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PEDRO A. ROMERO CANDAU
Notario de Sevilla

Su ingreso en el Notariado tiene lugar con ocasión de las oposiciones de Zaragoza de 1964: el Tribunal ya le estaba esperando porque a Don Pablo Jordán de Urríes no se le habían escapado sus cualidades en la oposición de Granada en la que anteriormente participó. ¡Y Don Pablo, como en tantas otras ocasiones, acertó!... Aunque ha de admitirse que tales aciertos, para quien los padece, solo se reconocen años después y, mientras eso llega, cuesta olvidar.
Su primera notaría fue Berdún (Huesca) y, cualquiera que fuera el frío que allí pasase, incubó sus primeros afectos a la profesión que empezaba. Rafael, entonces como ahora, es persona que en una primera impresión engaña: su carácter arrollador y apasionado oculta su razonar ordenado y sistemático y el metódico análisis que realiza de cuanto se le presenta. Y esa primera impresión no es falsa, porque son cualidades ciertas y a la vista, pero sí es incompleta, pues tanto o más importantes son las segundas.
Tres años estuvo en su primera notaría y, haciendo honor a lo que se acaba de apuntar, me permito señalarles algunas notas de sus primeras “actuaciones”: consiguió poner de acuerdo al Obispo de Jaca y al Ayuntamiento para que distribuyeran el uso del salón parroquial, que el munícipe ansiaba compartir, y la titularidad de la capilla del cementerio. Dirán ustedes que qué sentido tendría la intervención del joven notario en esa “tensión”, pero me sirve a mí para destacar un rasgo del compromiso que ha caracterizado a Rafael como Notario: su implicación social y entrega al servicio público. Tanto que, ya en aquellos años, decidió presentarse a concejal de Berdún y, por ocho votos de diferencia, fue elegido para alegría de los quinientos habitantes de su primera notaría.
Rafael se planteó participar en las Oposiciones restringidas, en las que obtiene plaza de segunda en 1968, para ir destinado a Don Benito; y plaza de 1ª en 1971: Jerez de la Frontera.
Ya en Jerez, no es Rafael un “mosto sobre tabla”, tampoco “vino fino”, es “oloroso viejo”, que no dudan los jerezanos en valorar: colabora con la Escuela Universitaria de Ciencias Empresariales de Jerez como profesor de Derecho Mercantil durante varios años y, en 1976, dicta la lección inaugural del curso académico de la Escuela con el tema “Derecho y Sociedad”. Pero tal vez la prueba más palpable que, ya en Sevilla, Rafael pudiera recibir del reconocimiento obtenido en su periplo jerezano fue su condición de miembro del Consejo de Administración de una importante bodega del marco, lo que, además de un honor, constituyó una rica experiencia práctica de la que con frecuencia el Notario permanece excesivamente distante.
Si Jerez marca ya dos de las líneas más destacadas que traza Rafael en el desempeño de su profesión, -el ejercicio notarial y la docencia-, su llegada a Sevilla en 1978, intensifica su dedicación a la investigación jurídica y al Notariado como corporación.
En Sevilla, y de forma ininterrumpida hasta 1996, es profesor universitario de Derecho Civil de la Facultad Hispalense de Derecho, Presidente de la Academia Sevillana del Notariado, Miembro de número de la Real Academia Sevillana de Legislación y Jurisprudencia y, ya jubilado pero no por ello menos activo, Director de la Sección de Preparación de Oposiciones de la Academia Sevillana del Notariado.
En cuanto a sus investigaciones, no es casualidad que desde hace treinta años haya sido pionero en los temas jurídicos de avanzada de cada momento: si en 1981 publicó en la RDN sobre las razones para la regulación de los grupos de sociedades, en 1984 lo hace sobre fundaciones culturales andaluzas, en 1992 sobre el procedimiento extrajudicial de ejecución hipotecaria, en 1995 sobre algunas cuestiones en materia de sociedades de responsabilidad limitada, en 2002 sobre el aprovechamiento por turno de bienes inmuebles y ya desde 1997, después de su importante libro sobre “El Notario y la protección del discapacitado”, y de forma muy completa, se centra en los discapacitados, patrimonios protegidos y disposiciones sucesorias de los mismos.

"Rafael un 'mosto sobre tabla', tampoco 'vino fino', es 'oloroso viejo'"

A partir de este momento su colaboración con las asociaciones e instituciones de promoción y ayuda al discapacitado se convierte en permanente y su presencia en toda clase de ponencias, conferencias y congresos sobre estas materias se hace ya imprescindible.
Dice mucho de aquel Notario apasionado y arrollador, su entrega en la madurez de su carrera a esta materia y a estos grupos y, como antes he referido, confirma, también en su trayectoria vital, que si la primera impresión arrolla, la segunda es la que pone de manifiesto la calidad y hondura de la persona: ¡Tenía usted razón, Don Pablo!
Entre sus publicaciones merecen especial referencia su trabajo sobre la opción de compra y, en 1997, su discurso acerca de “La imposible defensa del honor en la publicación mediática de los procesos penales”, que marca criterios de actuación traducidos después en la jurisprudencia sobre la materia.
Muchos de los temas que estudia y expone, por la fecha y el momento en que lo hace, son reveladores no solo de su profundidad sino también de su participación o consejo previo en las bambalinas de las normas o con ocasión de su preceptivo informe por los órganos del notariado.
Desde 1981 a 1986 Rafael es Decano del Ilustre Colegio de Sevilla. También forma parte del Consejo General del Notariado con el que colabora con plenitud, lealtad y desinterés. A los temas de carácter general para el Notariado, que desde el Consejo General atendió, han de añadirse la entonces creciente importancia de las Comunidades Autónomas, entre ellas entonces la de la andaluza, en la que fue siempre un excelente embajador y un reconocido exponente de la función propia del Notario.
En 1985 preside el Tribunal de Oposiciones a Notarías de Sevilla en el que participó, entre otros, el que esto escribe y que fue testigo –no diría yo que víctima- de su interés y presencia continua en todas las actuaciones de los opositores, así como en su atención a posteriori tanto para los aprobados como para los no aprobados.
Si la condición de concejal del Ayuntamiento de Berdún hubiera podido quedar en una anécdota, ya no lo es tanto si se conecta con algunos hitos más que han ido marcando su devenir vital. Así, en Jerez de la Frontera, coincidiendo con los inicios de la vida democrática, hace sus pinitos en la vida política de la mano de Areilza y de Pío Cabanillas, para retirarse después oportunamente y cuando ya podía hablarse de “normalización”. En los últimos años de su vida profesional ha sido el Presidente del Patronato que ha dado lugar a la constitución y reconocimiento de la Universidad privada Fernando III, ya funcionando en la ciudad.
Pero he querido dejar para el final de esta exposición el ejercicio profesional de Notario que Rafael ha desempeñado durante más de cuarenta años: He tenido la suerte de ser no sólo opositor en el Tribunal que él presidía, también he vivido en la ciudad en la que durante mayor tiempo ha ejercido como Notario y, después de serlo yo también, he pertenecido al mismo Colegio y, durante cerca de una década, hemos compartido la misma plaza. Ahora, ya él jubilado, colabora intensamente en las tareas del Colegio, en la formación de opositores y en muchas de las vertientes que antes he aludido y en las que igualmente coincidimos.
En todos estos años el criterio de Rafael, con ocasión de cualquier cuestión jurídica que pudiera plantearse, ha sido de peso, casi siempre decisivo. En los problemas prácticos, ha estado aportando soluciones e ideas ajustadas a cada caso. Disponible para el público, pero también para los compañeros.
Persona a la que poder recurrir para cualquier consulta, sustitución, consejo u orientación. Es que ha sido Notario: siempre en el despacho o donde tuviera que estar, sin horas ni límites, dispuesto y apasionado defensor de sus ideas.
Por ello Rafael ha sido, y es, en Sevilla sinónimo de Notario y de Jurista, sin que una u otra condición prevalezca sobre la otra, porque, por encima de ello es persona íntegra y de criterio. Es de este modo un modelo de lo que ha de ser un Notario y así se le reconoce no solo a nivel corporativo sino en el ámbito de esta sociedad sevillana en la que con tanto acierto ha ejercido su labor.
En seminarios, ámbitos universitarios, foros judiciales gusta escuchar, no solo oír, las exposiciones de Rafael, las soluciones que propone y su ardorosa defensa de las mismas. Aunque sea contra la legítima, cuestión en la que no logro coincidir con él.
Por todo lo anterior, no debe extrañar que con ocasión de su jubilación haya recibido Rafael múltiples reconocimientos y honores que quizás, como estas letras, puedan quedarse cortos. Y es que, por encima de cualquiera otra cosa, la grandeza de Rafael es que se ha convertido en un modelo como Notario y hombre de bien.
Rafael Leña ha hecho grande al Notariado, mientras crecía en él, en una permanente vocación de servicio público -que es la traducción de su cometido vital- no solo en su profesión de Notario sino en todas las actividades que ha desarrollado.
Servicio público, imparcialidad e implicación social, son una de las posibles líneas a seguir en quien quiere ser, como Notario y como persona, un modelo a seguir: es el camino que Rafael Leña ha llevado y muchos de nosotros, no podemos evitar, a la vista de él, dejar entrever nuestras preferencias.

 

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