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Revista88

ENSXXI Nº 88
NOVIEMBRE - DICIEMBRE 2019

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Por: ROSA PAZ
Periodista
Ha sido subdirectora de La Vanguardia y subdirectora del periódico semanal AHORA

 

Los partidos de la vieja y la nueva política muestran su incapacidad para desenvolverse en un terreno político fragmentado

Vuelta a empezar. Cuartas elecciones generales en cuatro años. Parece una maldición del destino, pero es simplemente la consecuencia de la incapacidad de los líderes políticos para alcanzar acuerdos que permitan desbloquear la investidura de un presidente del Gobierno. Una incompetencia que ha traído a España no solo esta especie de retorno sin fin a la casilla de salida sino problemas más graves como son la inestabilidad política y el hastío de los ciudadanos. Esos son los frutos de la incompetencia de los partidos para administrar unos resultados electorales marcados por la fragmentación que surgió como consecuencia de la irrupción en 2015 de Ciudadanos y Podemos, los dos partidos de la “nueva política”, y que ahí sigue.

Para conseguir un pacto que facilite la elección en el Congreso de los Diputados de un jefe del Ejecutivo existe un amplio abanico de posibilidades, desde un acuerdo solo para la investidura hasta un gobierno de coalición, pasando por alianzas de legislatura o programáticas, así que sobre el papel no parece una tarea tan difícil. Pero la impericia demostrada para lograr alianzas entre fuerzas políticas diferentes, tanto de los viejos como de los nuevos partidos, ha impedido la investidura de Pedro Sánchez y ha desembocado en la cuarta convocatoria de unas elecciones generales en cuatro años.
No es la primera vez que ocurre, sucedió de igual manera en 2016 y por las mismas causas, aunque con distintos protagonistas. En esta ocasión ha sido Sánchez quien no ha encontrado los apoyos necesarios para su investidura y entonces fue el presidente del PP, Mariano Rajoy, quien no los consiguió, aunque Sánchez también lo intentó en aquel momento sin éxito. Pero el resultado es el mismo: caos político e imposibilidad de hacer frente desde el Ejecutivo a situaciones que pueden tener consecuencias importantes para la vida de los españoles.

"Para conseguir un pacto que facilite la elección en el Congreso de los Diputados de un jefe del Ejecutivo existe un amplio abanico de posibilidades, desde un acuerdo solo para la investidura hasta un gobierno de coalición, pasando por alianzas de legislatura o programáticas, así que sobre el papel no parece una tarea tan difícil"

Ahora, después de casi cinco meses de Gobierno en funciones, el Ejecutivo se dispone a estar en la misma situación de interinidad durante al menos otros cuatro meses y, por ende, con la imposibilidad de adoptar decisiones que no sean las de administración ordinaria o las obligadas por situaciones de emergencia como las recientes inundaciones.
Esta es una situación que no parece preocupar excesivamente a los políticos que no han querido, sabido o podido evitarla. Sin embargo en la agenda de las próximas semanas hay acontecimientos importantes como la sentencia del Tribunal Supremo sobre los hechos acaecidos en septiembre y octubre de 2017 en Cataluña, el llamado procés, que se conocerá en el plazo de un mes, y el Brexit, previsto, en principio, para el 31 de octubre. A esas cuestiones se añade el riesgo de recesión económica, que ya asoma en la Unión Europea y que irá aderezada por la guerra comercial entre Estados Unidos y China y una posible crisis del petróleo, entre otras amenazas. Más los problemas propios que urge afrontar como son las necesarias reformas del sistema de pensiones o de la financiación autonómica o la lucha contra el cambio climático, que están paralizadas hasta que el Gobierno no salga de su situación de interinidad.
Aunque muchos analistas atribuyen la impericia de los actuales dirigentes políticos para alcanzar acuerdos a su arrogancia, intransigencia o falta de experiencia, lo cierto es que Rajoy no adolecía de estos defectos y hubo de repetir las elecciones y forzar una dramática abstención del PSOE tras la “segunda vuelta” para conseguir ser investido.
Hay dos elementos nuevos que han venido a alterar la situación política hasta el punto de hacerla casi inabordable: la fragmentación provocada por la aparición de Ciudadanos y Podemos -que se está demostrando de difícil manejo para nuestros políticos-, y la crisis catalana, que enturbia cualquier posibilidad de acuerdo no solo con los tradicionales socios nacionalistas, ahora convertidos al independentismo, sino también entre los cuatro grandes partidos, los dos tradicionales, PP y PSOE, y los dos nuevos, porque entre ellos mantienen grandes diferencias sobre la manera de abordar el conflicto catalán. Estamos ante la aplicación práctica de aquello que dijo el expresidente Felipe González en 2015, aquello de que España se estaba “italianizando, pero sin italianos”. Es decir, sin políticos capaces de manejarse en ese caos.

"No es la primera vez que ocurre, sucedió de igual manera en 2016 y por las mismas causas, aunque con distintos protagonistas. En esta ocasión ha sido Sánchez quien no ha encontrado los apoyos necesarios para su investidura y entonces fue el presidente del PP, Mariano Rajoy, quien no los consiguió, aunque Sánchez también lo intentó en aquel momento sin éxito"

La crisis catalana ha sido uno de los elementos esgrimidos -aunque no el único- por el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, para descartar cualquier pacto con el PSOE, siendo este el partido más votado y Sánchez el único candidato viable a la Presidencia del Gobierno. Las diferentes posiciones sobre Cataluña han sido también aducidas por el líder del PSOE para explicar la dificultad de llegar a un acuerdo con Podemos, aunque si ese pacto se ha presentado como imposible ha sido por la desconfianza imperante entre ambos partidos y porque Pablo Iglesias pensó que tensando hasta el límite la cuerda podría obtener más que la vicepresidencia y los tres ministerios que Sánchez le ofreció en julio y que Podemos rechazó por insuficiente.
El caso es que la fragmentación obliga a pactar para salir del bloqueo y los cuatro partidos se han mostrado hasta ahora incapaces para hacerlo.
De hecho, la decisión de Sánchez de repetir los comicios está asentada en su convencimiento de que el PSOE verá reforzada su posición electoral el 10 de noviembre, mientras que empeorarán los resultados de Podemos -más aún con las listas de Íñigo Errejón en liza- y de Ciudadanos. De este último partido aspiran a nutrirse tanto el PSOE como el PP, que podría mejorar su posición porque recupere igualmente votantes que se le fueron a Vox. De ser así, se reforzarían los dos partidos del viejo bipartidismo, PP y PSOE, y los representantes de la nueva política, que han bloqueado las posibilidades de acuerdo, quedarían debilitados.
No obstante, la aparición del partido de Errejón, que también puede quitarle electores al PSOE, añadirá fragmentación -ya no serán cinco partidos sino seis- y presenta la incógnita de si eso facilitará los pactos o los hará aún más difíciles. De hecho, Errejón es más proclive a pactar con el PSOE, pero si nos fijamos en la experiencia de Mas Madrid en las municipales y autonómicas del pasado mes de mayo veremos que la fragmentación de la izquierda no ha sumado ni en el Ayuntamiento ni en la Comunidad, donde las tres derechas se han hecho con el poder. Un aviso a navegantes.
La mayoría de los sondeos, no obstante, vaticinan unos resultados muy parecidos a los del 28 de abril, aunque sí marcan el reforzamiento de los socialistas y de los populares. Es decir, que si no hay un vuelco porque las derechas sumen y gobiernen y es el PSOE la lista más votada, Sánchez se verá forzado de nuevo a buscar un acuerdo con Iglesias y en peores condiciones porque la campaña electoral se prevé cruenta. Salvo, claro, que piense que el fracaso de Ciudadanos, que anuncian las encuestas, debilite la posición de Rivera y fuerce un cambio de estrategia de ese partido y que acabe por apoyar a los socialistas. O que confíe en una improbable abstención del PP. Todo demasiado abierto, porque como le dijo Casado a Sánchez “las urnas las carga el diablo”.

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