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Una entrevista de Luis Lledó González, Notario de Sevilla, y de Celia Lledó Burdiel, estudiante de Ciencias de la Comunicación

¿Cuál es la característica más sobresaliente del Notariado Español?

La que encuentro más sobresaliente, derivada de su propia estructura, es la capacidad de respuesta a la diversidad social, jurídica y económica existente en España y a los acelerados cambios históricos y técnicos que han sobrevenido. Para ser muy concreto y no perderme en abstracciones apelo a mi vida activa (1957-2000). Durante ella he ejercido en diferentes sociedades, alguna con derecho propio: rurales (Galicia, Norte de Castilla y la Rioja), estrictamente industrial (Hospitalet de Llobregat) e industrial, financiera y de servicios (Madrid). Para calibrar los cambios, sirva de ejemplo que cuando la inicié había que redactar a mano las matrices de las escrituras y que aún tardaría en publicarse la primera ley de Propiedad Horizontal. El teléfono y los automóviles privados eran un lujo y no existían ni se tenía sospecha de que pudieran existir algún día  copiadoras, faxes, móviles, ordenadores e Internet.

¿Piensas que tal capacidad dimana de la estructura de la institución?

No me cabe duda. El Notario latino, creado por la sociedad y asumido y regulado por el Estado, es una criatura mestiza. No es hija de ningún principio abstracto, sino de las necesidades de certeza y seguridad de las relaciones jurídicas privadas, y une en su estructura la maleabilidad de la actividad profesional y la garantía de la eficacia pública.

¿Cómo ves su proyección futura?

Gravitan sobre la institución dos peligros. Desde la vertiente pública, el que representa el progresivo aumento de la actividad funcionarial del Notario, ajena a la redacción y autorización de documentos, si llega hasta un punto en que, entrando en zonas que por su privacidad exigen secreto absoluto, desnaturalice su función y le haga perder la confianza de los ciudadanos. En las sociedades avanzadas, como la nuestra, el Estado es la garantía suprema de la libertad y de la seguridad de las personas y su lucha contra  el crimen organizado, las mafias, el blanqueo de capitales y el fraude fiscal es no sólo indispensable, sino que hay que aplaudirla y es un deber colaborar con ella. Pero hay que meditar y precisar lo que el Notario, dentro de sus atribuciones, puede o no puede hacer al respecto. Desde la vertiente privada, el peligro está en la masificación de los contratos. El Notario nunca debe olvidar que el caso concreto es el ámbito propio del derecho privado. A este respecto, conviene observar el funcionamiento de la Bolsa de Valores y recordar la supresión del cuerpo de Agentes de Cambio y Bolsa. Espero y confío que la demostrada inteligencia práctica de los Notarios sepa conjurarlos.

¿Cómo debe desempeñar el Notario su función?

Al Notario se le supone preparado, activo, prudente e imparcial, y la realidad lo atestigua. Hay que añadir el convencimiento de que, lejos de cualquier tentación patrimonial, ejerce atribuciones vicarias al servicio de los ciudadanos. Suscitar confianza, ser afable y hasta sentir empatía siempre es deseable. La esencia de su actuación consiste en aplicar a la situación de hecho la institución jurídica más adecuada para conseguir el fin lícito pretendido. Su correlato es negarse a actuar cuando alguien, mediante algún desvío o alteración, pretenda obtener un beneficio tanto abiertamente ilícito como dudoso.        

"No creo que el nuevo panorama estatutario de las Comunidades que se presagia en España, con imprevisibles y desmesuradas competencias legislativas, llegue a ser tal, que las nuevas competencias normativas, subrepticiamente desvirtuen nuestra esencia y función"

¿Qué opinas de las oposiciones como sistema para nombrar Notarios?

Comparemos factores negativos y positivos. Se tacha al sistema de duro y memorístico, pero se reconoce que premia el mérito, la capacidad y el esfuerzo, iguala oportunidades e impide favoritismos y discriminaciones. Yo añado dos razonamientos que contrarrestan las tachas. Una buena práctica notarial exige sólida formación teórica, y para quien posé ésta ultima, la práctica se adquiere en poco tiempo. Superar el esfuerzo de la oposición supone aprobar un "test" sobre el control, la responsabilidad y la disposición para el trabajo. Aunque no sea óptimo, la oposición es el menos malo de los sistemas posibles. No obstante, la concreta regulación actual origina algunas consecuencias gravosas.

¿Puedes pormenorizar tales consecuencias?

Si, se derivan de la existencia de dos ejercicios orales. En 1982, por decisión política y con el propósito de reducir el esfuerzo de los opositores, el ejercicio oral se dividió en dos. Los indeseados efectos que ha producido esta decisión autorizan a considerarla errónea. Induce a los opositores a presentarse cuando sólo tienen preparado el primer ejercicio y a concurrir al segundo sin completar la preparación, lo que da lugar a que aumente su número y se dilate la oposición. Se llega hasta firmar la solicitud antes de haber iniciado la preparación. Esto determina que se distancie una oposición de otra, que haya múltiples fracasos y que el tiempo dedicado a ser opositor sea muy largo. Tales efectos se potenciaron, por idénticas razones, con la reserva de nota del primer ejercicio.

¿Piensas que hay que volver al antiguo sistema de ejercicio oral único?

Lo veo inviable porque en nuestra sociedad, una vez concedido un beneficio, ya sea real o presunto, es difícil, por no decir imposible, revocarlo. No obstante puede haber remedio si se distingue entre el esfuerzo para dominar el programa y el que implica el ejercicio oral. El primero, que está en función del nivel de conocimientos requerido para ejercer la profesión y para quedar dentro del número de plazas, es una exigencia del carácter competitivo de la oposición y está fuera de cualquier regulación normativa. El único que se puede suavizar es el segundo, pero hay que hacerlo de tal modo que no dilate el tiempo de la oposición ni que origine las negativas consecuencias que he apuntado.

¿Existe alguna manera de mantener los dos ejercicios orales sin que se produzcan tales consecuencias negativas?

La cuestión se debe someter a debate. Yo hice una propuesta que partía de dos premisas. Conseguir que el opositor tenga dominado todo el programa al presentarse al primer ejercicio y reducir el tiempo de la oposición. La idea sustancial es muy simple. Existencia de dos tribunales, uno para cada ejercicio oral, con actuación casi simultánea. El que calificase el segundo empezaría su actuación cuarenta días después de que hubiese comenzado el primero. Los cuarenta días es el tiempo que el opositor aprobado en el primer ejercicio necesita para dar uno o dos repasos al programa. Para juzgar los ejercicios prácticos, el tribunal estaría compuesto por miembros prefijados de los dos que hubieran juzgado los orales. Es presumible que con ello se lograría reducir el tiempo que consume la oposición y que se presentarían menos opositores no preparados.

"Ante la posibilidad o necesidad de 'notarios internacionales' capacitados para concebir, redactar y autorizas 'de origen' y en el país 'de destino' tendría que crearse un sistema 'de habilitación' para obtener la precisa auctoritas profesional"

¿Qué ocurrió con la propuesta?

La hice en mi etapa de Director General de los Registros y del Notariado, pero no se tuvo en cuenta por la instancia ministerial a la que correspondía decidir y no fue discutida ni adecuadamente informada.  

¿Qué te motivó a escoger la profesión de Notario?

No se debe tener una idea trascendente de la elección de carrera. Hay que descartar la palabra vocación, que sólo tiene sentido en el ámbito religioso. Las profesiones son medios de ganarse la vida y su elección depende de las aptitudes e inclinaciones personales, del medio social al que se pertenece, del brillo de las carreras, de la emulación y del descarte. Mis facultades se avienen con las disciplinas humanísticas y mi inclinación me lleva a intentar comprender la realidad. Ser Notario satisfacía mis pretensiones vitales y no excluía la cultura.       

¿Pero por qué esta profesión y no otra?

Porque se inserta en múltiples estratos de la realidad y su ejercicio se lleva a cabo, dentro del límite de la ley, con absoluta autonomía y responsabilidad por no regir en ella el principio de jerarquía ni el de subordinación.

¿Qué diferencias has encontrado en las notarias que has servido?

En las rurales, la relación con los clientes fue intensa e inmediata y me exigió mucho trabajo material. En las tres que serví, redacté personalmente, a mano o a máquina, todas las escrituras. Mis auxiliares eran copistas. En las grandes ciudades, salvo disminuir el trabajo material, la actuación profesional siguió igual de intensa, pero la inmediación con los clientes se atenuó porque muchos de ellos venían representados o asesorados por otros profesionales.

¿Estás satisfecho con tu vida notarial?

Lo estoy. La profesión exige gran dedicación y la responsabilidad es continua. A cambio, he obtenido, además de la satisfacción de ganarme la vida con una actividad útil a la sociedad, el afecto general en los tres lugares pequeños y el reconocimiento limitado que se puede obtener en las grandes ciudades.

¿Te ha dejado algún rastro el grave accidente que sufriste como miembro del tribunal de la oposición de 1985 en Madrid?

En la dilatada vida del Notariado español el tiroteo que sufrió el tribunal es, más que insólito, un hecho único. Fue un trance muy duro, pero no está presente de modo habitual en mi memoria. Sólo, de manera retrospectiva, me inquieta el dolor y la angustia que durante meses padeció mi familia, en especial mi mujer, María Luisa, pero yo estoy sicológicamente indemne. En un poema que escribí sobre el suceso hay un verso que dice: "el dolor sólo existió mientras dolía".

¿Cómo fue tu paso por la Dirección General?

Además de un deber inexcusable, me dio la oportunidad de conocer, desde dentro, la Administración General del Estado y el trabajo de funcionarios y políticos. Mi valoración de los funcionarios es muy alta, con un reconocimiento especial para las dos subdirectoras que tuve y para las dos secretarias. También resalto la generosidad de un pequeño grupo de Notarios y de Registradores de la Propiedad que, de forma gratuita, suplían al añorado cuerpo de Letrados de la Dirección. Hubo satisfacciones y decepciones y una lucha continua para mantener intactas las funciones notarial y registral, y para repeler los ataques que, sobre todo a la notarial, no cesaron. Tuve la satisfacción de estar encargado del seguimiento interministerial previo y del parlamentario de algunos proyectos de ley, como el de Sociedades Limitadas y el de Subrogación y Modificación de Prestamos, así como la de dirigir, entre otros, el proyecto del Reglamento del Registro Mercantil y el de relaciones entre notarías y registros. Me congratulo de haber contribuido a que la formula que habían aprobado en una consulta interna los Registradores de la Propiedad sobre su Mutualidad, que se regía por una Orden, fuese aprobada por el Ministro, en contraposición con la decepción que sufrí por no encontrar el medio de que se aprobase o, al menos, se tramitase en forma la propuesta, adaptada a la legislación vigente, de un nuevo Estatuto de la Mutualidad Notarial. Que un grupo de compañeros, prevaliéndose de relaciones privilegiadas, sabotease mi actuación en puntos de interés para el Notariado, no es decepcionante, hay que cargarlo en la triste cuenta de la miseria humana.

¿Qué ocurrió con tu notaría de Madrid mientras fuiste Director General?

Fue sencillo, cumplí la Ley de Incompatibilidades de Altos Cargos. Estuve en situación de excedencia especial, la notaría la desempeñó, como sustituto, un compañero legalmente nombrado, quien se hizo cargo de la totalidad de los gastos y de los beneficios, y me incorporé a ella cuando cesé como director.

¿Qué opinas de la situación en que se encuentra la Mutualidad Notarial?

Proviene de un error de bulto y no ha habido, por quien debía, generosidad para rectificar. No sabemos qué pudo ocurrir para que instituciones relevantes se olvidaran de que la transmisión de un patrimonio de una persona a otra requiere una causa. Restaurado el orden por el Consejo de Estado, parece como si ningún responsable se hubiese parado a pensar en la nueva situación. En el primer peldaño de la filosofía se enseña que hay que distinguir entre la verdadera realidad de una cosa y aquello que tiene que ver con ella pero no forma parte de su concreta realidad. Aquí no se ha tenido en cuenta el expresado matiz. La inclusión de los Notarios en la Seguridad Social ha cambiado radicalmente la realidad de la Mutualidad. Sólo queda el patrimonio resultante, su prefijada finalidad y sus concretos y conocidos destinatarios. Celebraría que las altas instancias del Notariado meditasen sobre ello. Debería haber tiempo para remover los obstáculos antes de que sigan muriendo más compañeros y de que quien corte el nudo de la inacción sea la justicia.

 

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