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FERNANDO LANDECHO
Arquitecto

La posibilidad de una reordenación del mapa municipal español se plantea intermitentemente en los medios de comunicación y con bastante asiduidad en las publicaciones especializadas. En aquellos emerge, normalmente tras alguna propuesta política, para sumergirse en el olvido durante bastante tiempo; bien es cierto que a buena parte de las propuestas políticas que pudieran tener un carácter "regenerador" les ocurre algo similar, quizá porque falte fortaleza en el espíritu reformista o sobre interés en que nada cambie.
Los partidos políticos ante una modificación del mapa municipal mantienen posturas diferentes, incluso dentro de un mismo partido. Llama la atención que en muchas ocasiones sean más proclives a la alteración del mapa , en el sentido de agrupación municipal, los partidos de ámbito regional que los de ámbito nacional, cuyos representantes autonómicos y locales se suelen manifestar defensores de un mapa municipal de diseño fijo.

"La posibilidad de una reordenación del mapa municipal español se plantea intermitentemente en los medios de comunicación y con bastante asiduidad en las publicaciones especializadas"

Cuando se habla de reordenación municipal en España se alude, casi siempre, a la situación de los pequeños municipios y a la posibilidad de que formen agrupaciones, por medio de distintos instrumentos. En ello se va a centrar este artículo, en la posibilidad de alterar el mapa municipal, afectando a los pequeños municipios, para que por fusión o agregación constituyan entidades de mayor población. Para concretar el término "pequeño municipio" tomaremos la cantidad de 5.000 habitantes; límite un tanto arbitrario pero que es el que define la Ley de Bases de Régimen Local como tope del tramo menor en cuanto a los servicios que obligatoriamente debe prestar un municipio, por sí o asociado.

"Hemos tenido, pese a muchas reflexiones teóricas y posturas políticas partidarias de su modificación, un mapa municipal inmovilista"

Mapa municipal español: evolución y comparación con el europeo.
Los fundamentos de nuestro actual mapa municipal proceden de la Constitución de Cádiz de 1812, siendo de 1833 el primer mapa de municipios españoles. Durante el siglo XIX este diseño no sufre grandes alteraciones, como tampoco las habrá a lo largo del pasado siglo. Hemos tenido, pese a muchas reflexiones teóricas y posturas políticas partidarias de su modificación, un mapa municipal inmovilista.
La evolución del número de municipios españoles se refleja de la siguiente manera:

 

Nº DE MUNICIPIOS

DIFERENCIA

1900

9.267

0

1950

9.214

-53

1960

9.202

-12

1970

8.655

-547

1981

8.022

-633

1991

8.077

+55

2001

8.108

+31

2010

8.112

+4

Fuente: VELASCO MURIAS, L.F., La experiencia española en relación con la reforma del mapa municipal en Europa, Tremp, 1993. (Citado en RODRÍGUEZ GONZÁLEZ, Román, Territorio y Gobierno Local en España, un planteamiento de reestructuración por fusión como realidad necesaria, Thomson Cívitas, 2005).

"Los municipios de menos de 5.000 habitantes suponen el 83 % del total mientras que en ellos residen un poco menos de 6 millones de personas, el 12,90 % del  total de población"

Como se puede ver, el cuadro refleja el mantenimiento sustancial del número de municipios, con dos momentos de cierta variación. Los años 1960-1980 en que disminuye en más de 1.100 el número, a partir de un impulso político a las fusiones y agregaciones de los pequeños municipios; y los años 1980-2000, coincidiendo con la entrada de las comunidades autónomas en las competencias para alterar el mapa municipal, en que no solo desaparece ese impulso agregador sino que aumenta en casi 100 el número de municipios; en su mayor parte al deshacerse fusiones o agregaciones realizadas en las décadas inmediatamente anteriores.
La estructura municipal española actual se refleja en el siguiente cuadro:

TRAMOS DE POBLACIÓN

Nº DE MUNICIPIOS

PORCENTAJE

POBLACION TOTAL

PORCENTAJE

Menos de 100 habitantes

1.074

13,24%

64.482

0,14%

Entre 101 y 1.000 habitantes

3.787

46,68%

1.439.869

3,08%

Entre 1.001 y 5.000 habitantes

1.947

24,00%

4.521.569

9,68%

Entre 5.001 y 20.000 habitantes

910

11,22%

8.880.661

18,99%

Entre 20.001 y 50.000 habitantes

249

3,07%

7.312.406

15,64%

Entre 50.001 y 500.000 habitantes

139

1,72%

16.889.303

36,14%

Más de 500.001 habitantes

6

0,07%

7.637.517

16,33%

Totales

8.112

100,00%

46.745.807

100,00%

Fuente: Padrón municipal INE a 1 de enero de 2009

Los municipios de menos de 5.000 habitantes suponen el 83 % del total mientras que en ellos residen un poco menos de 6 millones de personas, el 12,90 % del total de población. La tendencia general, como a lo largo de este siglo y del pasado, de estos municipios es seguir perdiendo población.
Durante la segunda mitad del siglo XX en los países europeos se dio un proceso tendente a reducir el número de municipios.

 

ANTES (aprox. 1950)

DESPUÉS (aprox. 1995)

% VARIACIÓN

Suecia

2.498

278

-89

Dinamarca

1.300

275

-79

Inglaterra

1.244

332

-76

Gales

168

37

-78

Escocia

432

65

-85

Bélgica

2.359

589

-75

Alemania (RFA)

24.371

8.514

-65

Austria

3.879

2.301

-41

Noruega

744

443

-40

Holanda

1.014

647

-36

Italia

7.780

8.100

+4

Francia

38.815

36.793

-5

Portugal

303

305

+0,7

Grecia

5.959 (en 2002)

1.031

-83

España

9.214

8.108

-12

Fuente: BURGUEÑO, Jesús, "El eterno debate sobre la reforma del mapa municipal. El caso de Cataluña", Revista de Geografía, nº 3, 20041, y varias fuentes más.

Una precisa valoración de este proceso exigiría además de comparar lo datos del cuadro conocer, por países, la media de población y de extensión por municipio, asi como los servicios prestados. No obstante sí pueden observarse dos tendencias claras, la de los países del centro y norte de Europa, con fuertes reducciones del número de municipios, y la del sur con tendencia al mantenimiento, con la excepción de Grecia impulsora de una drástica reducción.

"La enorme dificultad de los pequeños ayuntamientos para proporcionar todos estos servicios, es la causa habitual por la que  se ha planteado la reconfiguración del mapa municipal por medio de la reducción de su número"

Servicios prestados por los pequeños municipios
Según la ya citada Ley de Bases de Régimen Local los servicios obligatorios que debe prestar un municipio de menos de 5.000 habitantes . son: alumbrado público, cementerio, recogida de residuos, limpieza viaria, abastecimiento domiciliario de agua potable, alcantarillado, acceso a los núcleos de población, pavimentación de las vías públicas y control de alimentos y bebidas. Para los municipios con mayor número de residentes la Ley va añadiendo otros servicios obligatorios: parque público, biblioteca pública, mercado y tratamiento de residuos; para los municipios ente 5.000 y 20.000 habitantes; protección civil, prestación de servicios sociales, prevención y extinción de incendios e instalaciones deportivas de uso público, en lo municipios de más de 20.000 habitantes; y transporte colectivo urbano de viajeros y protección del medio ambiente para los municipios de más de 50.000 habitantes.

"Un territorio equilibrado, sin desiertos poblacionales, y ocupado por una población con capacidad de desarrollo, no solo es motivo de interés directo para sus residentes sino para el total de la ciudadanía"

En la práctica los servicios demandados por los ciudadanos son superiores a los mínimos a que obliga la Ley. En concreto en los municipios de menos de 5.000 habitantes se piden algunos que son propios de entidades de mayor población. Nos referimos a instalaciones deportivas, servicios culturales, seguridad, enseñanza, asistencia médica, servicios sociales en general, etc. La enorme dificultad de los pequeños ayuntamientos para proporcionar todos estos servicios, es la causa habitual por la que se ha planteado la reconfiguración del mapa municipal por medio de la reducción de su número, concentrando los de menor tamaño o agregándolos a otros de mayor población; o la articulación de diversas fórmulas de cooperación supramunicipal. Se trataría de buscar estructuras administrativas más racionales y eficaces que las que suponen estos pequeños municipios, y que por tanto estuvieran en mejores condiciones de prestar servicios.

"La posibilidad de que los pequeños municipios puedan disponer de ciertos  servicios está directamente ligada al umbral de población capaz de mantenerlos"

El territorio rural de España se corresponde en gran parte con el de la suma de estos pequeños municipios, por lo que en la valoración de su capacidad de gestión debe tenerse muy en cuenta no solo los servicios directos que deben prestar a sus ciudadanos, sino también su cometido en el desarrollo del territorio, como responsables, en parte, de él. La realidad del despoblamiento provoca no solo el descenso de las posibilidades de una vida ciudadana plena para los habitantes que van quedando en el ámbito rural, sino quebrantos económicos como la falta de mantenimiento de las infraestructuras y de los activos vinculados al territorio, y sobre todo problemas medioambientales como el abandono de la agricultura y la ganadería, el aumento de los incendios forestales, etc. Un territorio equilibrado, sin desiertos poblacionales, y ocupado por una población con capacidad de desarrollo, no solo es motivo de interés directo para sus residentes sino para el total de la ciudadanía. Por ello no basta con que los municipios de la España rural sean eficientes, sino que deben contar con la contribución de un conjunto de medidas procedentes de niveles administrativos superiores que pongan los medios para un desarrollo local eficaz e innovador, contando con las nuevas oportunidades que se ofrecen actualmente y que están borrando las rígidas fronteras ciudad-campo, especialmente por medio de la introducción de las tecnologías informáticas. Podemos esperar el desarrollo del trabajo y de la enseñanza a distancia, del turismo rural, de la agricultura ecológica, la creación de espacios protegidos, la protección del patrimonio cultural y artístico, etc.2

"La capacidad de gestión de un municipio ante otros órganos de la administración, y ante entidades privadas, aumenta al pasar a una escala de superior envergadura"

Distintos aspectos a considerar
Un planteamiento de reforma de la estructura municipal debe partir de un análisis del conjunto de las variables que constituyen la problemática municipal. En este artículo se analizan algunas de ellas. Por razón de simplificación vamos a omitir el hecho de que cada aspecto presentado necesitaría mucha mayor concreción según estuviéramos refiriéndonos a cada caso concreto; tanto por lo diferente que es en cuanto a posibilidades de servicios un municipio de 5.000 habitantes de otro de 100, como por las muy diferentes extensiones de territorio, la densidad de población, el nivel de infraestructuras, las comunicaciones entre núcleos habitados, la topografía, etc.

"A los municipios rurales, por su reducida densidad de población, por la dispersión de ésta en el territorio, y por las distancias a recorrer, siempre les será más costosa la construcción y el mantenimiento de las infraestructuras y la prestación de los servicios, frente a los municipios medianos y grandes, más densos"

Un municipio de más envergadura posibilitaría mayor profesionalización y dedicación de los servicios municipales: administrativos, urbanismo, asesores fiscales, agentes de desarrollo, servicios informáticos, etc. En los pequeños municipios es habitual que estos servicios se desempeñen, en el mejor de los casos, a tiempo parcial. La prestación de servicios en una entidad de más capacidad posibilitaría mayor dedicación, incluso exclusiva, redundando en mejor especialización. En defensa de la opción de que estos profesionales siguieran trabajando desde las actuales estructuras de menor tamaño habría que considerar el alto conocimiento de las particularidades del pequeño municipio que permite un servicio prestado a tan pequeña escala, y el acceso directo que a ellos se tiene en un ámbito reducido. Por el contrario a favor del desempeño de los servicios desde estructuras más amplias se debe considerar que las nuevas tecnologías facilitan el contacto a distancia y esos servicios estarían disponibles, aunque más alejados, con unos horarios mucho más amplios; se pierde contacto inmediato pero se gana en continuidad y calidad en el servicio.

"El urbanismo y  la ordenación del territorio no pueden plantearse sobre una  geografía entendida como suma de islas de territorio sin conexión entre sí"

La posibilidad de que los pequeños municipios puedan disponer de ciertos servicios está directamente ligada al umbral de población capaz de mantenerlos. Por ejemplo 5 municipios de 1.000 habitantes no están en condiciones de contar con un servicio de policía, pero quizá uno de 5.000 sí; desde un municipio mayor se puede poner en marcha un servicio de página web común a varios municipios que por separado no se lo podrían permitir. Otros servicios ahora presentes en municipios reducidos, podrían especializarse en cada uno de ellos de manera que se complementaran y su suma ofreciera al conjunto de ciudadanos unas posibilidades mayores de servicio; por ejemplo instalaciones deportivas diferentes en cada pequeño ayuntamiento, o biblioteca en uno y sala de exposiciones en otro

"Las respuestas que se han dado a la insuficiente capacidad de los pequeños municipios para llevar a cabo su labor de servicio a los ciudadanos, se pueden dividir en dos grandes grupos; las que plantean fusiones y las que plantean estructuras de cooperación supramunicipal"

La toma de decisiones en los pequeños municipios, en lo referente a contrataciones, impuestos, urbanismo, inversiones puede estar condicionada por los intereses directos de algunos vecinos en ellas. Cuanto mayor sea el municipio mayor alejamiento tendremos entre contratantes y contratados, aunque de poco sirve crear esta distancia si luego no se ponen en uso en las administraciones prácticas de transparencia en contratación e información.
La capacidad de gestión de un municipio ante otros órganos de la administración, y ante entidades privadas, aumenta al pasar a una escala de superior envergadura, tanto por la ya citada mejora en la dedicación y profesionalidad de los cuerpos auxiliares como por la mayor fuerza política adquirida, por razón de aumento de población y territorio.
Un mayor tamaño municipal supondría mejoras económicas al crearse algunas economías de escala que permitirían ahorro en la compra de materiales, prestación de ciertos servicios, posibilidad de externalizar algunos de éstos, etc. La supresión de cargos políticos también contribuiría al ahorro; aunque se debe considerar que muchos de ellos cuentan con escasa o nula remuneración y que su desaparición supondría que se perderían muchos gestores gratuitos. Es fundamental considerar que a los municipios rurales, por su reducida densidad de población, por la dispersión de ésta en el territorio, y por las distancias a recorrer, siempre les será más costosa la construcción y el mantenimiento de las infraestructuras y la prestación de los servicios, frente a los municipios medianos y grandes, más densos. Si queremos no solo mantener los servicios actuales de los pequeños municipios, sino mejorarlos, en aras de los derechos de los ciudadanos y del cuidado del territorio, haremos bien en exigirles a estos municipios eficacia en las inversiones y en el gasto, pero de poco valdrá si no se acompaña de la suficiente dotación para el desarrollo rural, y sobre todo si de una vez por todas no se dota presupuestariamente a los ayuntamientos de la parte que les corresponde por los servicios que deben prestar, tal y como llevan años demandando (el porcentaje del gasto local en España, es aproximadamente del 13 % del gasto público total frente al 23 % aproximado, para la media de la UE). Por otra parte el ahorro en el gasto de los pequeños municipios debe ir acompañado, para que sea políticamente coherente y tenga más fuerza moral su exigencia, con el que le corresponde hacer a las restantes administraciones, tanto a las locales de mayor tamaño como a las autonómicas y al Estado central; ámbitos en los que la posibilidad de ahorro es mucho mayor que en el espacio rural.

"La reforma de los pequeños municipios para una mejor gestión no puede ser una excepción dentro de la administración, sino que debe integrarse dentro de un planteamiento de aumento de la eficacia en todos los niveles administrativos"

El urbanismo y la ordenación del territorio no pueden plantearse sobre una geografía entendida como suma de islas de territorio sin conexión entre sí. Desafortunadamente en España se está practicando así mucho más de lo deseable, y en ello tiene responsabilidad la excesiva fragmentación del mapa municipal; una parte de la responsabilidad sí, pero no toda, ni mucho menos. Una ordenación del territorio coherente y eficaz debe integrar planes o directrices a diversa escala. A escala europea contamos con distintas estrategias y recomendaciones. A escala nacional la transferencia a las comunidades autónomas de las materias de ordenación del territorio y urbanismo ha imposibilitado en la práctica planes de ámbito nacional, más allá de los sectoriales de muy difícil encaje en muchas ocasiones con los planes autonómicos. En este nivel autonómico, el panorama es muy diverso, con comunidades que han desarrollado planes y directrices en su ámbito, como el País Vasco, Navarra o Cataluña  y otras como Madrid donde la ordenación del territorio por medio de la planificación regional sigue pendiente. Una ordenación supramunicipal evitaría, por ejemplo, duplicidades en la construcción de equipamientos similares infrautilizados en municipios cercanos. El urbanismo municipal será más coherente si el territorio ordenado es más amplio, pero de poco servirá conseguirlo si los siguientes escalones geográficos carecen de ordenación coherente, y sobre todo si la ordenación municipal no está dirigida por una estrategia de ámbito superior que marque directrices3.
El urbanismo, especialmente en su aspecto de planificación, debe realizarse con, y desde, la participación ciudadana. Parece que cuanto más pequeño es el ámbito de consulta mayor es el acceso directo a la participación y más alta la vinculación con las cuestiones a debatir. Así es; sin embargo desde una posición de mejores medios aumentan las posibilidades de ofrecer participación telemática, y las de contar en los equipos de planificadores con expertos en participación capaces de organizar y llevar a cabo estos procesos. La participación necesita voluntad de impulsarla por parte de los poderes públicos, de ejercerla por parte de la ciudadanía, y medios para llevarla a cabo adecuadamente: organización, recogida y proceso de la información transmitida.
En cuanto a la práctica del urbanismo en sí, tanto por los técnicos como por la corporación, una mayor distancia permite más independencia en la toma de decisiones en esta materia, y mayor capacidad técnica y política para enfrentarse, por ejemplo, a procesos de especulación urbanística. La elaboración de los documentos urbanísticos municipales, en especial sus documentos fundamentales: planes generales o normas subsidiarias, es cada vez más compleja y requiere equipos técnicos cualificados y que los ayuntamientos dispongan de medios económicos relativamente importantes, para sufragar los numerosos estudios y gestiones a que esta tramitación exige. Vuelve a ser evidente tanto la mayor facilidad para disponer estos medios desde municipios con más capacidad como que de poco sirven esos medios si las administraciones de escala superior, especialmente las comunidades autónomas, no cooperan en facilitar la tramitación de los planes; con el añadido de que planes municipales incoherentes con la ordenación del territorio que les rodea nacen con parte de sus disposiciones inútiles o incluso con efectos indeseados en municipios limítrofes, por ejemplo centros comerciales que colapsan el viario o los aparcamientos en términos municipales adyacentes.

"La reordenación de los pequeños municipios, reduciendo su  número, sería una pieza más de una reforma hacia una administración más eficiente, y tendría importancia  Dentro de un propósito de  vertebración territorial,  cooperación institucional y puesta en  valor del medio rural"

La razón en contra de la supresión de municipios que se ha esgrimido con más frecuencia, y muy posiblemente la que ha frenado los intentos de reforma en estos últimos años es la de que con ese proceso desaparecería la "identidad" de los municipios suprimidos. El fracaso en llevar a cabo las propuestas del "Informe Roca" de 2001, para Cataluña, en lo que a la supresión de los municipios menores de 250 habitantes se refiere, estuvo en buena parte causado por las apelaciones a la identidad que se hicieron desde los municipios a extinguir. Una propuesta política de reforma no puede olvidar el hecho de que una supuesta pérdida de la identidad local puede hacerla naufragar. Parece necesaria una labor pedagógica desde las instituciones e instancias políticas que propugnaran las reformas, poniendo en valor los aspectos positivos de esta reestructuración, que en suma se concretarían en un mejor servicio a la ciudadanía por parte de su institución de representación local. Se vuelve a insistir en que poca capacidad de convicción se puede tener desde la política si esta reforma no se acompaña de otras de mayor ámbito y que repercutirían directamente (dotación económica de los Ayuntamientos de acuerdo a los servicios prestados, clarificación del marco competencial, programas de desarrollo local, medios para el cuidado del medio ambiente y el respeto al paisaje, etc) o indirectamente (eficacia en el gasto público en todas las administraciones).

Respuestas a la excesiva fragmentación del mapa municipal
Las respuestas que se han dado a la insuficiente capacidad de los pequeños municipios para llevar a cabo su labor de servicio a los ciudadanos, se pueden dividir en dos grandes grupos; las que plantean fusiones, (la agregación sería un caso particular en el que se mantiene un municipio al que se unen otros) y las que plantean estructuras de cooperación supramunicipal, añadidas a los municipios.
Dentro del grupo de las fusiones, tenemos las directas, que suponen la desaparición de los municipios originales sustituidos por otros de nueva creación; y otras opciones intermedias como el "municipio compuesto" o la "fusión selectiva" que supondrían la separación entre municipio y ayuntamiento. Así se mantendrían los municipios originales quedando como entes de representación ciudadana, y un único ayuntamiento, también elegido directamente por los ciudadanos, para los municipios así fusionados, que sería el organismo de gestión. Los defensores de este tipo de soluciones la consideran socialmente más aceptable en los municipios afectados, frente a la fusión directa, dado que mantendría el carácter representativo de los municipios originales4.
Como estructuras supramunicipales más habituales en España tenemos las mancomunidades y las comarcas. Las primeras nacen de la intención de asociación de los municipios, mientras que las segundas pueden llegar impuestas por las comunidades autónomas5.
Las mancomunidades son uniones voluntarias de municipios con la finalidad de prestar servicios y realizar obras públicas. Indiscutiblemente suponen aportaciones positivas en la dirección de integración en la prestación de ciertos servicios, pero presentan claras debilidades. El hecho de ser voluntarias hace que su grado de implantación sea muy irregular, y sus fines no dejan de ser limitados. Suponen la creación de otra estructura de gestión, otro organismo sin que se supriman los anteriores, además de contar con órganos de gobierno no elegidos directamente por la ciudadanía, lo que no deja de suponer un alejamiento entre ciudadanos y gobernantes.
Las comarcas suponen un grado de organización intermedio entre los municipios y las comunidades autónomas; en algunas de ellas ya se han institucionalizado como ente local. Lo dicho anteriormente para las mancomunidades como nuevo organismo que no supone la desaparición de los municipios que lo integran es también válido para las comarcas; por tanto con aspectos positivos al mantenerse la capacidad de representación de los ayuntamientos pero con el lastre del riesgo del aumento de las duplicidades administrativas6.

Algunas conclusiones:
Desde un planteamiento reformista de la administración el objetivo a conseguir para el medio rural, debe ser la mejora de los derechos de sus ciudadanos, por medio de servicios públicos de calidad, el desarrollo local y el cuidado del territorio. Para ello es necesario que los municipios que integran ese medio sean capaces de proporcionar servicios de una manera eficaz. Este logro de la administración local tendría escaso valor práctico si no se acompaña de otras medidas de mayor repercusión: una dotación presupuestaria para los ayuntamientos de acuerdo a los servicios que deben prestar; suficientes inversiones destinadas al desarrollo local rural; una "vertebración territorial", traducida en coordinación y cooperación institucional a todos los niveles de la administración, especialmente en ordenación del territorio y en políticas sectoriales. La reforma de los pequeños municipios para una mejor gestión no puede ser una excepción dentro de la administración, sino que debe integrarse dentro de un planteamiento de aumento de la eficacia en todos los niveles administrativos.
Desde una política coherente se puede impulsar una reforma hacia la fusión de los pequeños municipios, entendiendo que las fórmulas de cooperación supramunicipal no han conseguido resultados suficientemente satisfactorios. Esta reforma debería plantearse con decisión pero contando con la opinión y la voluntad de los ciudadanos directamente implicados, y en ella es fundamental incluir un planteamiento pedagógico sobre sus objetivos y sus medios.
La decisión no implica falta de matización. Por ejemplo a la hora de fijar un mínimo de población para los municipios se debe tener en cuenta no solo el número de habitantes sino también otros por factores como la extensión, la densidad de población, la topografía y sobre todo las distancias y el tiempo invertido en la comunicación entre núcleos.
La pedagogía implicaría explicar las ventajas por la adquisición de servicios, y el ejemplo que desde el conjunto del Estado se daría tanto por una reforma general de la administración como por el alto valor concedido al medio rural, entendido su desarrollo y mantenimiento como una responsabilidad colectiva nacional. La participación de los ciudadanos supondría la elección de los tiempos y los modos para las fusiones; el estudio de alternativas a la fusión directa, como algunas de las que ya se han comentado y que permitirían la permanencia de algunos de los valores asociados a los municipios en sus ámbitos originales, y que podrían favorecer la vinculación, entendida como trabajo y compromiso, de los ciudadanos con su pequeña comunidad.
En suma la reordenación de los pequeños municipios, reduciendo su número, sería una pieza más de una reforma hacia una administración más eficiente, y tendría importancia no por el ahorro económico que podría suponer para el Estado sino porque dentro de un propósito de vertebración territorial, cooperación institucional y puesta en valor del medio rural, redundaría en unos municipios con mayor capacidad de desarrollo y de prestar servicios a sus ciudadanos.

Bibliografía

1 BURGUEÑO, Jesús, "El eterno debate sobre la reforma del mapa municipal. El caso de Cataluña", Revista de Geografía, nº 3, 2004 p. 7-33.
2 Sobre desarrollo local, PRECEDO LEDO, Andrés, Nuevas realidades territoriales para el siglo XXI. Desarrollo local, identidad territorial y ciudad difusa, Madrid, Síntesis, 2005.
3 Sobre cooperación territorial a diferentes niveles ROMERO GONZÁLEZ, Juan, "El gobierno del territorio en España. Balance de iniciativas de coordinación y cooperación territorial", Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles, nº 39, 2005, p. 59-86.
4 Las fusiones selectivas están ampliamente desarrolladas en RODRÍGUEZ GONZÁLEZ, Román, Territorio y Gobierno Local en España, un planteamiento de reestructuración por fusión como realidad necesaria, Madrid, Thomson Cívitas, 2005. RODRÍGUEZ GONZÁLEZ, Román (Dir) Reformar la administración territorial. Municipios eficaces y viables, La Coruña, Netbiblo, 2009.
5 SÁNCHEZ BLANCO, Angel, Organización intermunicipal, Madrid, Iustel, 2006.
6 Sobre las organizaciones supramunicipales, y en especial el funcionamiento de la comarcas en El País Vasco, RUIZ URRESTARAZU, Eugenio y GALDÖS URRUTIA, Rosario, "La comarca como ente local para el desarrollo: el caso del País Vasco", Ciudad y Territorio, nº148 2006.

Abstract

Almost 85% of the 8112 Spanish municipalities have less than 5000 inhabitants, and more than 60% have even less than 1000. It is very difficult for this "little municipalities" with such a low population threshold to satisfy the services their citizens demand. For this reason, several reform attempts aiming for union among the littlest municipalities or their integration within others of a bigger dimension have been posed throughout our municipal History with the intention of reducing their number. Contrary to what happened in most European countries, many of these attempts were not implemented. Examining some of the variables of municipal problematic we can state that, generally speaking, passing from small municipalities to bigger ones would imply a more rational and efficient management. However, this achievement of the local administration would be of little value if it was not accompanied by other measures of bigger repercussion such as council budget resource according to the services they are going to render, enough investments assigned to rural local development and a "territorial articulation" that means institutional coordination and cooperation at all administrative levels.
It is agreed that the State must foster determined policies towards the merge of little municipalities. This would include information programs and participation of the people involved as well as providing citizen's with a decision frame on the timing and modes of the possible merging. However, these policies must always be part of a process of territorial articulation and rural development in which councils should have enough economic resources at their disposal.

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