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RAFAEL MORALES-ARCE
Catedrático de Economía Financiera

Las Bolsas, que son auténticas cajas de resonancia del acontecer social de un determinado entorno, no podían estar ausentes de los acontecimientos económicos que hemos vivido en los últimos meses, y de manera particular, de lo que se espera para el año 2012, con grandes incertidumbres en diferentes órdenes de nuestra vida, que continuarán afectándolas de manera singular.

"El IBEX-35 ha caído en 2011 por encima del 13,11%, no pudiendo recuperar el objetivo que pretendía: el nivel de 9.000 puntos"

En el caso español, tales acontecimientos han pesado sobre las cotizaciones en nuestro principal indicador, el IBEX-35, que finalizaba el año 2011 con un valor de 8.257 puntos, una subida en el día del 0,92%, pero con una caída anual que superaba el 13%, porcentaje similar al que contabilizara el año anterior.
Pero en otros mercados financieros, por ejemplo, el de Deuda Soberana, también se observaron movimientos de preocupación, en especial, en los países europeos. La crisis griega, en principio, y, posteriormente, su extensión a los entornos italiano y español, pesaron sobre el valor de los activos negociados.

Las posibles razones de la caida del IBEX-35
Como decíamos, el IBEX-35 ha caído en 2011 por encima del 13,11%, no pudiendo recuperar el objetivo que pretendía: el nivel de 9.000 puntos. Terminó el 30 de diciembre con una cifra de 8.566,3 puntos, cuando el ejercicio anterior lo había hecho con un nivel de 9.859,1 puntos, casi 1.300 menos.

Esta disminución es la quinta mayor caída desde el año 2000, acumulando dos años consecutivos de recorte, tras la pérdida que ya había anotado en el año 2010. Y aunque hubo algunos valores que crecían por encima de los dos dígitos (Bankinter, Bolsas y Mercados Españoles, Ferrovial, Gas Natural, Grifols, Inditex, Mapfre, y Repsol) hubo otros que los anotaron negativamente (Acerinox, ACS, Amadeus, Endesa, Gamesa, IAG, Indra, Mediaset, OHL, Sacyr y Técnicas Reunidas).
En el caso de los valores más representativos del IBEX, Telefónica, la de mayor ponderación, anotó una caída que superaba el 13%; Santander, superaba el 23%; BBVA, casi el 3%; Iberdrola del 11% y Repsol, sin embargo, lejos de caer experimentaba una subida que alcanzaba casi el 20%.

"Los indicadores europeos siguieron una tendencia similar. El francés CAC-40, el DAX alemán y el FTSE 100 británico terminaron el año con caídas del 17, 6 y 15%, respectivamente"

En el mercado continuo, por su parte, hubo un comportamiento similar, incluso con subidas y caídas porcentualmente superiores a las del IBEX-35, en especial, en el sector inmobiliario, alguna de cuyas firmas superaron el 50% de minusvalía en el año. Otras, por el contrario, obtuvieron importantes revalorizaciones, aunque en porcentajes inferiores, como es el caso de Eads (+34%), Laboratorios Rovi (+9,37%), Unipapel (+31%) y Zardoya Otis, con casi el 11%.

La evolución de los principales indicadores mundiales
Los indicadores europeos siguieron una tendencia similar. El francés CAC-40, el DAX alemán y el FTSE 100 británico terminaron el año con caídas del 17, 6 y 15%, respectivamente. Vemos que en la Europa continental los porcentajes disminuían dos dígitos, mientras que la caída de Londres fue menos significativa, indudable señal del diferente comportamiento de las estrategias financieras aplicadas en cada uno de ellos.

Por su parte, el EUROSTOXX 50, representativo de los mercados europeos caía también más del 17%. Y el LATIBEX, que representa a los activos de Latinoamérica que cotizan en España, lo hacía por encima del 23%.
En los mercados norteamericanos, los de mayor volumen de contratación y actividad, la situación fue diferente. Todos terminaron con una evolución positiva, en especial, del Dow Jones, que crecía casi el 6%; el NASDAQ, que representa a los valores tecnológicos, casi el 3%, y el S&P, el de más amplio alcance de títulos, terminó sin variación en el año. Buena prueba que al gigante USA le afecta, igualmente, la situación de crisis, si bien con menor intensidad que a sus homólogos europeos.
El caso japonés fue, igualmente, más parecido al comportamiento europeo que al norteamericano. El NIKKEI terminaba con una baja que superaba el 17%, representativa de los problemas que la economía japonesa arrastra todavía la crisis económica que se generara hace más de una década.

"En este año tenemos que completar el programa de reformas que se han avanzado cuando concluía el año 2011, en el que se buscará el desarrollo de un modelo económico con rasgos diferentes al que, hasta ahora, teníamos"

Vemos, por tanto, que los problemas de nuestras economías ponen de manifiesto, una vez más, tienen un carácter global, y que las situaciones que afectan a un entorno en particular trascienden, antes o después, al resto del mundo. Cada vez será más difícil que la toma de medidas singular pretenda resolver cuestiones globales que afectan a todos.

Las expectativas para el año 2012
El año 2011, que fue pródigo en grandes y elocuentes frases, pero que acusó la crisis que venía constatándose desde el año 2007, en especial por el deterioro en el crecimiento de la riqueza nacional; la situación del sector inmobiliario; la disminución del volumen de empleo; los desajustes en el sistema financiero; el aumento de las tensiones sociales y, naturalmente, el crecimiento del déficit y la deuda pública acumulada, no podían tener más que efectos negativos para los mercados de valores, efectos que repercutirán, igualmente, en el año 2012.

En este año tenemos que completar el programa de reformas que se han avanzado cuando concluía el año 2011, en el que se buscará el desarrollo de un modelo económico con rasgos diferentes al que, hasta ahora, teníamos: la puesta en marcha de un programa de austeridad, pública y privada; la reforma de las condiciones de trabajo; la racionalización de las Administraciones Públicas y del Estado de Bienestar, sin excluir consideraciones de tipo político, como las reformas electorales y de los órganos parlamentarios y autonómicos de la nación, un conjunto de cuestiones que pueden depararnos algunas tensiones sociales, que no afectan, en general de manera positiva, a los mercados financieros.
Por otra parte, debe concluir la reforma del Sistema Financiero para propiciar el flujo de crédito hacia el empresariado, en especial, la pequeña y mediana empresa, sin lo cual es muy difícil proseguir por una senda de recuperación. Y ello, con el actual nivel de expectativas, no será cuestión baladí.
No hemos de olvidar que la mayor parte de las carteras de renta variable se mueven a impulso de los grandes operadores de los mercados, que, en la práctica, han expulsado a los inversores particulares. Y en un entorno en el que ha habido una masiva entrada de liquidez procedente del Banco Central Europeo, que inyectó en diciembre casi medio billón de euros a las instituciones financieras, que no sabemos si lo dedicarán a fomentar el crédito a particulares o a aplicarlo a compras de Deuda Soberana, hecho que desnaturalizaría el papel de la banca, que si bien obtendría una razonable rentabilidad sin mayor riesgo, pero generaría mayores problemas a las entidades empresariales más modestas. Con un peligro, que tal inyección de recursos podría generar una inflación adicional, con repercusión posterior en el coste del dinero, con efectos negativos para las cotizaciones bursátiles.
En definitiva, un año 2012 que se presenta con un primer semestre con peores expectativas, que, posiblemente, podrían mejorar a partir del mes de julio, aunque ello dependerá del resultado de las medidas de reforma y ajuste que se adopten. En términos de IBEX-35, probablemente podría bajar a niveles de 7.000 en la primera mitad del año. Solamente, en el caso de superar sus actuales niveles de 8.500, sería aconsejable valorar positivamente la entrada en la renta variable. También sería interesante considerar en nuestras carteras la toma de participaciones de Deuda privada, en especial, de los sectores que tienen beneficios recurrentes y sostenibles, así como en la deuda de los países emergentes y/ o la bolsa norteamericana.
En todo caso, la prudencia sería el criterio más aconsejable antes de inclinarse por cualquier toma de participación. Las incertidumbres que aún se mantienen así lo aconsejan. Aún recordamos como a principios de 2011 se mantenía que los indicadores subirían en el año en torno al 20% y la realidad nos ha llevado a una reducción del 13%.

"En el caso español, hemos superado con creces tanto los niveles de déficit público como de Deuda Pública Acumulado que se habían establecido para el ingreso en la zona euro"

El comportamiento de la deuda soberana
La mayoría de los Estados han presentado presupuestos con mayor peso de los niveles de gasto que de ingresos. Y ello, antes o después, hay que pagarlo, como ha ocurrido en la Europa presente.

Los años 2010 y 2011 han sido especialmente significativos en este hecho, en especial en los países que ocupan los lugares 3º y 4º de la jerarquía económica comunitaria: Italia y España, y que podría repercutir también en el 2º, Francia.
En el caso español, hemos superado con creces tanto los niveles de déficit público como de Deuda Pública Acumulado que se habían establecido para el ingreso en la zona euro. El déficit, lejos de estar en el 3%, máximo establecido, puede concluir el año 2011 por encima del 8%, representativo de que el conjunto de las Administraciones Públicas gasta casi 80.000 millones de euros más de lo que ingresan. Y ello no es sostenible a medio plazo. El Gobierno saliente había pronosticado un porcentaje en torno al 6%, pero la realidad ha sido bien distinta.
En el caso de la Deuda, estamos en una situación que ya supera el 60% del PIB, con la perspectiva que pueda aumentar a corto plazo. Y ello genera en los mercados un movimiento negativo, para nosotros, de subidas de tipos con el consiguiente mayor coste financiero y menores disponibilidades de liquidez para afrontar los proyectos de inversión que cualquier economía necesita.
La prima de riesgo española cierra el año 2011 con un valor de 325 puntos porcentuales. Ello significa que cuando salimos a los mercados, mientras que Alemania paga el 1,8% cuando se financia, nosotros tenemos que hacerlo por encima del 5%, casi tres veces más. Y en el año 2011 hemos pasado por situaciones, incluso, menos favorables, como en noviembre, en que teníamos un diferencial de 467 puntos básicos. Esto era insostenible.
Por ello, la situación económica que se avecina debería propiciar la vuelta a un diferencial que no superara el punto porcentual, o si se apura, los 150 puntos básicos. Toda situación por encima de este nivel no haría más que agravar la valoración que las agencias internacionales de rating hacen periódicamente de nuestra Deuda soberana.
En definitiva, si bien el año 2011 ha sido un año negativo para los mercados de valores y de deuda, las primeras expectativas para 2012 no nos inducen a ser optimistas. No hemos de olvidar que estamos ante una crisis profunda en el gobierno de la Unión Europea, que parece querer ser dirigida bajo los planteamientos de una sola nación, a la que si bien no le faltan argumentos para condicionar ciertas decisiones, no se le puede asignar el protagonismo exclusivo de la solución de los problemas que tenemos planteados.
Los problemas entre el Reino Unido y la Unión no tienen un cariz favorable para nuestra consolidación económica, y es probable se agraven tanto por la insolidaridad como por la intransigencia de unos y otros. Confiamos que el año 2012 sirva para hacer reflexionar a las respectivas autoridades en búsqueda de un consenso totalmente imprescindible para superar la situación.
Pero sin olvidar que tendremos problemas que complementan a los de carácter político: la caída en los beneficios empresariales; los problemas de capitalización y de solvencia en las instituciones financieras; la subida de las primas de riesgo en los mercados financieros, especialmente en los países meridionales - en España concluyó el año con 325 puntos básicos, y una rentabilidad del bono a 10 años del 5,04%, frente a otra del 1,83% del equivalente alemán -; unas elevadas volatilidades y movimientos laterales que siempre acaban estimulando la actividad de los inversores con mayor nivel de preparación; los anuncios de bajada en los dividendos, muchos de los cuales habían sido previamente anunciados con mayor generosidad, etc. Todo un cúmulo de noticias que no alimentan, precisamente, la inducción a entrar en los mercados.
Y, finalmente,  pensando en la situación española, el largo camino que queda a las nuevas autoridades para diseñar, proponer y ejecutar las medidas de todo tipo que tiendan a resolver o, al menos, a minorar, alguno de nuestros desajustes. En la media que las propuestas sean razonables; acordes a la situación de nuestros mercados y se implementen con un cierto nivel de consenso social, estaremos en el camino adecuado. Es la hora de los grandes sacrificios, pero con una amplia información y justificación ante el conjunto de los ciudadanos; sin actitudes prepotentes, pero con eficiencia y ejemplaridad, algo que la mayoría de la población agradecerá si, como se espera, tras un período de sacrificios se empieza a ver de verdad una activación de la economía y una participación laboral más acorde a lo que sucede en los países vecinos, con tasas de crecimiento y actividad en el empleo muy superiores a las que nosotros acreditamos.

Abstract

Stock markets, real soundboxes of social occurrences that take place in a certain environment, could not be left out of the economic events we have been through these last months, particularly so in connection with what is to be expected in 2012, due to the great uncertainties in different aspects of our lives that will go on affecting them in particular ways.
In the Spanish case, these events weighed heavily on our main indicator, IBEX-35, which closed 2011 at 8257 points, with daily gains of 0.92% but annual losses exceeding 13%, a percentage similar to the one registered the year before.
We also noticed tense activity in other financial markets like the Sovereign Debt Market, especially in the European countries. The Greek crisis first, and its spread to the Italian and Spanish milieu afterwards, weighed heavily upon the value of traded assets.


 

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