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MARIO MICCOLI
Notario de Livorno (Italia) y Secretario General de la Unión Internacional del Notariado
EMANUELE CALÒ
Jurista

A propósito del último informe del Banco Mundial

Entre los proyectos importantes a los que está llamado el notariado,  estimo que hay que destacar el Legal Empowerment of the Poor. ¿Puede ser que se trate de una utopía?  Es muy probable. Es más, sería  extraño creer que se trate de circunstancias y objetivos que puedan conseguirse, lisa y llanamente, solo con el empleo de tiempo y energía, de mayor o menor extensión e intensidad.
Dicho lo cual, habría que añadir que los hombres vivimos de sueños y que solo los visionarios que actúan como si los objetivos más inalcanzables  estuviesen a su alcance, llegan a insertarse en la estela del progreso.
El Legal Empowerment of the Poor es  un proyecto que se propone aunar  la posesión material de la tierra con el derecho formal sobre ella: no se trata de insertar a los pobres en un circuito burgués sino, lisa y llanamente, se trata de introducir a las clases más modestas en la sociedad civil, eliminando su marginalización. Dotándolas por ello de los mismos derechos que los demás, del derecho a pedir préstamos, de garantizarlos con hipotecas, de manejar dinero, de liberarlos de la necesidad de custodiar sus posesiones con el temor de que alguno, aún mas desheredado que él,  faltando el título formal, las ocupe; se trata, en suma,  de sustraerlos a la proletarización  haciéndolos iguales a los demás, es decir, iguales a nosotros.
Claro es que, para algunos,  la idea de eliminar fricciones sociales resulta molesta porque implica poner en tela de juicio e, incluso alterar los equilibrios sociales que los más afortunados temen puedan ser turbados. Sabemos que, a fin de cuentas, toda extensión de la base económica productiva conlleva un incremento de riqueza que beneficia no solo a los pobres; pero, digámoslo con cruda sinceridad,  la idea de igualdad es muy popular solo cuando es teórica y utópica.
En realidad, si hay algo que es realmente utópico es la ilusión de poder dejar las cosas como están ahora. Las masas de desheredados en el tercer mundo aumentan y con ellos aumentan las presiones migratorias. Thomas Malthus es una reliquia histórica criticada, pero eso no quita que los números que arrojan las estadísticas nos digan que el incremento  incontrolado  de la población es debido sobre todo a la pobreza.
Estando así  las cosas, las alternativas son escasas. En realidad se reducen sobre todo a las siguientes: optar por un control totalitario que realice nuevos experimentos de ingeniería social o ampliar los márgenes de la democracia, consintiendo el acceso de los desheredados a los recursos  formales y sustanciales que la sociedad ofrece  corrientemente solo a los más afortunados.
Dado que la experiencia del Novecientos ha demostrado a qué catástrofes lleva la primera alternativa, no resta sino la segunda, el Legal Empowerment of the Poor, o sea,  atribuir derechos (de propiedad) a los pobres, para que puedan ser dueños de su propia vida.

"El Legal Empowerment of the Poor es un proyecto que se propone aunar la posesión material de la tierra con el derecho formal sobre ella"

Se trata de una tarea que corresponde a  un antiguo "oficio", el del Notario. Hay  demasiados  candidatos al rol de salvadores para que en estas líneas el autor quiera presentar al notario como salvador de algo. Me interesa subrayar que incluso un modesto jurista, encargado de labrar escrituras, puede prestar un servicio relevante a la sociedad. Sobre todo, ha sido dicho, feliz aquella sociedad que no necesita héroes; y no de héroes hay necesidad, sino de la oscura y honesta  labor cotidiana de aquellos que en su respectivo compromiso en el seno de la sociedad pueden aportar su pequeña contribución a la construcción de una sociedad más justa.
Si Rodrigo de Escobedo no hubiese redactado el acta de toma de posesión de América (rectius: de las Indias) de parte de Cristóbal Colón, posiblemente nada hubiese cambiado.  En el caso que nuestro Rodrigo de Escobedo hubiese enfermado durante la travesía y  el mareo le hubiese impedido tener la mano suficientemente firme para poder empuñar su pluma y consignar en actas  los hechos fundamentales del doce de octubre de 1492, hay que admitir que  las Indias hubiesen sido igualmente españolas  y la historia no habría  alterado su curso.

"Si los pobres del tercer mundo tuvieran acceso material y asimismo formal a las tierras en que viven y laboran, todo cambiaría"

Lo cual no quita que sin la obra oscura y poco conocida (hecha excepción del hermoso estudio encargado por la Junta de Decanos del Notariado español)  de los notarios, que se dedicaban con maestría y equilibrio a ejercer su arte,  la fundación de las ciudades,  la parcelación de los terrenos y  la atribución consiguiente de títulos de propiedad en el Nuevo Mundo,  habría supuesto un empeño y un esfuerzo a la Corona española difícilmente imaginable para la época a la distancia de la "madre patria" y la palabra progreso se habría escrito  con mayor dificultad.
Por lo que nos concierne, si  los pobres del Tercer Mundo tuviesen acceso material y asimismo formal a las tierras en que viven y trabajan, y esto en sustancia sería comparable a una nueva conquista,  todo cambiaría. El odio cerval que puede guardar el desheredado, el hambre y la miseria que generan y exaltan todo fanatismo, la carencia de todo que lleva a perder el control de si mismos y de la natalidad, la marginalización  que humilla la dignidad humana: si cambiase todo ello, aunque fuera en parte, eso sí  sería revolucionario y eso  sí alteraría el curso de la historia.
Decía  Engels que la historia es más astuta que los hombres.  Lo escribo y lo digo porque me doy cuenta que a todos debiera parecer  paradójico que una revolución pudiera ser  impulsada por la  Banca Mundial y realizada  por los Notarios (paradójico, claro, pero ciertamente no sangriento, no doloroso, no conflictivo).
¿Debemos avergonzarnos si proponemos una revolución que no deje muertos y heridos, huérfanos y viudas por doquier? . Bien, habría que saber aprender de las revoluciones. Sin que nos hayamos dado cuenta, hemos atravesado un sinnúmero de revoluciones, desde el microchip al teléfono móvil, desde el ordenador hasta Internet, y sin embargo nuestro mundo sigue siendo un lugar poco hospitalario.

"Decía Engels que la historia es más astuta que los hombres. Debería parecer paradójico que una revolución pudiera ser impulsada por la Banca Mundial y actuada por los notarios"

Es que nos hemos olvidado del derecho, la primera herramienta que hallamos en la Biblia, que nos escudriña desde los Diez Mandamientos, pasando por las Doce Tablas, hasta nuestros días. Es el derecho el que nos dice que la justicia es el primer deber hacia el prójimo. Nosotros, los notarios, fieles seguidores de la justicia, sus epígonos  y estudiosos, queremos hoy ofrecer el derecho a todos, pero ante todo a los desheredados.
Reflexionando, probablemente nos daréis razón:  la única verdadera utopía de nuestro tiempo es la de pensar que se pueda dejar todo como está.
La modesta obra de elaborar títulos que atribuyan a los pobres el derecho de propiedad y de crear registros que la publiquen, es trascendental en una sociedad que usa eufemismos y que tanto se avergüenza de recurrir a la palabra "pobre".  ¿Se trata de un reto demasiado grande para nuestras fuerzas? Por ahora, lo que importa es aceptarlo.

 

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