
ENSXXI Nº 125
ENERO - FEBRERO 2026
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La división del trabajo

Periodista
LA PERSPECTIVA
Enrico Letta concluye su libro "Europa. Última oportunidad", diciendo que “ninguna reforma, ningún proyecto innovador, ningún progreso real será comprendido y aceptado por nuestras opiniones públicas, sin la participación activa y la implicación auténtica de los ciudadanos europeos”. También sostiene que el momento de actuar es ahora. Porque nunca como ahora la inercia ha significado de modo tan rotundo decadencia y por esa senda tendríamos que terminar optando por ser una colonia estadounidense o una colonia china. Porque la Unión Europea, o difunde y defiende las libertades y derechos humanos en que se basa, o acabará importando las esclavitudes que repudia; o contagia sus prosperidades propias o importará las miserias ajenas. Letta, aprendiendo de Jacques Delors, enuncia algunos conceptos clave: la prevalencia del “nosotros” sobre el “yo”, el “respeto”, la “tolerancia”, la “voluntad real de entender al otro”, de “escucharle”, de “sacar lo mejor de cada uno”, de “llevar hasta el final la ejecución de las decisiones”.
“La Unión Europea o difunde y defiende las libertades y derechos humanos en que se basa o acabará importando las esclavitudes que repudia”
Cuando se cumple el primer año del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en el transcurso del cual hemos asistido al retablo de las maravillas trumpianas es un momento oportuno para recordar con Julio Cerón -véase su libro "Suelto en el ABC"- que “La ley de la gravedad no es nada en comparación con lo que nos espera”. También para considerar la estrecha relación que guarda el progreso de la humanidad con la división del trabajo, un principio que ha recibido muy diversas aplicaciones como aquellas a las que se refería Peter Landelius, ministro consejero de la embajada de Suecia en España, cuando le explicaba a Pedro Altares cómo en la legación diplomática sueca se cumplía la división del trabajo, de manera que era su jefe, el embajador, quien hacía la división y era él, que oficiaba de ministro consejero, quien hacía el trabajo. El caso es que cuando las sociedades se organizan, las funciones a desempeñar tienden a especializarse y así surgen, por ejemplo, los guerreros a quienes se les encomiendan las tareas de defensa. Y como trae a colación Rafael Sánchez Ferlosio citando a Max Weber la plenitud de la ciudadanía solo se adquiría con la plena capacitación para el uso de las armas.
“La plenitud de la ciudadanía solo se adquiría con la plena capacitación para el uso de las armas”
Averigüemos también que cuando casi todas las tareas se subcontratan, son outsourcing, aparecen aquellas que no pueden subcontratarse, como sucede con las del capítulo de la defensa. Pero tendremos que convenir en que si el modelo europeo de libertades y derechos, de educación, sanidad y pensiones públicas, que en todas partes envidian, merece ser defendido, deberemos advertir que nadie va a asumir esa defensa de lo nuestro por nosotros, ni sin nosotros. Por eso, vale la pena volver a Jenofonte quien en el Anábasis mantiene una insistencia permanente en identificar valentía con victoria y salvación. Sus arengas reiteran ese argumento y asignan a los cobardes la perdición, claro que, para arriesgar la vida en la batalla, es preciso llenar la muerte de sentido. Por eso también se rodea de honores a quienes mueren en combate.
“Para arriesgar la vida en la batalla, es preciso llenar la muerte de sentido”
En cuanto a los comportamientos caprichosos de Donald Trump vienen a confirmar una vez más el cumplimiento de una constante a tenor de la cual se verifica que quienes alcanzan el poder, aspiran siempre a ser obedecidos y, por eso, tienden a enamorarse más de quienes obedecen con mayor disciplina que terminan siendo, muchas veces, los militares que se comportan de manera irreprochable hasta la víspera de sublevarse. De la misma manera que los gobiernos les reiteran su confianza hasta el mismo momento de destituirles del mando. Recordemos sin ir más lejos como en nuestro propio país fue muy de ver que cuando los socialistas de Felipe González ganaron las elecciones en octubre de 1982 enseguida superaron las dudas que les planteaba la Guardia Civil y su naturaleza militar y se enamoraron de la benemérita por su estricta obediencia.
“Los militares que se comportan de manera irreprochable hasta la víspera de sublevarse”
En la Venezuela de Chaves, de Nicolás Maduro y, desde el 3 de enero en adelante, de Delcy Rodríguez, las Fuerzas Armadas no constituyen el último resorte capaz de asegurar el ejercicio de la soberanía nacional, no son la clave decisiva de la Defensa de la ciudadanía. Igual que sucedía con las Fuerzas Armadas a las que Franco había confiado la perennidad de su régimen, en la Venezuela chavista el ejército tampoco es una garantía de liberación para los venezolanos sino una amenaza que permite coartar sus derechos y libertades. También, como aquí, en Venezuela se ha levantado un muro. Aquí fue entre España y la anti España; por eso terminada la guerra no empezó la paz sino la victoria y para la concordia, la reconciliación y la paz hubo que esperar 39 años hasta la Constitución de 1978. En Venezuela hay que desactivar el cainismo entre chavistas y antichavistas. Por eso la tarea más urgente sería la de construir un nuevo orgullo, edificado sobre bases que todos pudieran invocar, que no arrojara necesariamente a los otros compatriotas a las tinieblas de la humillación, que pusiera los cimientos del reencuentro de todos que no incluya desprecio para ninguno.
“La tarea más urgente sería la de construir un nuevo orgullo, edificado sobre bases que todos pudieran invocar”
Pero los caprichos trumpistas toman otra coloración cuando se trata de Groenlandia. Por eso, conviene volver sobre los tratados que nos obligan. Empecemos por cumplir, por ejemplo, el Tratado de Washington cuyo artículo cuarto señala que “Las Partes se consultarán cuando, a juicio de cualquiera de ellas, la integridad territorial, la independencia política o la seguridad de cualquiera de las partes fuese amenazada”. De manera que corresponde al gobierno de Copenhague invocar ese artículo y plantear esas consultas habida cuenta de las amenazas reiteradas, proferidas por nuestro Donald, de apoderarse de Groenlandia por las buenas o por las malas, al considerar por su propia cuenta que así lo demandan los intereses nacionales de los Estados Unidos. Amenazas reforzadas que incluyen la imposición de aranceles a los países que muestren apoyo a Dinamarca en esta cuestión. Además, la Unión Europea debe atender al artículo 42.7 del Tratado de Lisboa a tenor del cual “Si un Estado miembro es objeto de una agresión armada en su territorio, los demás Estados miembros le deberán ayuda y asistencia con todos los medios a su alcance, de conformidad con el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas. Ello se entiende sin perjuicio del carácter específico de la política de Seguridad y Defensa de determinados Estados miembros”. Veremos.






