventana a través del tiempo, volver a aquella época dorada. En una cartela explicativa pudimos leer:
“… es la habitación que cualquiera de los residentes podría haber encontrado cuando llegó por primera vez a la Residencia para instalarse en ella. Se encontraban repartidas por los cinco pabellones que comprendía el complejo arquitectónico… un conjunto de sobrios edificios de ladrillo recocho, construidos entre 1913 y 1917… inspirada en los colleges de las universidades inglesas…”.
Debe aclararse que, en puridad, esta fue la segunda sede, pues la primera, desde 1910 a 1915, estuvo en la calle Fortuny n.º 14, en un chalet esquina a la de Rafael Calvo.
Entre esas paredes estuvieron, además de los citados Lorca o Dalí, otros como Buñuel, Severo Ochoa, Juan Ramón Jiménez o Jorge Guillén, por solo citar a algunos de los más famosos; siendo dos ellos premio Nóbel, algo que, sabido es, no es frecuente en nuestros lares dado que solo han sido ocho los laureados, incluyendo a Vargas Llosa. La lista de residentes es interminable: Pepín Bello, Emilio Prados, Gabriel Celaya, Francisco Grande Cobián, Pere Bosch Gimpera, Salvador Velayos, Julio Rey Pastor, Manuel García Pelayo; y de mi interés particular, Galo Sánchez (2) o Marcelo Jorissen, “el belga” (3).
Había nacido inspirada en el espíritu de la Institución Libre de Enseñanza, precisamente en el seno de la Junta para Ampliación de Estudios, organismo que haría realidad muchas de las ideas del otrora creador de aquella, Giner de los Ríos, para convertirse en el “primer centro cultural de Madrid”, en palabras de Caro Baroja.
La Colina de los Chopos. La Residencia de Señoritas
Entiendo precisa ahora una breve digresión para ubicarla dentro de la geografía madrileña: ya Juan Ramón Jiménez habló de la Colina de los Chopos, como es igualmente conocida, al estar en lo que fueron Altos del Hipódromo, “… en los altos de la derecha del Hipódromo detrás de la Palacio de la Industria y de las Artes”, según la Memoria de la Junta para su erección (4). No en vano aquel estaba, desde 1878, donde hoy se emplazan los Nuevos Ministerios, de Secundino Zuazo. Y fue en 1887 cuando se inauguró el Palacio de las Artes y la Industria construido con motivo de la Exposición Nacional, a esta fecha Museo de Ciencias Naturales y Escuela de Ingenieros Industriales. Enfrente, Castellana de por medio, se ubicó, a la sazón, el Colegio Nacional de Sordomudos y Ciegos (5).
No sería la única construcción en aquella mota; en su zona de levante, entre 1931 y 1933, Arniches y Martín Domínguez concibieron el Instituto-Escuela y el Auditórium (que daba a Serrano), con biblioteca, salas de conferencias, etc.
Del primer autor y coetáneo sería también otro hito arquitectónico. Antes de mentarlo, debo necesariamente hablar sobre la paralela Residencia de Señoritas, que, siguiendo la estela de la primera, se inaugura en 1915 bajo la dirección de María de Maeztu. Su sede era la calle Fortuny n.º 53, hoy de la Fundación Ortega-Marañón. Desarrollaría una muy fecunda labor, potenciando además el intercambio cultural, pues hubo mucho alumnado extranjero, mayormente norteamericanas. Fue precisa su ampliación, que acaece en 1933 y es donde volvemos a Carlos Arniches pues sería quien diseñara el pabellón para alojamiento-dormitorios, en forma de L, en la esquina de las calles Miguel Ángel y Martínez Campos, exponente, a mi entender, de lo más granado del racionalismo capitalino (6).
Federico García Lorca. Notariado
Mas volvamos al recorrido con nuestros amigos. Tras la foto de rigor en el banco del Duque de Alba, por ser su regalo allá por el año 1924, como reza la inscripción pétrea, accedimos al Pabellón Transatlántico, pues tal pareciera “… por su largo balcón de borda y porque sobre la tendida recta de su azotea flotan al viento nuestras ropas…”, en poética descripción de Moreno Villa (7).
En él pudimos contemplar la exposición, que a esta fecha todavía continúa, “Lorca y el Archivo, Memoria en Movimiento”, espléndida como otras que allí se han organizado. No ha mucho, en este año ha acogido la nominada “Intolerancia. España en una Europa convulsa, 1914-1945”, con una profusión de carteles, fotografía y otro material gráfico, muchos de ellos inéditos.
En la de García Lorca -residente entre 1918 y 1928- supimos que había fallecido intestado; de hecho se exponía la declaración judicial de herederos dictada por el Juzgado de Primera Instancia número dos de Granada el 10 de mayo de 1940, en la que se leía:
“Que Don Federico García Lorca, hijo legítimo de su mandante y de su esposa, Doña Vicenta Lorca Romero, falleció en el mes de agosto de mil novecientos treinta y seis, en estado de soltero, sin descendientes y sin haber otorgado disposición alguna testamentaria…”.
El documento judicial, frío y aséptico, lógicamente nada dice de las trágicas circunstancias de la muerte del genial vate. Y se precisó presentarlo, andando el tiempo, para poder firmar sus dos causahabientes con la editorial Aguilar el contrato de edición de sus Obras Completas.
Sabemos que él contó con la pronta amistad de un notario, Lorenzo Martínez Fuset, cuando ambos eran jóvenes estudiando en Granada. Mantuvieron una intensa correspondencia compartiendo inquietudes. Lorca llegó a dedicarle el pasaje “El Albaicín” en su obra Impresiones y Paisajes, mas el destino, siempre azaroso y no pocas veces trágico, les separó irremediablemente. Fuset, primero jurídico militar y después notario destinado en Canarias, se convirtió en persona de la máxima confianza de Franco: a su cuidado dejó a su mujer e hija al embarcar en el Dragon Rapide y, con el tiempo, como asesor personal, desanimándole, por ejemplo, cuando pretendió disolver la Guardia Civil. ¿Pudo el amigo de la infancia evitar lo que ocurrió?
“La Residencia de Estudiantes había nacido inspirada en el espíritu de la Institución Libre de Enseñanza para convertirse en el ‘primer centro cultural de Madrid’”
También se relacionó Lorca con otro notario, José Luis Díez Pastor, hombre que, como señaló A. Pérez Sanz (8), tuvo una intensa actividad intelectual y cultural. Iba a menudo a la Residencia de Estudiantes, donde hizo amistad duradera con Alberti, Pepín Bello y García Lorca. Desafortunadamente a este compañero, en cierto modo autor de la Ley del Divorcio de la República, el haber aceptado ser nuestro Director General durante la Guerra, le traería duras consecuencias: por Orden de 26 de julio de 1939 se le dio de baja en el escalafón, sin previo expediente ni audiencia. No se le readmitiría hasta 1944.
Lo anterior me recuerda que hubo otro notario vinculado a la Residencia y que también sufriría represalias. Hablamos de Juan Díaz del Moral, eminente agrarista e historiador social, quien fuera diputado de la Agrupación al Servicio de la República. En 1937, el Tribunal de Responsabilidades Políticas franquista le impuso multa de 3.000 pesetas y por Orden de 11 de marzo de 1940 se le trasladó forzosamente desde Chamartín de la Rosa (Madrid), adonde había concursado en 1936 -temeroso de la agitación social de donde ejercía, Bujalance-, a Caravaca, con prohibición de concursar durante cinco años. Pues bien, siendo fedatario de esa plaza notarial cordobesa, medió y consiguió la instalación de una biblioteca popular, a iniciativa de la institución estudiantil, al igual que se hiciera en muchos otros lugares (9).
No dejemos aún a los notarios: en 2016, la celebración con motivo del número 100 de la revista Escritura Pública, tuvo lugar en la propia Residencia de Estudiantes. Un vínculo más entre Notariado y la Resi, que este artículo pretende subrayar.
La Residencia tras la Guerra Civil. El Archivo Histórico Nacional
Pero debemos continuar el itinerario previsto. Llegamos al restaurante; la comida nos recordó vagamente a la del Colegio Mayor; no es crítica, solo constatación; mas el servicio y, a qué negarlo, el precio, los encontramos muy recomendables.
Tras la colación y salvando una breve escalinata en la parte posterior del Transatlántico, accedimos en un plano superior a los inmuebles aledaños, que a partir de 1940, tras la Contienda, se añadieron al conjunto, ordenados alrededor de una gran plaza. Las dependencias de la propia Residencia, entonces progresivamente abandonada, se convirtieron consecutivamente en comedor para oficiales del arma de Aviación franquista, anexo del Instituto Ramiro de Maeztu y Colegio Mayor Ximénez de Cisneros -después llevado al campus de la Complutense- y, a la postre, en residencia de investigadores del recién creado Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), organismo heredero que se hizo cargo desde ese momento.
Así, la Colina de los Chopos pasó a estar ocupada desde entonces, en su parte más elevada, por lo que actualmente es el recinto de ese CSIC. El nuevo inmueble central se proyectó por Miguel Fisac (10). Ese mismo año, 1942, el Ministerio de Educación Nacional decidió construir una Capilla, la del Espíritu Santo. Se hizo sobre el Auditórium existente, encargándose del proyecto el propio Fisac. Junto al auditórium, recordemos, se encontraba el Instituto-Escuela que se transformó en el mencionado Ramiro de Maeztu. Las dependencias del Rectorado del Consejo son en la actualidad la fachada principal del conjunto a la altura del número 115 de la calle Serrano.
En el lado sur de la mentada plaza se halla el Archivo Histórico Nacional, obra de Martínez Chumillas (1944), arquitecto racionalista que perteneció al GATEPAC y que sin embargo levantó una obra historicista.
He ido alguna vez al mencionado Archivo, magno santuario contenedor de mucha de la Historia de España en mayúsculas, con secciones como Clero, Inquisición, Consejos, Estado, etc., que están allí esperando al investigador; ahora ya permiten la obtención de fotografías con aparatos móviles lo que indudablemente ayuda y agiliza. La última vez que fui, en junio de este año, tenían expuesto a la entrada, como pieza del mes, el proceso inquisitorial de Elena de Céspedes de 1587.
“… un especial recuerdo a aquella Colina, donde, con el pensamiento fijo en los mejores ejemplos de nuestra España, quisimos volver a esa tradición crítica y razonable, moderada y tolerante que estima que sólo en una atmósfera de amplia formación puede florecer la dignidad humana…”
Merece la pena detenernos en este personaje, a qué dudarlo muy singular; en el catálogo que se acompañaba y del que adjuntamos foto, se recogía un esbozo de su vida y hechos del tenor siguiente: “Céspedes, Elena, alias Eleno de, natural de Alhama, esclava y después libre, casó con un hombre y tuvo un hijo; desparecido y muerto su marido se vistió de hombre y estuvo en la Guerra de los Moriscos de Granada, se examinó de cirujano y se casó con una mujer”. En la portada del legajo se podía leer: “Hermafrodita”. Solo por sorpresas como esta se justifica la visita a ese sancta sanctorum de nuestro rico patrimonio documental.
Colofón
El 15 de enero de 2007, y con motivo de la celebración del Centenario de la creación de la Junta para la Ampliación de Estudios, fueron inauguradas dos esculturas de Santiago Ramón y Cajal y Severo Ochoa, del artista Víctor Ochoa, situadas tras la puerta de entrada al recinto en la calle Serrano. Precisamente en dicho lugar, y a la vera de tan excelsa compañía, dimos término a nuestra grata jornada, de la que he querido dejar testimonio en estas líneas.
Me gustaría, a modo de coda, recoger las palabras que allá por 1960 escribiera, con motivo del Cincuentenario, el verdadero alma mater de cuanto hoy admiramos, Alberto Jiménez Fraud:
“… un especial recuerdo a aquella Colina, donde, con el pensamiento fijo en los mejores ejemplos de nuestra España, quisimos volver a esa tradición crítica y razonable, moderada y tolerante que estima que sólo en una atmósfera de amplia formación puede florecer la dignidad humana…” (11).
(1) Hijo del notario de Figueras, Salvador Dalí i Cusí.
(2) Fue evocado por otro historiador vinculado a la misma, García de Valdeavellano, de este modo: “… un joven de Medina de Rioseco, discípulo de don Eduardo de Hinojosa, y llamado a ser pronto uno de los maestros de la Historia del Derecho español… y también maestro de quien escribe estas líneas…” (GARCÍA DE VALDEAVELLANO, L., prólogo al libro de JIMENEZ FRAUD, A., La Residencia de Estudiantes. Visita a Maquiavelo, Barcelona, 1972, p. 29).
(3) Quien fuera el motor de la principal empresa minera de mi tierra, la Minero Siderúrgica de Ponferrada, en la que trabajaría mi abuelo. Durante la Guerra, escondió en su propia casa a otro residente, Justino de Azcárate, perseguido a la sazón, lo que pone a las claras la solidaridad entre los antiguos compañeros.
(4) PÉREZ VILLANUEVA Y TOVAR, I., La Residencia de estudiantes, 1910-1936. Grupo Universitario y Residencia de Señoritas, Madrid, 2011, p. 198.
(5) En el momento presente, Centro Superior de Estudios para la Defensa Nacional (CESEDEN).
(6) Tenemos noticia de que al menos una muchacha “de Guadalajara” preparó allí notarías, al amparo de la legislación republicana de 1931 que, desgraciadamente por poco tiempo, facultó el acceso de la mujer (testimonio oral de Conchita Zamacona en CanalUned/La Residencia de Estudiantes, de 28-05-2010).
(7) Esta cita junto con otros muchos datos que aquí se recogen, en SÁENZ DE LA CALZADA, M., La Residencia de Estudiantes. Los residentes, Madrid, 2011.
(8) “Semblanza de PÉREZ SANZ, A.”, EL NOTARIO DEL SIGLO XXI, nº 37, mayo-junio 2011, pp. 228-233.
(9) PÉREZ VILLANUEVA Y TOVAR, I., La Residencia de estudiantes, 1910-1936…, p. 596.
(10) He de confesar que otro edificio del mismo autor, también integrado en el CSIC y no muy alejado, que fuera Centro de Investigaciones Biológicas, del año 1951, es uno de los que más me gustan del Madrid de la posguerra: se distingue por su característica esquina cóncava a la calle Joaquín Costa y a la de Velázquez, completada con una fuente y una original escultura que representa un hombre apoyado como sujetando la pared. Una síntesis perfecta de escultura y arquitectura.
(11) JIMÉNEZ FRAUD, A., La Residencia de Estudiantes…, p. 84.






